El país que nunca fue

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Hijo de padre jalisciense, Ramón López Velarde fue un abierto defensor de los ideales reformistas de Madero; algunos de los primeros textos recogidos después en La sangre devota (1916) fueron publicados en el periódico El Regional, de Guadalajara, escrito por católicos y dirigido hacia ese mismo público. López Velarde realizó sus primeros estudios en el seminario de Zacatecas (donde permaneció dos años antes de mudarse a Aguascalientes y continuar allí su preparación para el sacerdocio y, luego, declinar para acudir a la Universidad de San Luis Potosí a estudiar leyes), fue siempre fiel a sus ideales y nunca los negó: hecho que sugiere la coherencia de un pensamiento, una fe y una voz lírica, en la que se encuentran sus rasgos definitorios: su catolicismo, su idealismo por la provincia (ya criticado desde entonces por los intelectuales de la capital mexicana) y –en sus ensayos–, su inclinación por las ideas políticas.
Hombre íntegro y cabal, su vida transcurrió durante los mejores momentos de la Revolución mexicana; en 1914 viajó a la Ciudad de México, donde colaboró fervientemente en el periódico La Nación, diario católico en el que aparecerían la mayor parte de sus artículos y donde, también, se publicó el grueso de su poesía. Había ido a buscar fuera cumplida la promesa de Madero, a quien había conocido en 1910, de darle un puesto público cuando se convirtiera en presidente: hecho que nunca ocurrió. En 1919 apareció su mejor libro de poemas bajo el nombre de Zozobra.
Los vaivenes políticos lo traerían de la provincia a la capital, donde murió el 18 de junio de 1921. La estima que recaudó su obra hizo que José Vasconcelos le nombrara poeta nacional y le rindiera un gran homenaje fúnebre con honores sonados; en abril de ese mismo año de su muerte había escrito quizás el más popular de sus poemas: “La suave patria”, que este año cumple 90 años de haberse escrito: ni este aniversario de su poema ni el centenario de su nacimiento (Ramón López Velarde nació en Jerez, Zacatecas, en 1888, y murió en la Ciudad de México en 1921), han tenido la resonancia que se hubiera esperado.
Posiblemente, como quizá desde su tiempo de escritura, el poema lópezvelardiano no corresponda sino a una realidad idealista de la patria, y no a una realidad concreta. De algún modo “La suave patria” es extraño en su poesía completa. El texto ha sido analizado con puntualidad por Octavio Paz en su ensayo “El camino de la pasión”, incluido en Cuadrivio. Una lectura atenta del escrito, logra que tengamos coincidencias con lo expresado por Paz; sin embargo, a muchos ya no dice gran cosa ¿Alguna vez le dijo algo a quien lo recitó? ¿O fue la ideología del hasta hace unos años partido-Estado- PRI que nos lo obligó como parte de de nuestra “educación”?
Hay en “La suave patria” enormes vacíos de realidad. No dice nada sobre el tiempo histórico en que fue escrito, ni tampoco de la vida nacional que hoy padecemos. Es un poema redactado bajo el olor de la pólvora –parecida a la que hoy percibimos de otra manera–, pero poco hay de la realidad de un México idealizado por López Velarde y por muchos mexicanos.
Quedan como una forma de reflejo tal vez dos líneas que nos recuerdan que el pasado nacional se vuelve a repetir en este día (12 de diciembre de 2011). Son las siguientes:

Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio

Hoy como ayer la patria mantiene mutilado su territorio. En otro tiempo fueron los problemas y las balas de la posrevolución. Hoy son los tiros que lanza el Ejército, la policía y los sicarios del narcotráfico; el tiempo vuelve a traernos ese olor a pólvora que sentimos en la boca: nuestra saliva se vuelve a impregnar de su sabor. Pero, ¿“La suave patria” alguna vez nos describió ese mítico Cuerno de la Abundancia que muchos dijeron y otros aún dicen es México, un México que también creyó ver Ramón López Velarde?
Muchos repetimos como loros, en nuestra adolescencia, “La chacha Micaila”, “El brindis del bohemio”, “Paquito” y “La suave patria”; ya no lo hacemos como ayer: ¿será que el nuevo estallido de las balas ha hecho que la sociedad mexicana haya madurado?
La poesía más personal de Ramón López Velarde está viva, su idílica y “Suave patria” me parece que no.

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