
Como una medida más para empatizar con sus futuros pacientes, estudiantes de CULagos conocieron las herramientas que les puede brindar la LSM
El acceso a la salud mental para la comunidad sorda es un reto que requiere atención y acción por parte del sector salud. Para abordar esta necesidad, estudiantes de séptimo semestre de la licenciatura en Psicología del Centro Universitario de los Lagos (CULagos), sede San Juan, participaron en un taller introductorio de Lengua de señas mexicana (LSM).
Impartido por la licenciada María del Carmen Reyes Reyes, este espacio académico busca proporcionar herramientas clínicas indispensables frente a la escasez de terapeutas capacitados para atender a este sector poblacional.
Un punto crucial de la jornada fue la educación de la propia comunidad oyente, empezando por identificar términos erróneos y comprender la riqueza de la cultura sorda. Reyes Reyes enfatizó la diferencia entre “lenguaje” y “lengua”. Mientras que el lenguaje es una capacidad humana universal y abstracta, la LSM es un idioma oficial, vivo y estructurado; posee su propia gramática, un léxico vasto y una compleja sintaxis visoespacial, lo que la hace totalmente independiente del español hablado. Comprender esto es el primer paso para dignificar a la comunidad sorda y erradicar estigmas.
Como parte de esta inmersión cultural, explicó una tradición dentro de la comunidad sorda, la asignación de la “seña” personal. En este entorno, las personas oyentes no eligen cómo presentarse; es la propia comunidad sorda quien les otorga un nombre en señas. Este distintivo suele basarse en una característica física evidente, un rasgo distintivo de la personalidad o una afición particular. Recibir una seña representa un acto identitario único, un símbolo de confianza y una auténtica bienvenida a su círculo social.
La maestra compartió con los futuros psicólogos cómo la empatía ha sido su principal motivación profesional. “El saber que hay personas sordas y que se tienen que acoplar a nuestro mundo, porque somos mayoría, es injusto”, señaló. Esta perspectiva se reforzó al conocer a la madre sorda de uno de sus alumnos oyentes, quien enfrentaba dificultades prácticas para involucrarse en la educación de su hijo.
Al lograr comunicarse con ella en LSM, el cambio fue notorio. “Ver la satisfacción de la mamá era un curita al corazón, porque se siente incluida, siente que está entendiendo toda la dinámica”, relató. Ese momento evidenció el valor de una comunicación verdaderamente accesible: “Más allá de lo que yo le podría enseñar, ella me enseñó”.
En la práctica clínica, la falta de una vía de comunicación adecuada puede llevar a los pacientes sordos a no buscar ayuda, o al abandono terapéutico. La tallerista hizo un llamado a los futuros profesionales: “Tómense muy en serio el papel que tienen como psicólogos, porque tratan con personas. Quizás los sordos no van a terapia porque no hay un psicólogo que sepa lengua de señas. Todos tenemos oportunidad y acceso a todo, ¿por qué la comunidad sorda no?”.
Para las estudiantes asistentes, este taller subraya una preparación necesaria. Fátima Reyes, estudiante de séptimo semestre, quien frecuentemente interactúa con personas sordas en su entorno laboral, indicó que dominar la LSM permite “adaptarnos a la gente con alguna discapacidad y poderlos llegar a entender un poco mejor”.
Diana Reynoso, de séptimo semestre también, coincidió en la relevancia de aplicar estos conocimientos en sus próximas prácticas profesionales: “Es una herramienta necesaria para nuestra formación; nos ayuda a estar preparadas para recibir a los pacientes y asegurar que la comunicación no sea un impedimento en la terapia”.
Vivimos en un sistema diseñado casi en exclusiva desde el privilegio oyente, donde por décadas se ha esperado que la comunidad sorda sea quien se adapte a nuestras formas de comunicación.
Romper este ciclo implica reconocer que la principal barrera clínica es la falta de accesibilidad estructural en nuestras instituciones. Integrar la LSM en la formación psicológica no debe verse simplemente como un mérito adicional en el currículum, pues significa un paso esencial hacia la justicia social y la equidad.
La salud mental es un derecho universal, y el verdadero compromiso de una psicología humanista es garantizar que las barreras lingüísticas dejen de ser un muro entre las personas y su derecho al bienestar emocional.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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