Miedo y asco en Acapulco

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Hunter S. Thompson fue un periodista y escritor estadounidense, a la vez creador de una forma de hacer crónica de manera muy particular y que él mismo califico simplemente como gonzo. El escritor, inmortalizado genialmente por Johny Deep, en la película de Terry Giliam, Miedo y asco en Las Vegas, publicó el primer texto con las características de este género, titulándolo: “The Kentucky Derby is Decadent and Deprave”, para la revista deportiva Scanlan’s Monthly, con una narrativa distinta, que podría calificarse de subjetiva y con introspección delirante, según los críticos de la época, en que el oriundo de Lousville, Kentucky, narra las peripecias con las que él llega a la carrera de caballos y que en su artículo hace del reportero el centro de la historia. Esta aventura daría un giro por completo al género, para darle vida al que a la postre sería una nueva forma de ejercer el oficio.
El periodismo gonzo hace una muestra de los acontecimientos a los que se enfrenta un reportero al momento de estar efectuando su labor. Es un espejo de historias reales en las que se abre una mirada distinta a la expuesta en los medios. Una mirada alucinada. Un acercamiento al límite, que, como dijera Thompson: “Los únicos que realmente saben dónde se encuentra son aquellos que lo han trascendido”.
Desde el otoño de 2011, con la idea de continuar en la tradición del ya legendario Nuevo periodismo, se realizó la presentación de un proyecto “Delirante”, tal cual el periodismo gonzo, que se centra en una publicación con historias mexicanas e historias del País de la eterna crisis, donde periodistas distinguidos, coordinados por J. M. Servín le dan vida a este llamado “cuaderno cero”.
Formada con textos de Alejandro Almazán, Marco Lara Klahr, David Lida, Eve Gil, Donato M. Plata, entre otros más, que como telón lleva el título de ¡Sexo a la mexicana! y más historias del país de la eterna crisis, este experimento está impreso en gran formato, y con un falso “descuido” que evoca a los fancines más revolucionarios y de bajos tirajes de décadas pasadas.
Según comentó para los medios en la presentación de la revista, J. M. Servín, en la actualidad se da preferencia a un tipo de periodismo más solemne, por lo cual se busca tomar como punto de partida la propuesta del autor de Los diarios del ron, para que algunos de los periodistas literarios de este país “nos den esas crónicas que en algún otro lado pasaron desapercibidas o no les han permitido desarrollar a placer, precisamente por los criterios editoriales que tienen muchos medios impresos en el país”.

Los actores
Alejandro Almazán se “presenta” en la revista como ganador del premio nacional de periodismo en la categoría de crónica, así como una persona que se le olvida pagar la renta, la luz y piensa pedirle el divorcio a su “morra”. En su texto, “Los Acapulco Kids”, el escritor de Entre perros hace una narración de la prostitución infantil en México. Comienza narrando la primera vez que el Jarocho, un franelero del centro histórico del DF, con acné en el rostro, le ofreció a una niña por 300 pesos, haciéndole la advertencia de que a las más “morritas” se las llevaban los gringos.
En la revista también aparecen fotografías del arquitecto Héctor Ballesteros y del diseñador y fotógrafo René Velázquez de León, con diversos paisajes urbanos, con técnicas en que sobresale el documentalismo y las imágenes difuminadas, contando historias a través de la lente.
La última crónica que aparece en la publicación es como una cereza para el pastel de la cultura mexicana, un hecho que se vive en la pasión de fines de semana. El tema: “Una guerra civil”, como lo califica Alfonso Morcillo, al diferenciarlo de un simple clásico. Es así como señala un partido de futbol entre Pumas y América. “En ritual de Awante Puma”, el escritor de Edificio A departamento 69, narra su asistencia al encuentro entre los dos equipos de la capital en el estadio de Ciudad Universitaria y su arribo al inmueble desde que aborda a la línea 3 del Metro.
Con estos y otras vivencias, se estará imprimiendo el periodismo gonzo de un país que todos los días tiene una nueva historia que contar, con el toque delirante que sólo el “país de la eterna crisis” puede poner como contexto.