La reina baila entre muertos

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La cita nocturna para ver a la reina Margot fue en el Teatro Diana.
Los interesados en la vida de la emperatriz, interpretada por el Ballet Teatro Nacional de Belgrado, regresamos en el tiempo para situarnos en la Francia de 1572, dividida entre católicos y protestantes; cuando bajo el gobierno de Carlos IX fueron asesinados más de cinco mil protestantes en las calles de París.
Ese momento histórico, llamado “la noche de san Bartolomé”, fue bailado por el Ballet Teatro Nacional de Belgrado en un Teatro Diana noctámbulo, el pasado 2 de octubre.
El Teatro Nacional de Belgrado es una de las instituciones culturales más sólidas de los Balcanes. La fundaron en 1868, como escenario para el drama, la ópera y el ballet. El ballet se presenta por primera vez en 1923 y, desde entonces, realiza algunos de los mejores espectáculos de Serbia. La reina Margot es una de sus últimas producciones, realizada por el bailarín y coreógrafo Krunislav Simic, con Goran Bregovic como autor de la música de la película que lleva el mismo nombre y ganadora de la Palma de oro, en Cannes.
Por la oscuridad de la sala, profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionales eran sombras que pasaban frente al escenario en búsqueda de su butaca.
Tercera llamada. Abrieron el telón y apareció una imagen del París antiguo.
Escuchamos una fusión de acordes búlgaros y gitanos del compositor Goran Bregovic, un músico delgado con sonrisa fácil, que nació en Sarajevo, Bosnia-Herzegovina (antigua Yugoslavia), el 22 de marzo de 1950, de padre croata y de madre serbia. A finales de 1980 dejó de tocar su música en público, porque se volvió rutinario. Fue así como pudo componer música para la película de Emir Kusturica, llamada Tiempo de gitanos. Trabajó arduamente para alcanzar su sueño de la infancia: vivir en una pequeña casa frente al mar Adriático. Pero la guerra interrumpió sus planes y tuvo que retirarse a París, donde conoció a Patrick Serraos, quien le abrió las puertas para componer la música de La reina Margot.
Con la música tempestiva de Bregovic vimos bailar la representación de la boda de la princesa católica Margot con Enrique, rey de los protestantes. Nadie quería que la boda se realizara, con excepción de la maliciosa reina madre Catalina, que argumentó que con el casorio se lograría la reconciliación entre católicos y protestantes.
En la ceremonia nupcial, Margot prefiere ir con su amante, el duque de Guise, para interpretar un baile amoroso, un baile sensual, una danza de cercanía, en la que los bailarines recorren cada parte de su cuerpo.
Noches después Margot sale de paseo a las calles nocturnas y oscuras de París, donde encuentra a bailarinas ataviadas con vestidos largos y hombres con mallas que simulaban las botas de aquella época. Ellos danzaban ese día de san Bartolomé frente a una pantalla que nos llevó a la Europa de 1572.
Esa noche, sin misericordia alguna, comienza en París la masacre de los protestantes, mientras que Margot asustada vaga entre muertos y encuentra a su amante herido. Hace todo lo posible por revivirlo y llevarlo a un lugar seguro.
La masacre de san Bartolomé es el asesinato en masa de protestantes, conocidos como hugotones, durante las guerras de religión de Francia, en el siglo XVI. Los hechos comenzaron el 24 de agosto, en París, extendiéndose durante los meses siguientes por toda Francia.
La boda de Margot con Enrique propicia la presencia de un gran número de nobles protestantes que acuden en apoyo del príncipe. París es, en aquel momento, una ciudad antihugonota: los católicos más extremistas no aceptan la presencia de los protestantes. Los predicadores católicos, capuchinos principalmente, hacen notorio su rechazo frontal hacia el matrimonio de una princesa de Francia con un protestante. Incluso el Parlamento de París decide mostrar su malestar por este matrimonio.
Alejandro Dumas, novelista y dramaturgo francés, tomó esos hechos históricos y escribió en 1845 la novela La reina Margot. A pesar de que los personajes y eventos son históricamente correctos, existen ciertas inexactitudes en la novela de Dumas, las cuales los historiadores han reducido a “licencias artísticas” y al hecho de que el autor pudo haber sido influenciado por propaganda en contra de ciertos personajes, específicamente la reina Catalina.
Esos escritos sirvieron de base al Ballet del Teatro Nacional de Belgrado para montar la puesta en escena actual.
El coreógrafo Krunislav Simic es uno de los principales bailarines (ganador en el Festival de ballet de Ljubljana) en los repertorios clásico y contemporáneo. Tiene una manera peculiar de formar personajes y crear expresiones escénicas fuertes, lo que le permiten interpretar numerosos papeles importantes, mismos que ha presentado con el ballet de Belgrado y el de Serbia. Es ganador del campeonato internacional de coreógrafos en Nivo Sad y fue galardonado por la Asociación de Artistas del Ballet de Serbia.
La danza fue dividida en dos actos y 16 escenas, las que narran cuando Margot convence a Enrique de convertirse al catolicismo. Sin embargo, comienzan las muertes por envenenamiento en el palacio y los recién casados saben que sus vidas están en peligro.
La reina Margot fue la conjunción perfecta de épocas: de música actual, de baile neoclásico y de un pasado violento. Una obra que representa la muerte, que interpretada por el ballet de Belgrado, se torna romántica y pulcra.