De Vuelta tres décadas después

47

En 1998, a unos meses de la muerte física de su creador, apareció el último número de la revista mexicana Vuelta, de Octavio Paz. Ni un atisbo de parecido con el resto de los números anteriores, que comenzaron a circular en diciembre de 1976.
El rigor blanco de sus tenaces ediciones, que perduraron a lo largo de veintidós años, se abría del rojo, al verde, luego al blanco, a manera de una contundente —pero extraña— ¿bandera nacional? Una sola frase distinguía a ese primer número: “Estamos de Vuelta”, rubricada por el nombre de quien lanzaba el reto a quienes habían suprimido a su antecesora Plural, la cual circuló como inserto durante cinco años en las páginas del diario Excélsior —cuyo cierre lo perpetró el gobierno de Luis Echeverría a manera de censura. El caso de Excélsior es ampliamente conocido y ha logrado, en todo caso, signar la postura por largos años del Estado-PRI frente a la libertad de expresión. De ese “golpe” al Excélsior nacieron nuevas posibilidades periodísticas con el surgimiento del diario Unomásuno y la revista Proceso, que alentaron de otro modo —y en su momento— a los escritores y periodistas de nuestro país a utilizar la espada de la crítica con buena prosa. El ejercicio ofreció la oportunidad y riesgo de realizar un nuevo modo de escribir en México: esa apuesta dio a la cultura nacional materiales para impecables libros, hoy apreciados por ejemplares.
La revista, en todo caso, desde el comienzo abrió la posibilidad de crítica; algunas líneas recogidas del primer ensayo de su creador indicaron el pensamiento subsecuente hasta el final de su existencia, en una realidad nacional ahora repetida y, por eso mismo, análisis vigentes hasta la actualidad: como si se hubieran escrito hace unos instantes. “Los de izquierda no han podido unirse ni, lo que es más grave, han sabido elaborar un programa de veras nacional que, simultáneamente, sea viable y corresponda a la realidad real de México”. “La izquierda está paralizada por una tradición dogmática y por su pasado estalinista”. “La derecha no existe, al menos como pensamiento político”. “Hay que repetirlo: nuestra obtusa derecha no tiene ideas sino intereses. De ahí que prefiera infiltrarse en el PRI; es más fácil corromper a los funcionarios públicos que presentar a los mexicanos un programa distinto al oficial…”
Más adelante Octavio Paz sigue afirmando contundente, después de un análisis histórico y circunstancial y de época: “El Gobierno vive y crece a expensas de la sociedad. La izquierda y la derecha, el líder obrero y el banquero, el periodista y el obispo, todos, viven a hinojos de la Silla Presidencial, por eso es grave lo de Excélsior: ¿dónde se va a hacer la crítica del Poder y de los políticos?”.
El barco reflexivo comandado por Octavio Paz navegó durante cuatro sexenios priístas: el de Luis Echeverría, José López Portillo, Carlos Salinas y el de Ernesto Zedillo. Con todos fue crítico y ante ninguno se doblegó. Vuelta, tres décadas después, sigue siendo un ejemplo, ante todo, de cómo debe ser una revista. Nos abrió un modo de reflexionar la historia, la literatura y la política. Nos indicó que todo artista debe tener un pensamiento claro en relación a esas entidades intelectuales. Fue una puerta a otras literaturas y a otros pensamientos. No obstante ser la propuesta de un grupo determinado, de unas aptitudes y actitudes ante la literatura, dejó en claro que la democracia es un bien común y una aspiración que debe ganarse con imaginación y persistencia. Mi generación le debe haber tenido la oportunidad de comprometerse con la realidad. Fue —ese es mi caso— una especie de universidad en cuyas aulas de papel se ejerció, de manera dinámica y puntual, el entendimiento de los acontecimientos no solamente de México y Latinoamérica, sino del mundo.
Vuelta también fue —y es aún— la muestra fehaciente de que los poetas, los narradores, los intelectuales y los artistas en general deben mantener la crítica al Poder y enjuiciar al Estado, cualesquiera sea el partido que lo represente. Vuelta es nuestro retorno hacia el pensamiento crítico y la imaginación: el verdadero y único poder de la persona y de la humanidad.