Farmacias en buenas manos

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La antigua imagen de un “responsable” cuyo nombre solo aparecía mal rotulado afuera de una botica o farmacia está en franco desuso y se rezaga a grandes zancadas gracias al impulso a la carrera de químico farmacobiólogo en las universidades de México.
Esta revolución universitaria le hace justicia a una carrera denostada por mucho tiempo, al grado de que solo se rentaba el nombre de un profesional de la farmacia para colocarlo a la entrada del local y cumplir un requisito.
Hoy las grandes cadenas comerciales de la farmacéutica absorben de manera frenética a los egresados de esta licenciatura, bajo una lógica de servicio al cliente que reivindica las aptitudes académicas de los estudiantes y graduados de dicha profesión.
María del Refugio Torres Vitela, investigadora del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI), lo resume así:
“Esta coyuntura por la profesionalización abre campos de trabajo, por lo que ya tenemos una oferta más de empleo para el químico. Ahora ya no va a prestar su nombre por 100 pesos a fin de aparecer como responsable, sino que tendrá la posibilidad de ser contratado por una cadena de farmacias que considera en su nómina la contratación de químicos, tantos cuantos necesite para atender la demanda”.
La jefa del Departamento de Farmacobiología explicó que de momento desarrollan un convenio con las Benavides. “Ellos están promoviendo la captación de químicos farmacobiólogos en sus farmacias en el país. Lo hacen por su cuenta, sin que sea una exigencia gubernamental, porque ellos así manejan el sistema de atención en otros países, como en Chile”.
 Las reformas legales a su favor
El impulso a la profesionalización de esta carrera y su cascada de beneficios a la sociedad no son nuevos ni presentan meros tintes academicistas.
El 30 de abril de 2003 las comisiones de Ciencia y tecnología y de Estudios legislativos en el Congreso de la Unión aprobaron reformas al artículo 260 de la Ley general de salud, “para fijar con transparencia quiénes pueden ser responsables de esos establecimientos”, indicaba el texto.
En la exposición de motivos se expresa la necesidad de llevar un control de los psicotrópicos y estupefacientes de uso terapéutico, a fin de evitar un empleo inadecuado que cause drogadicción. Así, presenta estrategias de investigación, prevención, tratamiento y normatividad, de tal forma que se proporcione la debida seguridad en el manejo de tales medicamentos.
La minuta del congreso insiste en que debe asegurarse un nivel de calidad en la prestación de servicios. Con el objetivo de reducir la incidencia y prevalencia en el abuso de medicinas, es necesario sentar los parámetros a seguir en la prescripción de las mismas.
En la ponencia “Una propuesta para la innovación del Sistema de Salud Mexicano”, el Colegio Nacional de Químicos de Farmacia y Biólogos expone: “El ejercicio profesional en la farmacia se encuentra en un serio nivel de deterioro en muchos de nuestros países en los que la legislación lo permite o de hecho existe la dispensación de medicamentos sin la participación del farmacéutico”.
El jefe de insumos de la Secretaría de Salud estatal, Ernesto Cisneros Madrid, comparte dicha posición. “Lo ideal sería que todas las farmacias tuvieran un responsable que fuera un químico farmacobiólogo o un químico en farmacias y conociera el manejo de los medicamentos para que haya una mejor dispensación.
“Por desgracia, en México esos negocios no son manejados por farmacéuticos. Son operados por personas habilitadas para atender la farmacia. Entonces si tú tienes un capitalito y quieres abrir una, pues la pones y ahí vas aprendiendo, pero no conoces el arte de dispensar. De ahí que la Secretaría de Salud esté preocupada. Por eso invita a un curso cada dos meses a los operadores de farmacias”.
En Jalisco, según datos de las autoridades sanitarias, existen cinco mil 600 farmacias y tan solo tres mil responsables de estas. Cisneros Madrid explica que la Ley general de salud establece dos tipos. Las que manejan medicamentos como psicotrópicos, estupefacientes, vacunas y hemoderivados, “las clasifica de alto riesgo y deben contar con una licencia sanitaria; lo mismo droguerías que preparan fórmulas, esas también deben tener licencia sanitaria”. Y las boticas y farmacias que no venden medicamentos controlados ni hemoderivados, las cuales son consideradas como de bajo riesgo y solo requieren de “un trámite de aviso de responsable”.
Sin embargo, indica el funcionario, no es lo ideal. Aun cuando se piensa que un medicamento con registro sanitario es seguro, “sabemos que en la realidad no”. Se requiere vigilar su consumo, pues el efecto de cada sustancia varía según la raza de quien la ingiere y las costumbres de cada ciudad. “Corresponde a la secretaría vigilar que los consumidores tengamos medicamentos seguros y retirar” aquellos que representan algún peligro. De ahí la necesidad de llevar un control y tener un especialista en las farmacias.
Como resultado de un acuerdo de colaboración entre la Universidad de Guadalajara y la Secretaría de Salud, por medio del Instituto Jalisciense de Alivio al Dolor y Cuidados Paliativos, han encontrado nuevos medicamentos que causan reacciones adversas. “En 1998 (antes del convenio) solamente se registró uno; ahora en 2005 tenemos 120 notificaciones” al respecto.
El siguiente paso, explica Cisneros, es efectuar un estudio para determinar si realmente se trata de una reacción al medicamento y si esta es leve, grave o moderada. Después, los resultados son evaluados junto con el laboratorio productor.

La automedicación

El 53 y el 68 por ciento de la población se autoprescribe o automedica. Los medicamentos más empleados sin receta son los antibióticos, en especial para el tratamiento de enfermedades diarreicas y de las vías respiratorias

Diversos estudios elaborados durante esta década definen algunos rasgos en el comportamiento de la población mexicana respecto al uso de medicamentos y la automedicación.
Existen dos fenómenos identificados: la autoprescripción, la cual consiste en el consumo de medicamentos para los que se necesita una receta médica pero el individuo adquiere aun sin ella, y la automedicación, que se refiere al consumo de medicinas de libre acceso.
En 1989 la Asociación de fabricantes de medicamentos de libre acceso, A.C. identificó que el fenómeno alcanzaba al 37 por ciento de la población entrevistada en el Distrito Federal y las ciudades de León, Oaxaca y Huajuapan.
Los datos obtenidos en la mayoría de este tipo de estudios indican un comportamiento bastante similar: entre el 53 y el 68 por ciento de la población se autoprescribe o automedica.
Aun cuando dichos estudios se han realizado en zonas urbanas y rurales, no se observan diferencias significativas entre ellas. Lo mismo ocurre al analizar resultados de investigaciones llevadas a cabo en el Distrito Federal y ciudades al interior del país: no hay variaciones importantes.
Los padecimientos citados con frecuencia por el personal de farmacias como focos de tratamiento son las enfermedades diarréicas agudas, infecciones respiratorias agudas, males cardiovasculares y otras infecciones.
Los medicamentos más empleados sin receta son los antibióticos, en especial para el tratamiento de enfermedades diarreicas y de las vías respiratorias. A ellos se suman los analgésicos, antinflamatorios y vitaminas.
Entre los antibióticos de consumo frecuente destacan la ampicilina, penicilinas, trimetroprim con sulfametoxazol, tetraciclinas y eritromicina, los cuales son mal utilizados en su dosificación y tiempo de ingesta.
La mayoría de los estudios enfatizan el impacto de los medios masivos de comunicación en la selección y consumo de medicamentos, así como la importancia de crear programas de adiestramiento para el personal que labora en las farmacias a fin de que orienten a los consumidores en la adquisición de tales sustancias.