Guitarras, percusiones, flautas y cantos son algunos de los sonidos que conforman el paisaje sonoro del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), en la sede San Agustín, asignada al departamento de Música. Dentro de sus paredes, llenas de historia, en un edificio de tres pisos y con un gran jardín central arbolado, cientos de jóvenes aprenden el oficio de la música con la ayuda de sus tutores, todos profesionales en el arte musical.
Luis Pérez Moreno, egresado del técnico en Música, con especialidad en percusiones, ha sido estudiante de este centro universitario desde los siete años, cuando pudo formar parte del Taller experimental de música, en el año 2007. Inspirado por las bandas Depeche mode, Nirvana, System of a down y Metallica, Luis se interesó en formarse profesionalmente en la música, e ingresó al CUAAD en el año 2023.
“Me sentía muy contento cuando venía de niño y eso, en parte, me inspiró a querer volver. Aquí he conocido a profesores que son muy importantes para mí, como Juan José Valdivia, maestro de percusiones. Como todo en la vida, he tenido aquí experiencias dulces y desagradables, pero de todo siempre he podido aprender”, comentó.

Para Luis, la música no es sólo un oficio, sino una manera de expresar todo tipo de sentimientos, profundos o banales, lo que le ha ayudado a conectar con los demás y a fortalecer en gran parte su sentido de pertenencia.
“Es una manera de expresar no sólo lo que siento o mi estado de ánimo actual. Funciona como la poesía, o como un libro, uno puede ponerse a componer y relatar todo lo que está dentro de su mente, todo lo que está dentro de su alma, de su corazón. La música nos ha acompañado desde los inicios de la humanidad y es una manera de conectar también con la propia naturaleza humana”, dijo.
Existen diferentes caminos al momento de dedicarse a la música, los cuales van desde la docencia hasta la creación de orquestas y ensambles, además de la composición, la interpretación y el acompañamiento musical en diferentes áreas, como en la psicología.
“Me gustaría mucho tener un ensamble, sobre todo ver un poco más acerca del jazz mal llamado ‘gitano’. También me gustaría mucho dedicarme a la docencia, sobre todo en el área de teoría, es algo a lo que muchas personas le tienen miedo o no les gusta, pero me parece fascinante. Me gustaría poder enseñarlo de una manera más fácil de comprender o aplicar, porque muchas veces no se aplica y eso es lo que nos detiene de poder entender la teoría y disfrutarla”, agregó.

La comunidad y el sentido de pertenencia son dos conceptos que engloban muy bien todo lo que integra el mundo de la música, ya sea para crearla o disfrutarla, y según Luis cumple una función muy importante en la sociedad.
“La música para mí también es compartir, y en ese sentido me parece que ayuda bastante a la cohesión social, a sentir que pertenecemos a algún sitio, a algún grupo y nos puede hacer convivir a todos de una manera más sana y cercana. Yo le diría a todas y todos aquellos interesados en estudiar música que no se desanimen y que se aferren a este camino que, aunque puede ser duro, también da muchas satisfacciones”, señala.
Conciertos y el arte de compartir

David Rivera, primer mexicano y latinoamericano en graduarse de la maestría en Violín en el Conservatorio central de música en Beijing, China, será el encargado de inaugurar la segunda temporada de la serie de conciertos Noches de Paraninfo, organizada por Cultura UDG y que busca acercar la música de concierto o “clásica” a todas y todos aquellos interesados en pasar una noche llena de emotividad y disfrute.
Para Rivera, pisar un escenario tan especial como lo es el paraninfo de la Universidad de Guadalajara es “un privilegio y un honor”, puesto que con su violín compartirá espacio con los majestuosos murales del pintor jalisciense José Clemente Orozco.
“Me siento muy emocionado de regresar a Jalisco, y más de tocar en tan increíble lugar, tan maravilloso, tan interesante. Es un gran honor que me hayan considerado”, mencionó.
El próximo 2 de octubre, a las 20:00 horas, el músico deleitará a las y los asistentes con la Fantasía núm. 1 en si bemol mayor, de Georg Philipp Telemann; el Capricho núm. 17 en mi bemol mayor, de Niccolò Paganini y Old dangerfield, pieza de bluegrass del músico estadounidense Bill Monroe, proponiendo un diálogo con Bach desde distintas épocas y formas de entender el violín.
“Es una obra musical de gran profundidad, tanto intelectual como espiritual, donde Bach trata de sumergirnos en su manera de entender varios aspectos humanos. En esta ocasión, yo propongo otra forma de plantear el recital, intercalando estos movimientos de la sonata de Bach con obras de otros compositores”, declaró el intérprete.

Dijo que lo que más disfruta de los conciertos es poder estar cerca del público y observar cómo, con cada nota, los asistentes se acercan cada vez más a diferentes emociones, convirtiendo los escenarios en un lugar de conexión profunda.
“Es increíble que abran estos espacios que acercan al público desde distintas perspectivas, porque la música de concierto se ha llenado de tradicionalismo y formalidad. Este tipo de eventos nos ayudan a nosotros, como músicos, a acercarnos a nuestro público y también al público a acercarse a nosotros”, mencionó.
Para él, lo más importante para todas y todos aquellos que buscan profesionalizarse en la música es la constancia, el rigor y el buscar trascender en lo personal, sin buscar la fama o la fortuna que muchas personas persiguen.
“El camino del arte es de aguante y, a veces, en este mundo moderno en el cual tenemos acceso a tanta información, quedamos espantados o bombardeados por videos de gente increíble haciendo lo mismo que nosotros; es fácil congelarse ante esa situación, pero la realidad es que gente que ha tocado bien, gente que ha hecho grandes descubrimientos, gente que ha llegado a cosas increíbles, es mucha. Lo que hace la diferencia entre quien trasciende y quien no, no es un asunto de fama o reconocimiento, sino más bien de trascendencia personal”, dijo.






