sábado, abril 25, 2026
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Conversaciones sobre Juan Rulfo

Pablo y Juan Carlos Rulfo comentaron que las noches de Rulfo eran dedicadas para la lectura y las tardes para escuchar música de todo tipo; rock, contemporáneo, música popular, jazz, hasta la música más difícil de escuchar

En el marco del Día Mundial del Libro organizado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), se llevó a cabo una charla en torno a la figura del escritor jalisciense, en donde participaron Pablo y Juan Carlos Rulfo, hijos del reconocido escritor, quienes estuvieron acompañados de Marisol Schulz Manaut, directora general de la FIL.

En una conversación íntima, Marisol Schulz recalcó las frases que integran la literatura y la filosofía de Juan Rulfo, las cuales describen el ambiente y el paisaje “rulfiano”.

“Tiendo a ser cursi pero a través del recuerdo que tengo de mi padre veo la expresión de todo el paisaje jalisciense. Se siente una especie de temblor interno que conmueve cuando visitas estos lugares donde él vivió. Es un gran escenario donde hay muchos telones y es profundamente conmovedor”, declaró el pintor Pablo Rulfo.

“Lo recuerdo cuando tengo la oportunidad de visitar Sayula, San Gabriel y Tonaya, que tienen esa emoción oculta. Creo que yo pinto para volver a estar cerca de él”, dijo.

En la charla se destacó que el silencio y el sonido son pilares en la obra de Juan Rulfo, herramientas narrativas que sus hijos adoptaron en sus creaciones artísticas: “El silencio estaba todo el tiempo pero era muy ruidoso para nosotros. Nunca fue necesario gritar en nuestra casa. Con silencios nos regañaba, con silencios nos decía todo”, mencionó Juan Carlos Rulfo.

Según comentaron, las noches de Rulfo eran dedicadas para la lectura y las tardes para escuchar música de todo tipo; rock, contemporáneo, música popular, jazz, hasta la música más difícil de escuchar: “Tenía una práctica musical muy variada que nos fascinaba. Era muy difícil ubicarlo, le gustaba todo y tenía un conocimiento de fondo”, mencionó el pintor.

Entre la vida casera que se vivía en la casa de los Rulfo, los hermanos mencionaron que vivieron una infancia muy discreta, donde el oficio de su padre no era lo más importante.

Yo me di cuenta a los cinco años de que mi padre era más que mi padre. Me pedían en la primaria revisar los cuentos de mi padre. Todo el mundo sabía que yo era un Rulfo mientras yo trataba de adivinar qué significaba eso. Yo no leí a mi padre hasta la secundaria, acompañado de su voz y así pude entender su ritmo, sus cuentos”, agregó el cineasta Juan Carlos Rulfo.

Para ambos hermanos, Jalisco no es solo la cuna de sus padres, sino un referente importante en su vida, sus memorias y su historia.

Mis recuerdos están plagados de Jalisco, una buena parte de mi niñez y de mi familia, mis primos y los paisajes todavía invaden mi memoria. Fue una experiencia vital, veníamos una o dos veces al año y eso se sumaba a mis recuerdos, enriqueciendo mi memoria. Jalisco es un espacio de luz y de vida para mí y se repite cada vez que vengo”, agregó Pablo Rulfo.

“Estas tardes con su luz y su aire son tremendamente evocativas, a uno le acarician el alma y se siente apapacho. Mi padre habla de este viento en sus libros y venir aquí es evocarlo”, mencionó Juan Carlos Rulfo.

Para Juan Carlos, el recuperar y buscar aquellos paisajes rulfianos ha sido algo crucial dentro de la producción de sus documentales: “Uno tiene que saber de dónde viene. Yo no sabía muy bien qué hacer y fue hasta que murió mi padre que yo quise recuperar algunas memorias sobre mi abuelo, sobre la historia de amor de mi madre y mi padre”, dijo.

Para cerrar, el cineasta continuó leyendo fragmentos del libro Pedro Páramo, recordando la importancia de su legado y su manera de plasmar y compartir los paisajes, memorias y relatos de nuestro estado.

 

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