The XX

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Poco más de media hora cortada en 11 temas bastó para que, en 2009, The XX pasaran de ser una banda más de la pequeña mina musical que es la preparatoria londinense Elliot School (Hot Chip, Burial, Four Tet…), a ganar un Mercury Prize y revolucionar el indie pop con delicadas progresiones armónicas y la perfecta unión de dos voces tersas en melodías inesperadas.
El debut homónimo de Romy Madley Croft, Oliver Sim y Jamie Smith también bastó para tres años de ansiada espera por Coexist, su segundo álbum recién estrenado la semana pasada. Ahora es fácil especular que estos nuevos 37 minutos cortados en 11 temas serán suficientes para esperar por el que siga.
La expectación es una de sus materias primas. Su música está hecha con pocos y muy claros elementos: silencios estratégicos, guitarras que tocan con caricias, largas atmósferas a base de teclado y un ritmo sintético que ahora se ha intensificado en estructuras aún lentas pero más bailables, sin duda reflejo de la era del dub.
Sin grandes sorpresas para quienes no se han cansado de escuchar una y otra vez sus discos como una larga pieza o en pequeñas dosis de desasosiego, Coexist no deja de ser una bocanada fresca. También en sus letras, que hablan de las mismas fronteras invisibles entre la voz que canta y un tú que está casi, pero nunca ahí; ni siquiera en “Our song”, con la que cierra la placa y en cuyas promesas absolutas se puede leer una consecución de las de “Stars”, al final de su primer disco.
Dos caras de una misma moneda, así construyen sus canciones, como umbrales que no se traspasan nunca. El efecto es impresionante, algo parecido a la opresión en el pecho de las largas introducciones de Sigur Rí²s, pero sin la desembocadura grandilocuente. El mejor ejemplo de la refinación que han logrado en este sentido es probablemente “Unfold”, en la recta final del disco. No en vano la revista Rollingstone los ha llamdo “the masters of restrain” (“Los maestros de la contención”).