Hernán del Riego

738

Confiesa que vive con cierta esquizofrenia: músico por herencia familiar del lado de su madre y actor por decisión, ha tratado de conjuntar sus talentos en escena. Esa duplicidad que a veces lo confunde ha sido también su salvación, pues su agenda está siempre llena. Tras cosechar elogios tapatíos por su interpretación de La Muerte, en la ópera Santa Anna, de Carlos Fuentes, el año pasado. Está por estrenar el 11 de septiembre, Mexican Rainbow, espectáculo de cabaret que dirige junto a Circe Rangel.

Cabaret
Justo lo que no se puede decir en casa de la tía Conchita o la tía Cuquita, es lo que debe decirse en el cabaret: política, sexo, religión… Pero si todo el peso queda en la denuncia y la crítica, se pierde el balance. La música es parte del espectáculo, y el cabaret mexicano le debe mucho al teatro de revista, además de sus raíces europeas en el periodo de entreguerras. Para mí, es la unión del canto y la actuación, pero en un género moderno y no anquilosado, como la ópera… aunque la ópera me genera sentimientos encontrados: me gusta mucho Rossini, por divertido, y Wagner por enorme, pero no soporto una Traviata más.

Angustias
Si pudiera escoger mis angustias, les pondría este orden: cantar, actuar, componer, y dirigir al final; porque puedo manejarme mejor en escena. También tengo temporadas: a veces hago mucha música, pero extraño el histrionismo, y luego me falta cantar… Pero hago de todo cuando se necesita.

Mexican rainbow
Han sido cuatro meses de idas y venidas, pero ya estamos aterrizando. En este espectáculo queremos explorar el deseo de los mexicanos, que queremos ser muchas cosas, menos mexicanos. Y eso es negar lo propio: negarnos. Durante la colonia había una jerarquía de castas, y una de las mezclas se llamaba “No te entiendo”. En esa es en la que estamos todos ahora. Y Jalisco en específico, que es la tierra del mariachi y el tequila, se enorgullece de tener una zona donde abundan los gí¼eritos, aunque el mexicano promedio es moreno. Por eso el subtítulo “¡Ay Jalisco, no te aprietes!”

Tijuana
Es un experimento brutal. Es una ciudad de violencia y belleza, cosmopolita, joven (tiene apenas 118 años) y con un proceso cultural propio y esperanzador. El resto del país vive en la apatía y la depresión. Por eso me fui a vivir ahí, porque quería salirme del DF y es la única otra ciudad con cierta libertad.