Instrucciones para escuchar el fuego

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Naranja, rojo y amarillo… la radio se encendía a la misma temperatura en la que el papel de los libros se enciende y arde, a través de la radionovela Fahrenheit 451, basada en la novela de Ray Bradbury, quien contó alguna vez, que cuando tenía menos de 14 años, lo más emocionante para él era “correr a la biblioteca cada lunes por la noche”.
Dedos que dejan huella en una noche de septiembre, con el cielo encapotado. Un lunes cambiante, justo antes del horario estelar de las novelas (televisadas), el fuego transformaría la manera de leerlas. Desde ese día Fahrenheit 451 también se podrán escuchar a las ocho en punto por Radio Universidad de Guadalajara.
Es así como el aroma despertó los sentidos a lo largo de 25 minutos de conversaciones entre Montag y Clarisse, protagonistas del primero de 10 capítulos, que a pesar del constante olor a humo, las fragancias de frambuesas y albaricoques, se colgarán del oyente cada lunes, martes, jueves y viernes, hasta el 6 de octubre.
La radionovela se prestó para recrear la literatura del autor, que pese a la ausencia de la luna en Guadalajara, los efectos, la voz y la ficción se fundieron en honor a la palabra, mostrando con claridad los rostros y las voces de los actores Javier Lacroix, Érika Hernández, Rocío Aro, ílvaro José Gómez y Alfredo Sánchez; la adaptación de la obra de Bradbury estuvo a carga del escritor y periodista Mariño González, que forma parte del proyecto The big read, que por primera vez se realiza en Latinoamérica, gracias al apoyo del consulado de Estados Unidos, en conjunto con la Fundación de la Universidad de Guadalajara, la Dirección General de Medios UdeG y la participación de autoridades municipales y estatales.
Un proyecto de sensaciones, bajo la dirección de Cecilia Fernández, cuyo fin es salvar a los libros y a los lectores que no consumen libros, como el fuego puede consumir en minutos breves diálogos entre Clarisse y Montag: ¿Lee alguna vez alguno de los libros que quema?, ¡Está prohibido por la ley. O como diría el propio Bradbury, en el prefacio de su libro Fahrenheit 451: “no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe…”
Hasta el próximo capítulo.