El comercio entre México y Estados Unidos atraviesa una transformación que no se refleja plenamente en los indicadores agregados. Las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos continúan creciendo, pero los mecanismos que lo sostienen han cambiado de manera sustancial. El análisis conjunto de los datos comerciales recientes revela un fenómeno clave: el desplome en el uso efectivo del T-MEC.
Durante el periodo 2019–2024, aproximadamente la mitad de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos se realizaban bajo el marco preferencial del T-MEC (y previamente del TLCAN). En 2019, el uso del acuerdo representaba el 55.35% del total; en 2020, 52.17%; en 2021, 50.96%; y así, entre 2022 y 2024 se mantuvo estable en torno al 49%. Esto confirma que, hasta fechas recientes, los tratados constituían el principal instrumento para acceder al mercado estadounidense en condiciones libres de arancel.
Sin embargo, en 2025 se produce una ruptura abrupta: el uso del T-MEC (estrictamente hablando, se incluyen otros tratados con menor importancia) cae a apenas 10.94%, y en el primer trimestre de 2026 desciende aún más, hasta 1.09%. Esta caída no puede explicarse por fluctuaciones normales del comercio, sino que indica un cambio estructural en el comportamiento de las empresas.
Paradójicamente, esta caída en el uso del T-MEC no implica un aumento equivalente en los aranceles pagados. El monto de importaciones sujetas a arancel se incrementó (de 44 mil millones de dólares en 2024 a 81 mil millones en 2025: Suma de tres rubros de 1) tasas generales; 2) tasas del Capítulo 99 – Pago de derechos reportado; y 3) tasas especiales para capítulos HS 01–97), la mayor parte del comercio continúa entrando sin pagar aranceles. Esto sugiere que las empresas han sustituido el uso del T-MEC por otros mecanismos.

Es aquí donde el Capítulo 99 adquiere un papel central. Este capítulo funciona como una capa adicional al sistema arancelario tradicional, incorporando tanto aranceles extraordinarios como excepciones, exclusiones y tratamientos especiales. En particular, la introducción de aranceles adicionales de hasta 25% sobre automóviles y autopartes ha alterado profundamente los incentivos productivos.
Ante este nuevo entorno, las empresas han optado por una estrategia dual. Por un lado, algunas buscan cumplir con las reglas de origen del T-MEC, que se han vuelto más exigentes. Por otro, muchas recurren a las disposiciones del Capítulo 99 para evitar o mitigar el pago de aranceles sin necesidad de cumplir plenamente con dichas reglas.
Este desplazamiento tiene implicaciones importantes. En primer lugar, incrementa los costos de transacción, ya que las empresas deben invertir en la identificación de excepciones, en la clasificación precisa de productos y en el cumplimiento de requisitos técnicos complejos. En segundo lugar, introduce un alto grado de incertidumbre, dado que las disposiciones del Capítulo 99 pueden modificarse por decisión política.
En sectores como el automotriz, este cambio es especialmente significativo. El modelo tradicional de producción en México basado en insumos importados de Asia se vuelve cada vez menos viable sin el cumplimiento del T-MEC (máxime, actualmente se impone un alto arancel a los productos importados de Asia). Sin embargo, la alternativa (es decir, depender de excepciones del Capítulo 99) carece de estabilidad. Por ello, las empresas enfrentan un dilema entre invertir en la regionalización productiva o asumir riesgos regulatorios crecientes.
Este contexto cobra una relevancia particular ante el inicio oficial de diálogos previos a la revisión del T-MEC, programada para julio, que comenzará a partir del 25 de mayo de 2026. Estas “negociaciones” deberían abordar no solo aspectos formales del tratado, sino también esta transformación práctica en su uso. En particular, resulta imprescindible discutir la relación entre el T-MEC y las medidas unilaterales contenidas en el Capítulo 99, así como la necesidad de restablecer incentivos claros para el uso del tratado. Si el T-MEC deja de ser funcional para las empresas, su papel como pilar de la integración regional se debilita significativamente.
En este sentido, más que hablar de la “muerte” del T-MEC, sería más preciso referirse a su “desplazamiento”. El acuerdo sigue existiendo formalmente, pero ha perdido centralidad frente a un sistema basado en excepciones y medidas ad hoc. El futuro de la integración en América del Norte dependerá de si esta tendencia se revierte o se consolida.
La revisión del T-MEC representa una oportunidad clave para redefinir el equilibrio entre reglas y excepciones. De lo contrario, la región podría avanzar hacia un modelo de integración menos predecible, más fragmentado y crecientemente dependiente de decisiones políticas discrecionales.
Texto: Taku Okabe: Profesor-Investigador, Departamento de Estudios Regionales-INESER, CUCEA / Rubén Reséndiz Pérez: Consejero (expresidente) de la Asociación de Industriales de El Salto / del Clúster Automotriz del Estado de Jalisco









