Entre discretos y pezones

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Nada de pelucas, ni tacones capaces de destrozar un tobillo, ni licras untadas en las piernas recién depiladas. Eduardo viajó desde Lagos de Moreno hasta Guadalajara. Se alejó de la zona cristera y caminó sobre la avenida Hidalgo. Este hombre rapado, blanco y delgado fue vestido con pantalón de mezclilla, usó una camisa blanca que llevaba del lado derecho un pequeño arcoiris, del cual salía la palabra “Lagos”, y de la G se formaba, de manera vertical, la palabra “gay”. La música aturdía, con esfuerzo por hacerse oír, contó que el lugar donde vive “es una región altamente conservadora pero al mismo tiempo va teniendo apertura y tolerancia. Por ejemplo, tenemos un grupo en el que estamos haciendo trabajo con hombres que tienen sexo con hombres, en cuestiones de prevención y educación a la comunidad para la tolerancia a la diversidad”.
En Guadalajara dos hombres besándose en la calle ya no generan escándalo, pero en Lagos de Moreno aquellos con preferencias sexuales distintas aún deben caminar con cuidado. Eduardo conoce esas historias: “Sí hay discriminación en Lagos, incluso ha habido crímenes contra travestis y transexuales. Luchamos para erradicar eso y crear una cultura de tolerancia”. Él cree que la posibilidad de una marcha por la diversidad no es cercana, sin embargo, espera que algún día esto ocurra en su terruño.
Él no fue el único discreto en la marcha. Los “osos” no ofrecieron gestos seductores ante el lente de los fotógrafos. Ellos son hombres con barba, corpulentos y hasta musculosos que viven abiertamente su homosexualidad mas están orgullosos de su masculinidad. Respetan a quienes viven su homosexualidad de manera afeminada y les gustan los hombres y no se comportan como mujeres. Entre la colorida multitud, uno de ellos sostuvo una bandera con tonos café y negro que llevaba marcada la huella de un oso.
Al frente de la marcha tres caballos, y tras su galopar las consignas: “Derechos iguales para lesbianas y homosexuales” y “No que no, sí que sí, ya volvimos a salir”.
Durante la marcha, la ciudad se pinta de arcoiris y pocos son reservados. Las pelucas rosa fuccia de travestis con pestañas gigantes contrastaron con lo opaco del pavimento. Los ojos de los asistentes se clavaron en dos pezones talla 40. La dueña del implante caminó orgulloso restregando sus medidas al resto de los asistentes. Sólo un short negro la cubrió y arriba nada de opresión.
Para los que marcharon discretos pero querían portar su orgullo gay, el ambulantaje fue diverso. Rosalba, acompañada de su novia, ganó dinero porque sabe que la diversidad vende. Esta artesana hace aretes, pulseras y collares, sus ventas aumentaron el día de la marcha. En el Distrito Federal tiene una tienda de artículos para la comunidad. Toda la mercancía lleva el emblemático arcoiris que como dice esta vendedora “representa a la comunidad porque la sexualidad es diversa y cada quien elige si es homosexual, heterosexual o bisexual”.
Colegialas, bailarinas al estilo Las Vegas y marinos con músculos marcados de los que escurría sudor, fueron los personajes que se elevaron en los carros alegóricos mientras abajo los mortales los enaltecían con piropos y chiflidos. A lo largo de las banquetas de la avenida Hidalgo, estuvimos los que disfrutamos del voyeurismo. La escena era similar a los desfiles del 16 de Septiembre o el de las Fiestas de Octubre.
La reina, Julisa, de ojos verdes y pelirroja, no sufrió cansancio alguno, cuando mucho su cara se enrojeció. Sus zapatillas no se gastaron porque viajó en la comodidad de una limusina, son los privilegios por ser la reina del bar Caudillos. Desde que era niño soñó con ser reina, así que se inscribió al certamen de belleza, pasó las pruebas de traje típico, vestido de noche, traje de baño y la sección de preguntas. Ganó y por eso llevó la corona en la marcha, su familia está orgullosa de su reinado. Mientras ella viajó en la limusina, a su costado caminó su novio, él no contó con la misma suerte que la realeza: su familia no acepta su preferencia sexual.
Al terminar la marcha gay, la invitada especial, la cantante Regina Orozco contó que a los 16 años decidió exponerles a sus papás que era lesbiana. “Me corrieron de mi casa, pero después mis papás tuvieron la oportunidad de crecer y respetarme, y yo decidí hacerme respetar. Entonces les invito a ustedes a que lo platiquen con sus papás así, al chile, y si los corren de sus casas tienen muchos huevos para poder seguir. Si alguien dice un chisme homofóbico tipo Polo Polo de mierda, el papá o los hermanos van a decir ‘Ni madres, mi hijo es gay o lesbiana y lo respetan’”. El discurso paró y Regina con su voz soprano regresó a los asistentes a la época disco con la canción de Gloria Gaynor “I will survive”. La lluvia llegó más tarde, pero la ciudad por un día estuvo invadida de arcoiris.