«La pasión según G. H.» en cinco cuadros y una nota

Para celebrar el centenario de la escritora Clarice Lispector, el Centro Documental Carmen Bacells ha preparado un homenaje que se transmite en vivo vía Facebook este miércoles a las 17 horas, en el que el escritor Jorge Martín Gómez Bocanegra ofrecerá una conferencia magistral de la que a continuación le proponemos un fragmento

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Con La pasión según G. H., de Clarice Lispector, al leerla la primera vez hace más de veinte años, y la he vuelto a leer otras tantas veces, mi memoria ha cedido el paso, desde entonces, al desconcierto y al embeleso hipnotizador que he experimentado con cada línea de esta obra tan concentrada en los vaivenes del pensamiento, particularmente el que llaman irracional.

Considero que La pasión según G. H. lo mejor es vivirla que leerla, y como en la vida misma, será necesario experimentar el paso de los instantes irrepetibles para obtener la profunda pasión que se padece con los momentos de lo efímero, de lo escalofriantemente efímero que provocan tantas ideas, en un vaivén a veces lento y tortuoso, más lento y tortuoso que un insomnio, porque en éste, lo que se ofrece es un vivir que quita el sueño.

En la obra de Clarice Lispector, el pensamiento y la emoción no se distancian, sino que se entreveran en un tiempo de minuciosa mirada; mirada acompañada de poderosas intuiciones, a través de un espacio ilimitado, cuyo origen experimentado y padecido por G.H. radica en la prístina existencia de la vida. Hasta cierto punto, se trata de un espacio vital, indiferenciado e inaccesible a los parámetros de la razón. Un espacio que bien podríamos llamar sagrado.

Hablar de esta singular obra, recurriendo a relaciones comparativas para obtener las semejanzas y las diferencias que podría haber con otras obras y con otros autores, sería como obstinarse en no ver ni escuchar todo lo que La pasión según G. H. ofrece a raudales.

Desde luego que esto no quiere decir que dicha obra haya nacido de la nada o que todo lo que hay en ella sea incomparable –directa o indirectamente- con otras tantas obras que la precedieron. Lo que quiero subrayar es que La pasión según G. H. es y ha sido, para mí, un mundo de vida imposible de asemejarse a los mundos de vida que he encontrado en otras tantas novelas. En la gran mayoría de éstas, lo fundamental está en sus historias, en sus personajes por los que se organiza una idea de mundo social y cultural.

Desde luego, hay novelas que resultan inolvidables por el tratamiento que hacen del lenguaje. En La pasión según G.H., además del tratamiento del lenguaje -como en la gran mayoría de las obras que escribió Clarice Lispector- lo que la vuelve particularmente enigmática es el rico mundo de experiencias sensoriales que entrega al lector, en el cual acaba sucediendo que se alcancen estados de conciencia alterados, que bien podríamos llamar experiencias místicas, religiosas e incomprensiblemente sagradas.

En La pasión según G.H., si algo la hace inolvidable es, precisamente, la ausencia de una organización social y cultural representada con diferentes personajes. En realidad, la historia que aparece en La pasión según G.H. presenta los contornos de un trasunto, en apariencia, simple. Narra acerca de una mujer llamada G.H., escultora, sin marido ni hijos, cuya libertad procedía de ser financieramente independiente. Es una mujer que vive en lo más alto de un edificio de varios pisos, en la ciudad de Río de Janeiro, y que, tras haberse quedado sin sirvienta, decide un día ponerse a limpiar y ordenar todo en su departamento.

En estas tareas se encuentra, cuando descubre los dibujos hechos por Janair, su exempleada de casa, quien los trazó en uno de los muros que hay en la habitación donde descansó y durmió por varios años . Es en esta misma habitación donde acontece el descubrimiento de la cucaracha, a partir del cual el relato que va tejiendo G.H. con los juegos de un lenguaje proveniente del inconsciente, permiten que nos convirtamos en testigos de todas esas meditaciones, de todos esos ensueños, de todas esas pasiones que acontecen en el cuerpo y en la mente de G.H.

“La renuncia es una revelación” (pág. 152). Esto lo dice G.H. en la última parte capitular. Y en el último párrafo con que cierra el relato, concluye:

«El mundo no dependía de mí; esta era la confianza a que había llegado: el mundo no dependía de mí, y no comprendo lo que digo, ¡nunca! Nunca más comprenderé lo que diga […] ¿Cómo podré decir, sino tímidamente: la vida me es? La vida me es, y no comprendo lo que digo. Y entonces adoro…» (pág.154).

Ante lo incomprensible y divino que puede ser lo real, para G.H. sólo queda adorar la vida, la vida que le es, y que no puede ser reducida sólo y nada más a una vida humana, sino también, y primordialmente, a la vida inhumana, que es la que le ha permitido cobrar conciencia del valor que posee la acción de renunciar y que es la que la lleva a afirmar: “La renuncia es una revelación”.

*Conozca ésta y demás actividades del Centro Documental de Literatura Iberoamericana Carmen Bacells, también en su página de Facebook