
En el CUCSur estudian la forma en que estas diminutas aves sirven como un “termómetro natural” de los ecosistemas
Entre flores que abren y cierran con las estaciones, los colibríes aparecen como destellos rápidos de color. Muchas veces, su presencia suele pasar desapercibida, pero para la ciencia representan más que belleza, son señales vivas de cómo está cambiando el ambiente.
Para Sarahy Contreras Martinez, profesora e investigadora del CUCSur, estas aves funcionan como una especie de “termómetro natural” del ecosistema. Su comportamiento, sus rutas y su relación con las flores permiten leer lo que ocurre en los bosques sin necesidad de palabras.
“Las aves son muy buenos indicadores de calidad ambiental”, explica.
Cuando el clima cambia, los colibríes lo sienten primero. En su trabajo de investigación, la doctora Sarahy ha observado cómo pequeños cambios en el ambiente pueden alterar la relación entre plantas y aves. Uno de los más evidentes es el desfase de la floración.
“Cuando ellos están presentes en un sitio es muy palpable cómo el cambio climático afecta a la floración”, señala. Esto significa que los colibríes pueden llegar a un sitio donde antes había alimento disponible, pero encontrarlo fuera de sincronía con sus ciclos de vida.
Aunque su tamaño es diminuto, los colibríes atraviesan ciclos muy complejos, que incluyen reproducción, migración y cambios de plumaje. En cada etapa existen momentos críticos de vulnerabilidad. “Sabemos cuáles son los picos de mayor vulnerabilidad en la vida de un ave: cuando se reproduce, cuando realizan esta migración y cuando cambian de plumaje”.
Para estudiar estos movimientos, se utilizan técnicas como el anillamiento científico, que permite identificar individuos y seguir sus trayectorias a lo largo del tiempo. “Nosotros les ponemos un anillo metálico que contiene un número de identificación. Este amiguito nos va a permitir que después, con suerte, lo capturemos”, dice.
Estos datos permiten conocer conexiones entre hábitats y rutas migratorias, información clave para la conservación. Pero los colibríes también atraviesan amenazas, enfrentan múltiples presiones que no siempre son evidentes a simple vista. La pérdida de hábitat por el cambio de uso de suelo, el uso de pesticidas y la transformación del clima están modificando sus condiciones de vida.
“El cambio de hábitat, el cambio de uso de la tierra que lleva a un cambio de hábitat. Ese es, creo yo, uno de los principales”, explicó.
A esto se suman factores cotidianos como la presencia de animales domésticos en espacios naturales. “Los gatos atrapan muy fácil a los colibríes cuando están descansando”, alerta.
Pero más allá del monitoreo y la conservación, el trabajo científico también ha permitido ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad de la región. En sus investigaciones más recientes, el equipo que lidera la doctora Sarahy ha documentado registros relevantes para el estado, incluyendo la identificación de una especie previamente no registrada en Jalisco.
“Ya entregamos una nueva especie que no tenía registrada Jalisco”, comparte la investigadora con mucho orgullo.
Este tipo de hallazgos refuerza la importancia del trabajo de campo continuo, así como la necesidad de seguir explorando y documentando la biodiversidad, en particular en regiones con alta riqueza natural como el Occidente de México.
Pero más allá del trabajo en campo, la investigación de aves también tiene un componente social. Para la doctora Sarahy, la ciencia no termina en los artículos académicos, sino cuando regresa a las personas. “Siempre me ha gustado alumbrar, y es algo que desde el comienzo de mi profesión mantuve. Regresar la información al lugar de donde la obtengo”.
Esa filosofía se refleja en espacios de divulgación como el Festival del colibrí Ahuachapán, donde la ciencia se comparte con comunidades y estudiantes. También en actividades educativas con niñas y niños, donde el conocimiento se transforma en experiencia directa con la naturaleza.
“La información no la voy a regresar como una tesis, la voy a regresar como el resto de la población entienda, así es como nacen los festivales, en especial el Festival del colibrí”.
Después de años estudiando aves, la investigadora mantiene una idea constante: la naturaleza nunca deja de sorprender. “Cada día me maravillo, veo cómo es la interacción de un animal con una planta, un insecto”.
Para la doctora Sarahy, investigar no es un camino que se cierra, sino uno que se expande con cada observación. “La investigación es un camino que no termina”.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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