Alaridos para una generación suave

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A nuestro lado una mujer embarazada intenta no saltar, pero no lo consigue del todo. La música es demasiado poderosa. Nos preguntamos cómo será escuchar a los Yeah Yeah Yeah’s protegidos por una bolsa de líquido amniótico. Una vibración extraordinaria: una caja de resonancia punk.
El rock es sexo y Karen O lo sabe bien. El rock también es poder, es paroxismo, es éxtasis. Tres años después esta larguirucha mujer regresa a la ciudad. Aquella vez portaba un traje de licra color amarillo: maldita asesina ninja. Ahora usa vestido y mallas, el porte es el mismo, decidido y dinámico… pero el control del escenario ya no sufre dudas. Karen O canta y la multitud escucha.
Una joven con el cabello azul mira fijamente los desplantes de la vocalista de los Yeah Yeah Yeah’s y corea sin cesar el tema “Heads will roll”. Sobre el escenario, un gran ojo enmarcado por una espiral mira impasible el frenesí provocado por la música.
Desde la ejecución de los primeros cortes, entre los cuales estuvieron “Phenomena” y “Y control”, pudo observarse la seguridad que posee Brian Chase en la batería. Permanece casi estático y aparenta no transpirar ni una gota. Su desempeño fue determinante para el correcto transcurso del concierto, ya que asesta con precisión sus redobles. La respuesta no se hizo esperar con esa base rítmica llena de reminiscencias punk. Fue así como las ansias histéricas del público se desataron sin reservas, entre gritos y aplausos y la excitación que provoca escuchar el canto de Karen O y los guitarrazos de Nick Zinner. Este último ha conseguido dar un toque particular a las canciones del grupo. Zinner: maniático eléctrico.
Mientras, Karen O se follaba al escenario. Lo dominaba, lo recorría sin descanso. Su condición de rock girl recupera la rebeldía y la acerca a personajes míticos como Patti Smith, Debbie Harry, Shirley Manson y por supuesto a la enigmática Siouxsie Sioux. Con un penacho multicolor en la cabeza hace una danza que recuerda al “Rey lagarto”. Es una alucinación breve, pero la imagen quedará grabada en la memoria.

La horda calza Converse
De los sintetizadores emana una música de expiatorio. Karen O se revuelca por el suelo con una máscara mortuoria que se ilumina. La mujer se traga el micrófono mientras chilla como una posesa. Se levanta y mueve su cuerpo robótico al rimo de la guitarra. El público se movía para adelante y para atrás, como esos lectores coránicos que se sumergen en un trance. Al enfocar mejor algo parecía estar fuera de lugar. No veíamos los atuendos maltratados del punk. Las cabelleras no tenían colores ni se levantaban anarquicas por la laca. Una nueva generación (¿la generación Y?) se contoneaba. De repente doscientas mujeres parecían vestir igual, una horda con pantalones ajustados en los tobillos y tenis vintage. Jóvenes hermosas se besaban entre ellas, dulces perfumes contrastaban con los alaridos que venían del escenario. Tal vez todos éramos turistas de este performance nihilista. Tal vez todos somos un poco sonámbulos… al final no deja de ser perturbador escuchar los gritos de Karen O mientras estamos parados sobre una suave alfombra.

El ojo que mira
La temperatura aumentó aún más dentro del teatro cuando llegó el turno para la canción “Zero”. Karen O utilizó su chamarra como un símbolo de identidad y protección, tal y como lo hace James Dean en la cinta Rebelde sin causa. En ese momento el ojo gigante que miraba aquella fanática de cabello azul se dividió en dos, saltando posteriormente hacia un sector del público en forma de pelotas de plástico. La sesión musical se transformaba en un acto de hipnotismo dirigido por los Yeah Yeah Yeah’s.
Casi al final del concierto llegó “Maps”, una emotiva balada que se incluye en su primera grabación y que desde aquel momento vislumbraba la capacidad de mutación que posee la banda. Fue así que con los ánimos todavía encendidos y el espíritu insurrecto al máximo, los Yeah Yeah Yeah’s se fueron después de un encore.
A un lado de nosotros la mujer embarazada descansaba en su asiento. La caja de resonancia se apagaba.
En el aire flotaban pequeñas ‘Y’ de papel metálico…