[los personajes] siempre son la traducción antropomórfica
de una energía, de una corriente,
de una sección del campo energético
Alessandro Baricco: La vía de la narración
Abel, de Alessandro Baricco (2024): es una novela y es también un ensayo filosófico. Asimismo, Abel es un campo de energía por el que se mueven, como en un remolino, algunos personajes distinguidos y diferenciados por sus habilidades y por su manera de relacionarse con el mundo en que habitan.
“Siento una vibración, entonces disparo [dice la voz del relato, y continúa diciendo más adelante] Un minúsculo temblor del mundo, eso es. Dura menos de un instante. Aprendí a percibirlo siendo muy pequeño, en las grandes soledades donde primero fui un niño, luego un hombre a los once años y al final un anciano a los diecinueve”; es así como comenzamos a saber quién es Abel para él mismo, y luego, acabamos descubriendo que es el narrador intradiegético de la novela que lleva su mismo nombre; además, sabemos que es hijo de John John, y, finalmente, que es el mayor de seis hermanos, todos abandonados por una madre cuyas razones no serán aclaradas en este texto.
El Oeste de los wésterns es el campo energético donde Abel es el Sherif Crow. Debido a su gran talento para asesinar con el revólver, el Sherif Crow se convierte en una leyenda a la edad de 27 años. Además de este personaje nuclear, hay dos energías sapienciales que nos ayudan a comprender por qué suceden los remolinos en que se mueven estos y los otros personajes en el campo de su historia; una es la bruja, y la otra es la energía que proviene del Maestro.
Al dialogar con un Juez, la bruja le dice a éste:
No hay un futuro, no hay un pasado, Juez. Hay un único aliento. Tú moriste hace ya mucho tiempo, cuando eras niño sabías lo que harás mañana, estas palabras las oíste cuando hacía poco tiempo que eras un hombre, y dentro de unos años podrás ver cosas que hace años solo escuchaste. Todo se recompone, y esta es la vida. Así que no te preguntes si hay un antes o un después, porque solo hay un ahora.
Por otra parte, del Maestro sabemos que, siendo un muchacho hábil con las armas, se enfrentó y pudo detener la marcha invasora de los piratas en una población gobernada por mujeres y cuya cabeza principal era Doña Lupe, por quien sabemos que el muchacho –posteriormente, el Maestro–, luego de haber sido cegado con un cuchillo por uno de los corsarios invasores, se fue del pueblo y se dedicó a viajar y a leer. En uno de estos trayectos, Abel se encontró y conoció al hombre ciego, con quien tuvo el siguiente diálogo:
¿Cómo disparas?, preguntó [el Maestro]. Rápido, le dije.
Cierra los ojos.
Lo hice.
Oí el roce tintineante de una moneda que se movía en el aire. Disparé sin abrir los ojos.
El Maestro se agachó y cogió la moneda, la frotó entre el pulgar y el índice. Se la guardó de nuevo en el bolsillo.
No importa, dijo. ¿Sabes leer?
Sí.
Eso importa.
Se levantó. Dijo que me enseñaría y que, a cambio, yo leería para él.
Conocimiento y habilidades múltiples son las cualidades que imperan en el mundo de Abel. Las habilidades guardan la forma justa para lograr sobrevivir en una sociedad donde, sobre todo, el saber utilizar armas significa poseer fortaleza y seguridad; en tanto que el conocimiento, sólo es posible a condición de que quien lo alcanza posea el poder de la observación.
Es por la observación que Joshua, hermano de Abel, le dice a éste que “debía tener mucho cuidado porque, a pesar de que la vida fluía aparentemente como un río, desde las montañas hasta el mar, al mismo tiempo también fluía en sentido contrario, remontando hacia sus fuentes”, y más adelante, concluye Joshua: “razonar sobre antes y después es ilusorio”. Luego de escuchar esto, Abel vincula esta manera de concebir la realidad del mundo con las otras maneras, muy semejantes, a las que o en las que se fundamentan el pensamiento de la Bruja y la realidad en que vive el Maestro. De hecho, es por el Maestro que Abel conoce el pensamiento filosófico de Hume, quien sostenía que “hablar de causa y efecto era totalmente ilusorio”. En tanto que el pensamiento de la Bruja, sin ser alimentado por libros, la energía antropomórfica que la configura es la que le permite experimentar su existencia más allá de cualquier relación causal o temporal:
Cuatro días antes de nacer yo sabía que iba a nacer [escuchamos decir a la Bruja]. Cuando luego vi a mi padre y a mi madre, sabía quiénes eran. Me di cuenta de que sabía lo que era un remordimiento, cómo se sucedían las estaciones y de dónde venían los cantos sagrados. Aún era una niña cuando empezaron a tenerme miedo. Al final decidieron que era mejor para todos que viviera por mi cuenta, fuera de la aldea. Así fue como crecí.
Si en la Bruja y el Maestro escuchamos que “el ahora” es lo único que verdaderamente existe y que todo lo percibido de la realidad no es más que ilusión, en Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar el mundo, de Tyson Yunkaporta, leemos:
El aliento que alguien tomó alguna vez está todavía en el aire que respiramos. Yo respiro el aliento de los Ancestros y todos los demás también. Siempre fue así, siempre lo es, siempre lo será.
En este libro, Yunkaporta ofrece ejemplarmente un desmentido al valor incuestionable que se le otorga a la guerra como una única manera de avanzar en el movimiento de la creación y de la sabiduría de las diferentes culturas. En este sentido, nos advierte: “En realidad, la guerra entre el bien y el mal es una imposición de la estupidez y la simplicidad sobre la sabiduría y la complejidad”.
El mundo que nos hace experimentar el texto de Yunkaporta radica en la siguiente tesis: “La creación es un estado de movimiento constante y como especie custodia que somos debemos desplazarnos con ella [sic], pues si no lo hacemos dañaremos el sistema y nos condenaremos a nosotros mismos. Nada se puede retener, acumular ni almacenar”.
Por otra parte, el remolino en que se traduce el devenir psicológico del personaje Abel, se ofrece, efectivamente, como un estado de creación constante, esto es, de incansable percepción. En este sentido, reflexiona el narrador de la novela de Baricco: “toda mi vida he disparado. El que apunta cree que el mundo está atravesado por líneas rectas. Por un antes y un después. Por un aquí y un allá. Ni siquiera lo cree, lo sabe”.
En cambio, Yunkaporta nos dice: “Este libro [Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar el mundo] solo es la traducción de un fragmento de una sombra congelada en el tiempo. No afirmo poseer ninguna verdad absoluta, tampoco ninguna autoridad”. Esto lo advierte porque: “todos llevamos dentro un pedacito de idiota venido de algún lugar profundo que nos susurra: “Tú eres especial. Tú eres más que otras personas y otras cosas”; o sea, el idiota es, para Yunkaporta, quien cree conocer y poseer la Verdad, quien piensa que es el mejor –en todo lo que hace– entre todos los seres que lo rodean en el mundo en el que vive. En Abel, su habilidad para disparar es la extensión de su ser, es la extensión de un ser creándose con cada disparo que escapa de su revólver. Es un ser de habilidades decisivas.






