El laboratorio electoral

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En medio de la peor crisis de credibilidad en su historia, los partidos políticos enfrentan el año 2015 con el desafío de recomponer su imagen para evitar el abstencionismo e incentivar la participación en los próximos comicios. Sin embargo, aún hay incertidumbre de cómo el recién creado Instituto Nacional Electoral (INE) podrá aterrizar las nuevas reglas avaladas hace unos meses. Es decir, la próxima jornada de votaciones se convierte en una suerte de laboratorio electoral.
“Sin duda el panorama en este año de efervescencia electoral es complejo, en los ámbitos nacional y local. Lo que sucedió en Guerrero, que llegó a manchar a los partidos, a las principales fuerzas políticas, tendrá ciertos efectos. Tratarán de convencer a la ciudadanía de que ellos no tienen nada que ver con el asunto de Ayotzinapa, que estuvo muy fuerte en la agenda Ayotzinapa. Por otro lado, veo a una ciudanía desencantada de los políticos”, consideró Joaquín Galindo Díaz, coordinador de la licenciatura en Estudios Políticos, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
Agregó que si bien el descrédito proviene de años atrás, la situación se agudizó en los dos o tres últimos meses de 2014:
“Deben convencer a la ciudadanía de que el contexto de Guerrero no tiene que ver con sus intereses y visiones regionales. Cada región tiene sus características”.
A pesar de la urgencia por limpiar su imagen, todo indica que los partidos políticos volverán a caer en la tentación de emprender campañas de guerra sucia para enlodar a sus adversarios, sobre todo a los punteros.
“Ellos deberían olvidarse de eso y más en esta coyuntura de descrédito. Sin embargo, en la operación política de un partido siempre está considerado atacar al adversario. Creo que por más que quieran evitarlo, lo harán, porque una cosa es lo que dice la ley y otra lo que hacen en la práctica. Lo hemos visto en todo proceso electoral. Eso seguirá existiendo, más enmascarada si quieres, pero esa técnica para quitar votos al que lleva ventaja no la dejan. Más bien habrá que ver si ahora sí las elecciones intermedias tienen menos participación. Los partidos deberían dejar de lado las campañas negativas.
“El uso de redes sociales o herramientas digitales podría facilitar la guerra sucia, sobre todo ante la complicación que existe para determinar el origen de los ataques. Es un espacio que no está regulado y al que tienen acceso 40 millones de mexicanos”.

Nuevas reglas, nuevas dudas
Otra de las incógnitas radica en la manera en que funcionarán las nuevas leyes y el recién creado Instituto Nacional Electoral, que aglutina ahora a los organismos desconcentrados que sustituyen a los institutos locales, pues ahora la capacitación y la operación logística deberá ser compartida entre ambos entes.
“Creo que no estábamos tan mal con el IFE y con los institutos electorales a nivel local. Estábamos trabajando bien y se hace esta reforma, que fue moneda de cambio del PAN para firmar la reforma energética, y ahora salió este Frankenstein. Ya vimos cómo se tuvo que retrasar por falta de presupuesto el arranque de los consejos distritales aquí en Jalisco. Estamos hablando de los efectos de este cambio que criticamos y que afectó a los estados”, dijo Galindo Díaz.
Aunque una de las justificaciones para la creación del INE fue que habría ahorros económicos, las cifras lo desmienten. Para 2015 este organismo solicitaba 18 mil 572 millones de pesos, de los cuales más de 13 mil serían para gastos de operación, entre los que se consideran la capacitación de funcionarios de casilla y los salarios de los empleados. Esto significa 12 por ciento más que lo que el desaparecido Instituto Federal Electoral (IFE) ejerció en 2012, año en que se efectuaron las elecciones para la presidencia de la república.
“Imagínate. Estar metidos en eso cuando el motivo principal (de crear el INE) era el ahorro y resulta que es hasta más dinero. Eso nos conducirá a otra nueva reforma para corregir los desfiguros de ésta. 2015 será el laboratorio para ver cómo funciona y se tendrán que hacer ajustes para volver a cosas que se hacían antes. Quizá algo innovador que se les ocurra por ahí, pero por lo pronto estamos viendo que no es tan fácil borrar de un plumazo un instituto”, concluye Galindo Díaz.