La espina en el ojo

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Entre las rutinas que en la actividad teatral se desarrollan durante el aprendizaje, hay una en apariencia simple y de fácil realización: es aquella en la cual el actor debe sostener su mirada en la del compañero. Durante el ejercicio los ejecutantes no deben reírse, ni irritarse, menos dejar caer los ojos, ya que entonces se vuelve a comenzar hasta lograr el sostenimiento con naturalidad. Nadie debe doblegarse ante la mirada del otro. Lograr el objetivo lleva a los iniciados en el arte dramático a mantenerse firmes y claros en su pensamiento. No debe existir el temor ni el temblor. Deben, sobre todo, fluir.
En apariencia sin chiste, el acto debe permanecer durante toda la vida; es decir, fortalecerse para lograr la sinceridad en cada actuación, y tiene una relación directa con la vida, con la existencia de cada ser. Después de haber aprendido, el verdadero actor continuará su carrera hasta que el tiempo lo permita, sin olvidar lo ejercitado en ese rito, pues se relaciona con el modo de mirar la vida y a los demás; y logra, en todo caso, conformarlos de una sola pieza. La mirada no lo es todo. El actor debe aprender a observar y a enriquecerse. Es un rigor, entonces, ver de manera crítica. No comprender el compromiso adquirido y no mirar de frente a la vida, es signo de debilidad.
Gabriel Retes, quien se inició muy joven en la actividad teatral, aprendió bien la lección: durante cuatro décadas ha logrado mirar de frente y con crítica al sistema del Estado mexicano, a la sociedad y a sí mismo, creando con su labor una coherencia lúcida y aleccionadora. Hijo del director de teatro Ignacio Retes y de la actriz Lucila Balzaretti, desde niño convivió con los más importantes artistas del país, ya que sus progenitores –reconocidos y queridos en el medio cultural– recibían en su casa a intelectuales y artistas que, a lo largo del tiempo, se convirtieron en fundamento de la historia de México.
Por propia cuenta Gabriel, a partir de los doce años, comenzó a hacerse de un espacio, una lucha y un nombre propio. Como joven actor estuvo acompañado de Ignacio López Tarso, Enrique Rambal, José Gálvez, Lucy Gallardo, Leonor Llausas. Ya en los escenarios cinematográficos ha sido dirigido por Jorge Fons, Luis Alcoriza, Miguel Littin, Gilberto Gazcón y Alejandro Galindo. Su actuación en Los albañiles (obra literaria de Vicente Leñero), le dio la experiencia y la aspiración de convertirse en director de cine, donde ha destacado desde los años setenta, cuando dirigió su primer largometraje: Los años duros (1972), al que siguió Chin Chin el teporocho (1975), este último basado en la novela del cronista del antiguo barrio de Tepito, Armando Ramírez.
Perteneciente a la generación de artistas que vivieron en carne propia los acontecimientos de Tlateloco, y formado por el cine que se generó a lo largo de la década de los setenta, Retes ha sido fiel a sus convicciones. En 1991 nos hizo voltear de nuevo a los hechos sociales y políticos posteriores al México 68, con su filme El bulto, que describe los cambios de la sociedad mexicana, veinte años después de los acontecimientos ocurridos el jueves 10 de junio de 1971. La historia conoce el hecho como “La masacre de Corpus Christi” o “El halconazo”, y forma parte de la Guerra Sucia, en la que estudiantes de la capital, en apoyo a sus similares de Monterrey, se manifestaron y, aunque el entonces presidente Luis Echeverría ílvarez se desligó siempre de ordenar los hechos, se le culpa socialmente de enviar al grupo paramilitar Los Halcones a reprimir a los jóvenes manifestantes. En las calles –afuera de la estación del metro La Normal– algunos de ellos fueron asesinados.
Conciencia intelectual, luchador social desde el cine, Gabriel Retes, con El bulto, nos retorna a observar los cambios que ha sufrido a lo largo del tiempo la sociedad mexicana, sobre todo en el caso de la (casi extinta) clase media y la historia nacional, temas relevantes en toda su filmografía. Su obra, que pone invariablemente el dedo en la llaga, describe porqué él es uno de los más importantes directores, y porqué algunas de sus películas son consideradas entre las mejores del siglo XX mexicano.