El bebé demonio mastica la pelvis

de un artista improvisado mientras 

un torrente de serpientes se retuerce

en busca de un gestor de fondos de alto riesgo.

Tyson Yunkaporta

Después de la energía cuántica aplicada en tecnologías cibernéticas, la realidad del mundo y la realidad humana se interrelacionarán integralmente, desbordante de sentidos y de relaciones posibles, a una velocidad cada vez más impredecible y, por esto mismo, más indefinible en sus formas conceptuales. En contraparte, los binarismos en función dialéctica irán paulatinamente desdibujándose como rutas posibles de comprensión y de exposición discursiva. Afirmo esto último, tomando en consideración la siguiente idea deontológica en el campo del lenguaje que nos ofrece Tyson Yunkaporta en Relato correcto, relato incorrecto (2025): “la vida misma debe consistir en conocimiento sin definiciones, en procesos del ser en relación reflexiva y del significar en cambio constante”.

Al nombrar este texto con el título de “Relatos cuánticos”, no lo hago con afanes de cientificidad ni, mucho menos, con intenciones aleccionadoras; lo hago con la idea de perfilar una situación social y cultural posible, donde los relatos no conllevarán necesariamente la supersticiosa creencia en el valor de lo absoluto y de lo inamovible; sino, por el contrario, serán relatos dinamizados en correspondencia con la percepción y la observación plural y diversa, alejada de posiciones y de posicionamientos dogmáticos y ortodoxos. 

Las diversas maneras de interactuar discursivamente en la realidad del campo social y cultural, se hará con lenguajes cuyos relatos estarán distribuyéndose de forma simultánea gracias a la poderosa existencia de las escrituras digitales –y en un no muy lejano futuro, en lenguajes de configuración cuántica–, vía por la cual los discursos habrán de convertirse en fuerzas de comprensión heterogénea y centrífuga. Al respecto, nos dice Tyson Yunkaporta en su libro antes referido:

«El relato es una tecnología psicológica que puede ser más creativa que una explosión cámbrica, o más destructiva que una explosión nuclear. No obstante, el relato que mantiene la continuidad de la creación requiere mucho más trabajo y se desarrolla a lo largo del tiempo partiendo de miles de conjuntos de datos retenidos en las relaciones. Podría describirse mejor diciendo que es una tecnología social. Nunca procede de un autor individual».

Al paso que vamos, ya no serán miles de conjuntos de datos retenidos, sino millones de conjuntos, los cuales serán retenidos e impulsados con energías cuánticas, generadas mediante computadoras cuánticas, al grado que las inteligencias humanas habrán de ejercitarse en niveles mucho más amplios que las mentes educadas con formas mecánicas de operación constante. Será otra la composición de memoria que requerirá la mente de activación cuántica. En ella será preciso dejar de contener por mucho tiempo la energía, la información y la materia o, de lo contrario, reventará la memoria en desórdenes insospechados. Los códigos serán fluir, fluir y fluir permanentemente en múltiples ramificaciones.

El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (Tyson Yunkaporta, 2025).

Con otras palabras, los relatos correctos serán campos energéticos alimentados con las fuerzas sociales integradas con la poderosa información obtenida en las fuentes de la naturaleza. De tal manera que con tales relatos se cumplirá, en cierta manera, aquella idea que leímos en La rebelión de los brujos (1971) de L. Pauwels y J. Bergier, que dice: “Sí, ¿cuál fue el saber decir? Cuando soñamos en las escrituras perdidas, siempre vuelve a nuestra mente la idea de un Gran Lenguaje original, comprensivo y expresivo del conocimiento, almacén enciclopédico de los dioses legendarios”.

Dicho almacén enciclopédico es el que subyace en el siguiente relato que nos entrega Tyson Yunkaporta:

«Los relatos procedentes de las piedras pueden perderse al traducirse cuando dos-nosotros [sic] llevamos siempre a todas partes tantos relatos incorrectos sobre la Edad de Piedra. Está uno en una especie de limbo triste cuando trata de teclear en una portátil sobre la tecnología de la piedra partiendo de una historia que no está santificada por los registros escritos de la Era Común. Sé que mi historia oral es real, pero a veces parece como si nada procedente del pasado fuera verificable a menos que un monje lo haya anotado, o que algún hechicero barbudo de una facultad de arqueología lo haya adivinado fijándose en esquirlas de huesos y rocas».

De acuerdo con esto último, podría decirse que toda prehistoria es posible que continúe envuelta por capas y capas de lenguajes ajenos a significaciones de experiencias culturales históricas distantes –y abismales– en relación con nuestra época, de una manera en que “el saber decir” difiere según los sistemas de signos utilizados con referencia a sistemas de conocimientos desintegrados / diseminados u olvidados en el tiempo y en el espacio.

Continuando con el relato de Tyson Yunkaporta, leemos: 

«Hoy he pasado la mayor parte del día haciendo un cuchillo de piedra nuevo porque mis colegas vikingos me hicieron sentir incompetente. Se suponía que yo tendría que estar tecleando hilos de conversación sobre el resurgimiento indígena, pero esta mañana me quedé aquí sentado, simplemente dándole vuelta a mi hoja de pedernal donde guardo esos relatos […]».

Justo en ese momento, un gran búho blanco (una aparición rara a la luz del día) llamó la atención desde lo alto de la cresta montañosa y Pete McCurley se detuvo detrás de su camioneta. Me preguntó si quería subir a la colina y acompañarle con un grupo de amigos aborígenes que hoy iban a fabricar cuchillos de piedra.

Después de leer Relato correcto, relato incorrecto, la idea que me mantuvo en los torbellinos del presente fue ésta que registro aquí: “el saber decir”, si ha de comunicar algo tan poderosamente correcto como son las poderosas fuerzas en que las tecnologías digitales han venido integrando la vida social de los humanos, habrá de mantener vigentes, con sus flujos multidireccionales de significación, todos los almacenes enciclopédicos transportados en la simultaneidad de grandes redes de distribución social y cultural, cuya memoria tendrá que ir alcanzando la amplitud de los bosques y de las junglas, de los desiertos y de las selvas, de las tundras y de todos los océanos que, en algún momento de otras historias y de otros relatos, habrán de continuar ampliándose hasta encontrarse –dicha memoria– con la otra red de universos –hoy en día– todavía desconocidos según los lenguajes de la mente humana, muy anteriores a las dinámicas en que estarán operando las energías cuánticas en un futuro no muy lejano.

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