sábado, septiembre 5, 2026
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Cien años de mirar al cielo: la historia del Instituto de Astronomía y Meteorología

Con un legado que inició hace 100 años, esta institución continúa con una tradición científica local que arrancó en un manuscrito jesuita del siglo XVIII

Hay instituciones que uno da por hechas, como si siempre hubieran estado ahí. El Instituto de Astronomía y Meteorología (IAM) de la Universidad de Guadalajara es una de ellas: sigue en pie, sigue observando el cielo y, sin embargo, pocos saben que detrás de sus telescopios hay un siglo –en realidad más de un siglo– de sacerdotes, ingenieros, disputas teológicas, tránsitos de Venus y hasta un debate sobre si había vida en Marte. 

Esa es la historia que reconstruye Durruty Jesús de Alba Martínez, historiador de la física y la astronomía y guardián, en buena medida, de la memoria de este instituto, en una presentación tan minuciosa como afectuosa, dedicada a la memoria de la doctora Julieta Norma Fierro Gossman, “incansable divulgadora” de la ciencia en México.

La charla, organizada en cinco partes, no inicia en Guadalajara, sino en el imaginario científico de todo un país. De Alba Martínez recuerda que para los historiadores de la ciencia, el De revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, impreso en Nuremberg en 1543, es la primera muestra de la ciencia moderna, y que un ejemplar único en América Latina de esa primera edición terminó, sorprendentemente, en Guadalajara. 

Es el primer indicio de que esta ciudad, lejos de ser periférica a la historia de la astronomía, guardó siempre una relación estrecha con ella.

El antes: jesuitas, termómetros y disputas doctas

La primera parte de la crónica recupera una genealogía que sorprende por su antigüedad: la del jesuita Francisco Xavier Clavigero (1731-1787), educado en los colegios de Tepotzotlán y Puebla, y que enseñó también en Guadalajara.

En un manuscrito atribuido a él, la Physica particularis, conservado en la Biblioteca Pública del Estado Juan José Arreola, aparece un folio suelto titulado “Fábrica y uso de los thermómetros”: una receta detallada, en español, para construir termómetros de aire a partir de tubos de vidrio, “espíritu de vino” coloreado y una división del tubo en partes iguales.

De Alba Martínez muestra incluso las marcas de fuego en el papel que permiten confirmar que ese folio perteneció efectivamente al manuscrito. Es un hallazgo de anticuario, sí, pero también la prueba de que la meteorología instrumental –medir, no sólo observar el cielo a ojo– tiene raíces novohispanas mucho más profundas de lo que se suele pensar.

De ahí la historia salta al siglo XIX y a una figura clave para Guadalajara: Agustín de la Rosa y Serrano, doctor en teología, rector del Seminario Conciliar y autor de Lecciones de astronomía (1853), el primer libro sobre el tema escrito específicamente para los alumnos del Seminario tapatío. 

El libro, cuenta De Alba Martínez, nació en parte de una disputa intelectual con otro sacerdote, Agustín Rivera y Sanromán, y durante décadas la cátedra de Física y astronomía del Seminario Conciliar siguió examinando de forma exhaustiva a sus sustentantes, como atestiguan las invitaciones y programas de examen que se conservan en los archivos eclesiásticos de Guadalajara.

Los primeros observatorios en Guadalajara

La segunda parte de la presentación es, en cierto sentido, el origen material del instituto actual. El primer observatorio astronómico profesional de Guadalajara –explica De Alba Martínez– no fue una institución oficial, sino la casa particular del ingeniero Gabriel Castaños, en la calle San Francisco (hoy avenida 16 de Septiembre) esquina con López Cotilla. 

Ahí, entre 1882 y 1884, se determinó la longitud geográfica de Guadalajara y se observó el tránsito de Venus de 1882, uno de los eventos astronómicos más codiciados del siglo XIX. Castaños, junto con Carlos F. de Landero y Castaños y más tarde Ambrosio Ulloa, impulsó también la Escuela Libre de Ingenieros de Guadalajara.

El relato conecta este esfuerzo local con la política científica nacional: el general Vicente Riva Palacio fundó en 1877 el Observatorio Astronómico Central en la azotea del Palacio Nacional y propició también el Observatorio Astronómico y Meteorológico de Mazatlán. 

En Guadalajara, ese impulso cristalizó el 2 de abril de 1889, cuando se inauguró formalmente el Observatorio Astronómico y Meteorológico del Estado, instalado en la Escuela de Ingenieros, con sede en el antiguo Colegio de San Juan. Su primer director fue el ingeniero Agustín V. Pascal, quien lo dirigió hasta 1901. 

Este observatorio, conviene subrayarlo, es el antecedente directo, con nombre y fecha precisos, de lo que hoy es el IAM: es la primera vez que la astronomía y la meteorología aparecen unidas institucionalmente en Guadalajara bajo un mismo techo estatal.

De Zapotlán a la universidad: el nacimiento del IAM

La tercera y cuarta parte de la crónica siguen la trayectoria de dos sacerdotes que resultarán decisivos: José María Arreola Mendoza y, sobre todo, Severo Díaz Galindo, nacido en Sayula y formado en el Colegio Eclesiástico de Zapotlán, donde en 1892 ambos establecieron un observatorio meteorológico. 

Díaz Galindo es, sin exagerar, el personaje bisagra de toda la historia: en 1913 quedó a cargo del observatorio de la Escuela Libre de Ingenieros; desde 1921 dirigió el Observatorio Astronómico y Meteorológico del Estado, y fue bajo su dirección que, en 1925, ese observatorio pasó a formar parte de la recién creada Universidad de Guadalajara. En 1947 cambió su nombre al que conserva hasta hoy: Instituto de Astronomía y Meteorología. Díaz Galindo permaneció como director hasta su muerte, en 1956.

De Alba Martínez no lo presenta sólo como administrador, sino como divulgador: Díaz Galindo escribió sobre la posible vida extraterrestre en el sistema solar (1909), analizó con escepticismo la “fiebre marciana” de inicios del siglo XX –esos supuestos mensajes luminosos desde Marte que entusiasmaron a media prensa mundial– y publicó boletines y textos de enseñanza científica.

En 1925, El Informador incluso reportó sobre esos “mensajes” marcianos, prueba de que la astronomía tapatía dialogaba en tiempo real con el debate científico internacional. Es este el hilo que, cuando el observatorio se integra a la universidad y se rebautiza como instituto, deja de ser un proyecto personal o eclesiástico para volverse un patrimonio institucional permanente: el IAM que existe hoy no es una entidad nueva, sino la continuación directa, con nombre distinto, de ese observatorio decimonónico.

Un siglo cumplido y un patrimonio que se cuida

La quinta parte cierra el círculo trayendo la historia hasta el presente: la observación pública del eclipse de sol de 1977, la del eclipse de 2017, el tránsito de Venus de 2012 –cubierto incluso por la prensa local– y, sobre todo, el trabajo reciente del IAM en la preservación de su propio patrimonio: el 24 de agosto de 2012 se puso en línea el portal de Patrimonio astronómico, auspiciado por la iniciativa de Astronomía y patrimonio mundial que el grupo de Trabajo homónimo de la Unión Astronómica Internacional promueve ante la Unesco.

Es una manera de decir que el edificio, los telescopios, los archivos fotográficos –muchos conservados en la propia biblioteca IAM-UdeG, en la colección Severo Díaz Galindo– no son sólo instrumentos de trabajo, sino objetos históricos que merecen catalogarse y protegerse como cualquier otro patrimonio cultural.

La presentación termina con un simple “¡Gracias!”, pero deja una idea clara: el Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara no es una dependencia académica más entre muchas

Es, con sus cien años cumplidos como parte de la UdeG, la culminación de una tradición científica local que arranca en un manuscrito jesuita del siglo XVIII, pasa por seminarios conciliares y observatorios particulares del siglo XIX, y llega hasta nuestros días como una institución universitaria que sigue observando eclipses, tránsitos planetarios y el clima de Jalisco, exactamente como lo hicieron sus fundadores hace más de un siglo.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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