jueves, mayo 14, 2026
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Hablar para ser escuchado: taller de oratoria en CUAltos

Óscar García, estudiante de noveno semestre de la licenciatura en Abogado, ofrece este espacio con el objetivo de ofrecer herramientas y la seguridad para hablar frente a otros y, sobre todo, generar un cambio en los y las participantes

Fotos: Karely Pelayo Cortés

Ante la participación en clase que muchas veces se limita a exposiciones obligatorias o intervenciones breves, hay quienes han decidido ir más allá al enfrentarse al miedo de hablar en público y convirtiéndolo en una herramienta. En el Centro Universitario de los Altos (CUAltos), el Taller de oratoria se ha convertido en uno de esos espacios donde los estudiantes no sólo aprenden a hablar, sino a sostenerse frente a los demás.

Al frente de este proyecto está Óscar García, estudiante de noveno semestre de la licenciatura en Abogado, quien, lejos de un perfil tradicional, decidió asumir el reto de impartir un taller sin certificaciones formales, pero con un elemento que considera esencial: la experiencia.

“Yo no soy maestro, no tengo diplomas, ni cursos. Simplemente, es una actividad que me gusta mucho”, explicó.

La decisión de dar un paso al frente

Curiosamente, la idea del taller no nació directamente de la oratoria, sino de una inquietud más amplia, como lo es participar. 

“Primero decidí que quería ser tallerista… y después pensé, ¿de qué?”. Entre distintas ideas como historia o debate, la oratoria terminó por tomar forma, impulsada por el interés y por su propia trayectoria en espacios de participación estudiantil. Desde preparatoria, donde fue presidente y consejero estudiantil, hasta su paso por el centro universitario, Óscar ha estado vinculado a dinámicas que lo han llevado constantemente a hablar frente a otros.

“Recorrer salones, tener 40 personas prestando atención a lo que propones… son ejercicios que te forman”.

El verdadero miedo no es hablar

Uno de los ejes principales del taller es enfrentar el pánico escénico. Para Óscar, el problema no es tan simple como tener miedo de hablar.

“El miedo no está en hablar. El miedo es ser el centro de atención”. Para explicarlo, lo compara con un penal en el futbol, donde la acción es la misma, pero el contexto cambia todo.

“No es lo mismo tirar un penal en un partido amistoso que en una final”. Ese momento de exposición, donde una persona puede ser validada o cuestionada públicamente, es lo que realmente genera el bloqueo.

Aprender haciendo (y enfrentándose)

Lejos de un enfoque teórico, el taller se construye desde la práctica constante. Desde el primer día, los estudiantes se enfrentan a ejercicios que los sacan de su zona de confort, como discursos improvisados, temas inesperados e ideas que deben defender frente a sus compañeros.

“Les doy actividades que a mí me gustaría que me hicieran”. Hablar sobre temas polémicos, argumentar posturas o simplemente pararse frente al grupo forman parte del proceso. No se trata de memorizar, sino de sostener ideas.

Es mucho más que sólo hablar bien, es tener seguridad en uno mismo

Para él la oratoria no se reduce a una técnica o a hablar bonito: “No se trata de hablar bien. Se trata de seguridad”. Esa seguridad, explicó, trasciende el aula, está presente en entrevistas, negociaciones, relaciones personales y cualquier espacio donde una persona necesite expresarse. “Si te da vergüenza exponer ideas, es una desventaja frente a los demás”.

Un espacio que también transforma al que enseña

Más allá del impacto en los estudiantes, la experiencia también ha marcado a Óscar. Uno de los momentos que más lo sorprendió no ocurrió dentro del salón, sino fuera.

“Los primeros días, en los pasillos me decían ‘profe’. Y eso, para mí, significó mucho”. Una forma distinta de ser percibido, que refleja el cambio en quienes toman el taller, pero también en quien lo imparte.

Atreverse, aunque incomode

A pesar de los avances, no todos los estudiantes permanecen. Algunos abandonan el taller al enfrentarse con lo que implica realmente hablar, exponerse e incomodarse. Sin embargo, para Óscar, esa es precisamente la razón por la que vale la pena intentarlo.

“Si tienes esa debilidad, es porque necesitas trabajar en eso”. Y es que evitar el problema no lo resuelve, solamente lo pospone.

Una invitación clara

Desde su propia experiencia, su mensaje es directo: hay que atreverse. “No tener miedo, no tener vergüenza”, dijo. Porque, al final, el objetivo no es llenar un salón, sino generar un cambio, aunque sea en una sola persona. “Si este taller beneficia a alguien, ya vale la pena”.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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