Lo nacional y otras atracciones

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E06091148. JPG MƒXICO, D.F. Photography/ Fotograf’a- Fotoseptiembre.- En la imagen, ÒRefundaci—nÓ, fotograf’a del argentino Gerardo Suter tomada en 2010. RML. Foto: Especial/ Antiguo Colegio de San

La separación geográfica entre México y Brasil manifiesta su distancia a través del arte fotográfico. Fotoseptiembre arrancó en el antiguo colegio de San Ildefonso, en Ciudad de México, con un diálogo entre imágenes provenientes de los dos países. Modernismos: México-Brasil encabeza la muestra de este año, con 160 fotografías pertenecientes a dos generaciones de artistas.
En México el periodo postrevolucionario nos construyó una mirada distinta, gracias al trabajo de Manuel ílvarez Bravo, Agustín Jiménez y Luis Márquez, fotógrafos seleccionados para mostrar el sol y las sombras de la mirada que rápidamente se consideró “nacional”.
Desde el 6 de septiembre la vanguardia fotográfica del siglo XX en México y Brasil muestra la riqueza y originalidad lograda por fotógrafos que vieron aquel mundo desde la subjetividad. El resultado en cada caso fue la incorporación de una nueva propuesta visual.

El niño y los pescaditos
“Perfeccionando el ojo por la exacta visión del instrumento, quedaban abiertos a la sensibilidad, nuevos caminos: cuando los ojos ven lo que nunca vieron, el corazón siente lo que nunca sintió”, escribió Manuel ílvarez Bravo sobre su apuesta estética y la de su generación. Las salas de San Ildefonso guardan las silenciosas sombras que se tejen en una canasta vacía, en un textil bordado que descansa sobre una piedra, en los tradicionales juguetes del día de Corpus o las famosas jícamas desnudas de ílvarez Bravo.
Para Agustín Jiménez la figura humana se integra serena, en poses y espacios que parecieran tan antiguos como la tradición de la que escapaban. De especial interés resulta su serie “Tlacotalpan”. En ésta, Jiménez carga de sofisticación y belleza las redes de padres, hijos y hermanos, que dentro o fuera del Papaloapan atrapan diminutos pescaditos.
Para estos fotógrafos de los treinta y cuarenta hay un mundo que por ser tan cercano, era también invisible. Y justo esa fue su apuesta: traer ese universo a la consciencia a través de la fotografía. Los objetos se comunican en un diálogo arbitrario de formas, líneas y volúmenes.
Luis Márquez tuvo una perspectiva más cercana al mundo puramente citadino a partir de la segmentación de estructuras arquitectónicas, con las que construyó nuevos espacios para que el ojo habitara. Destacan los estudios que realizó sobre escaleras de distintos edificios. Si bien en todos hubo una curiosidad latente por la arquitectura moderna, la tendencia se dirigía a la tradición manifiesta en las cosas, en aquello que viste o desnuda a los modelos dentro y fuera de su actividad social, en la inesperada colocación de lo que se expone y abre para ser visto con la formalidad que da el recuadro fotográfico, en el juicio que privilegia un puñado de clavos, un conjunto de tunas o calaveras de azúcar. En las 75 imágenes se manifiesta la cultura postrevolucionaria de aquel México.

Ciudad e industria
La colección Itaú, de Brasil, compuesta por 86 obras de 27 artistas, aborda principalmente el movimiento fotocubista brasileño de los años cincuenta y sesenta. Estas imágenes contrastan sensiblemente con las mexicanas. Para los artistas brasileños Eduardo Eufeldt, José Yalenti, José Oiticica Filho y Germán Lorcas, la modernidad se encuentra en la descomposición estructural de la arquitectura urbana. El Brasil que exponen estos trabajos es absolutamente industrial, desarrollista, concentrado en la urbe, sus trazos, formas y laberintos.
Si bien el momento histórico de ambas colecciones tiene una diferencia de dos décadas, llama la atención la preocupación confrontada de la estética de los brasileños frente a los mexicanos. Si atendemos a las imágenes de ílvarez Bravo, Agustín Jiménez y Luis Márquez, encontramos la reflexión de una estética ubicada en la cultura posrevolucionaria, en la que la frontera entre los universos rural y urbano sigue sin definirse, mientras que para los brasileños todo es metal, estructura y desarrollo de las formas abstractas que erigen las ciudades.
Además de estas dos muestras, Fotoseptiembre presenta en San Ildefonso: DF, penúltima región y moderna para siempre, de Gerardo Suter.

Instante y revelación: Manuel ílvarez Bravo *
Octavio Paz
Las fotos de ílvarez Bravo fueron una suerte de ilustración o confirmación visual de la experiencia verbal a la que me enfrentaban diariamente mis lecturas de los poetas modernos: la imagen poética es siempre doble o triple. Cada frase, al decir lo que dice, dice otra cosa. La fotografía es un arte poético porque, al mostrarnos esto, alude o presenta aquello. Comunicación continua entre lo explícito y lo implícito, lo ya visto y lo no visto. El dominio propio de la fotografía, como arte, no es distinto al de la poesía: lo impalpable y lo imaginario. Pero revelado y, por decirlo así, filtrado, por lo visto.
En el arte de Manuel ílvarez Bravo, esencialmente poético en su realismo y desnudez, abundan las imágenes, en apariencia simples, que contienen otras imágenes o producen otras realidades. A veces la imagen fotográfica se basta a sí misma; otras se sirve del título como de un puente que nos ayuda a pasar de una realidad a otra. Los títulos de ílvarez Bravo operan como un gatillo mental: la frase provoca el disparo y hace saltar la imagen explícita para que aparezca la otra imagen, la implícita, hasta entonces invisible. En otros casos, la imagen de una foto alude a otra que, a su vez, nos lleva a una tercera y a una cuarta. Así se establece una red de relaciones visuales, mentales e incluso táctiles que hacen pensar en las líneas de un poema unidas por la rima o en las configuraciones que dibujan las estrellas en los mapas celestes.

*Fragmento del prólogo al libro Instante y revelación (treinta poemas de Octavio Paz y sesenta fotografías de Manuel ílvarez Bravo), México, 1982.