martes, marzo 10, 2026
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Del gis al algoritmo: enseñar en tiempos de inteligencia artificial

En un inicio, el conocimiento no se mostraba terminado en el pizarrón, se iba construyendo paso a paso. Hoy la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta más dentro del repertorio docente, pero enseñar sigue siendo, ante todo, un acto de acompañamiento intelectual

Hubo una época —no tan lejanaen la que el centro de la clase universitaria era el pizarrón. El profesor o la profesora entraba al aula, tomaba un gis y comenzaba a escribir. Las ideas aparecían poco a poco: una definición, un esquema, una fórmula, una pregunta. Todo ocurría a la vista del estudiantado. El conocimiento no se mostraba terminado; se iba construyendo paso a paso.

Ese ritmo tenía algo particular. El pizarrón obligaba a pensar mientras se explicaba. Cada línea escrita marcaba una pausa, una oportunidad para aclarar una duda o reformular una idea. Muchos recordamos todavía el sonido del gis sobre la superficie del pizarrón y la sensación de que las ideas iban tomando forma frente a nosotros.

Luego llegaron los acetatos y los retroproyectores. Para quienes enseñaban en los años noventa, aquello parecía una innovación importante. Por primera vez era posible preparar materiales con anticipación: diagramas, tablas o esquemas conceptuales. La clase podía organizarse mejor y los contenidos aparecían con mayor claridad visual. Sin embargo, algo también comenzó a cambiar: lo que antes se construía en el momento empezó a presentarse ya elaborado.

Más tarde apareció una tecnología que transformó profundamente la dinámica del aula: las presentaciones digitales. Programas como PowerPoint se volvieron habituales en la docencia universitaria. Las diapositivas permitían integrar imágenes, gráficos, videos y animaciones que antes no podían mostrarse con facilidad. Muchas clases se volvieron más visuales y, en algunos casos, más dinámicas.

Pero también ocurrió algo que hoy reconocemos con cierta ironía: en muchas aulas la enseñanza terminó reducida a leer diapositivas. Cuando esto sucede, la tecnología deja de ser un apoyo pedagógico y se convierte en un guion rígido que limita el diálogo con el estudiantado. La clase se transforma en una presentación proyectada.

Ahora estamos entrando en otra transición. La inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la educación. Herramientas capaces de generar textos, explicar conceptos, crear imágenes o resumir información están al alcance de docentes y estudiantes. Lo que antes requería horas de preparación ahora puede producirse en cuestión de segundos.

Ante este escenario surgen preguntas inevitables. ¿Qué significa enseñar cuando la información está disponible de manera inmediata? ¿Qué papel debe asumir el profesorado cuando una máquina puede generar explicaciones o resolver ejercicios?

La historia de los recursos didácticos ofrece una pista importante: ninguna herramienta ha reemplazado realmente al docente. El pizarrón no lo hizo, los acetatos tampoco y las diapositivas tampoco. Cada innovación ha modificado la forma de enseñar, pero no ha eliminado la necesidad de quien orienta el aprendizaje.

La inteligencia artificial tampoco cambia esa realidad. Puede ayudar a crear materiales, proponer ejemplos o explorar distintas formas de explicar un concepto. Pero la tarea fundamental de la enseñanza sigue siendo profundamente humana: ayudar a pensar, formular preguntas, generar discusión y acompañar procesos de comprensión.

Quizá el desafío actual no consiste en decidir si debemos usar o no inteligencia artificial en el aula. El verdadero reto es aprender a integrarla con sentido pedagógico. Así como el pizarrón permitía construir ideas lentamente y las diapositivas facilitaron incorporar recursos visuales, la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta más dentro del repertorio docente.

En muchas aulas ya conviven todas estas formas de enseñar. Hay docentes que explican una idea compleja en el pizarrón, utilizan una diapositiva para mostrar un gráfico y recurren a herramientas digitales para generar ejemplos o actividades.

Las herramientas cambian, pero el propósito permanece: enseñar sigue siendo, ante todo, un acto de acompañamiento intelectual. Incluso en tiempos de algoritmos, la presencia del docente continúa siendo esencial.

SOBRE EL AUTOR

Es doctor en Didáctica de la Matemática por la Universidad de Granada, España. Especialista en didáctica del álgebra. Es académico del Departamento de Ingenierías, en el Centro Universitario de la Costa Sur. Es candidato al Sistema Nacional de Investigadores.

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