La renovación editorial en Guadalajara: retos y condiciones de las revistas culturales

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Cómo se trabajan la longevidad, trascendencia e influencia de una publicación cultural? Si bien la mayoría de las revistas culturales comienzan insertadas en un modelo de estructura experimental, bajo criterios de una agrupación estética, ideológica o política, con el paso del tiempo y el empeño de sus hacedores, a partir de tropiezos y errores, algunas llegan a transformarse en entidades sustentables, reconocidas y referenciales para una generación y su entorno; mientras que, las más, se ven forzadas a concluir su trabajo después de un breve periodo de publicaciones.
Es un hecho que los nuevos editores tienen mucho qué recorrer y aprender, y están lejos de llenar los huecos que otras revistas han dejado en nuestra región (Pan, Et Caetcera, Bandera de Provincias, Estaciones, Campo, Ariel, entre otras). Sin embargo, el ciclo se reinicia hasta ahora con nuevas revistas como continuadoras de una tradición cultural. Pese a las crisis políticas, de poder, gobernabilidad y economía, vivimos, más que un renacimiento o brote aislado, una renovación del movimiento editorial.
Las problemáticas para los editores de revistas siguen siendo las mismas desde hace décadas: financiamiento, profesionalización, organización y distribución. No obstante tal escenario, llama la atención que de enero a agosto de este año, Guadalajara haya dado nueve revistas culturales nuevas: KY, Numen, Poliedro, La Zona, Entre Piso, La Membrana, 3C, B120, y la revista digital por internet Oh Dear!
A Algunas de estas publicaciones sólo se les conoce un número, como a Poliedro; a otras, dos o tres, como Numen, La Membrana, 3C, La Zona y Entre Piso; sólo una se ha consolidado ya con ocho ediciones, como KY, y las otras dos (B120 y Oh Dear!) acaban de lanzarse.
Hacer una revista cultural no es complicado. Mantenerla, organizarla, administrarla y financiarla sí lo es, y mucho. De 1990 a 2008 surgieron 52 publicaciones de corte cultural en Jalisco, tanto financiadas por instituciones como elaboradas de manera independiente de una partida gubernamental fija; de éstas, sólo de 13, es decir, menos de 30 por ciento, hay un registro de actividad vigente, irregular, pero al fin vigente.
Este índice de mortalidad de revistas se debe a muchas causas: la principal es que se llega a perder el motor que las justificó, al disolverse el equipo que las elaboraba. La segunda es la falta de planeación y profesionalización del proyecto editorial: al concebir una revista se piensa en todo, menos en quién venderá la publicidad de los números 2 y 3, quién pagará el diseño, quién costeará la renta de la oficina o en casa de quién instalarán la bodega, quién y cómo harán los trámites legales.
Después viene el financiamiento. Es por demás llamativo que, salvo 3C y B120 (editadas por la UdeG), casi todas estas nuevas publicaciones tienen en común la no dependencia editorial y económica de una institución pública o privada. Todas aceptan la compra de publicidad y una de ellas, Numen, se lanzó con apoyo del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco (CECA).
Por tanto, se habla de renovación y no renacimiento del movimiento editorial, porque estas nueve revistas aparecidas durante 2009, se suman a las trece publicaciones culturales editadas desde hace tiempo en Guadalajara y su zona metropolitana: ígora, Tú tienes la palabra, Luvina (UdeG), Estudios Jaliscienses (El Colegio de Jalisco), Xipe Topec (Iteso), Reverso, La Manzana, La Rueda, Va de Nuez, Papalotzi, Letrambulario, Replicante y Metrópolis (independientes). De estas trece revistas que ya existían al inicio de 2009, son pocas (Estudios Jaliscienses, Luvina, Replicante) las que han mantenido su periodicidad regular de publicación; mientras que otras no han logrado al menos tres ediciones en lo que va del año.
Lo cierto es que tanto las recientes como sus antecesoras, juntas, son un mosaico para todos los gustos: las hay gratuitas, institucionales, de moda, cómic, crónica, literatura y fotografía. Todas conforman un registro creativo y social de la Guadalajara en que vivimos.
Todas deberán considerar el financiamiento y la profesionalización como los factores básicos para su desarrollo, junto a su perfil editorial y estructura comercial. Sería imposible desarrollar un proyecto de más de tres números o veinte páginas (la una o la otra, y en el peor de los casos ambas) sin el respaldo institucional o sin un esquema de mercadotecnia y comercialización que soporte el desgaste económico de la edición. De igual forma hay que partir de principios administrativos básicos, confiar tareas específicas a especialistas y dejar el paternalismo de sus editores fuera de estas latitudes. De lo contrario el fracaso será evidente e inmediato.
Valdrá la pena esperar, no mucho, tal vez seis o doce meses más, para ver cómo estas nuevas publicaciones se adaptan al gusto de sus lectores, a la inercia del mercado y la publicidad y a las políticas de apoyo (si es que las hay) de parte del Estado.

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