El hombre de la eterna sonrisa

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Raúl Gómez Tremari era un apasionado de la arquitectura, creador de algunas de las cúpulas más importantes de la ciudad, y por cuya cátedra han pasado grandes arquitectos. Muchos lo conocían como el hombre de la eterna sonrisa, ya que él consideraba que esa expresión es una actitud hacia la vida. Su amplia trayectoria le ha valido que le hayan dedicado varias publicaciones para hablar de su obra.   

Una de éstas es Los grandes maestros de la arquitectura, de la autoría de Rosa María Sánchez, publicación del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), y la segunda, Monografías de arquitectos del siglo XX, edición del CUAAD y la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, escrita por Sergio Ramos Núñez, ambas con un objetivo: plasmar el legado de uno de los ingenieros-arquitectos más importantes de los últimos tiempos.

Gómez Tremari recibió en 2002, por parte de la Universidad de Guadalajara, el nombramiento de Maestro Emérito por 30 años de enseñanza. “Yo llegué aquí como un extraño. Para mí la universidad más querida es la de Guadalajara”, dijo en una entrevista de 2007 para La gaceta.

Egresado de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional, donde obtuvo su título en 1954, Tremari  tomó cursos a nivel de postgrado en diversas instituciones en el campo del Análisis Estructural, Concreto Preforzado y Estructuras Laminares.

Fue un sobresaliente perito en el sismo de 1985, para evaluar los daños en Guadalajara y Ciudad Guzmán.

Reconocido conferencista magistral, hizo valiosas aportaciones con la publicación de más de diez libros, un legado de textos obligados en su campo de estudio.

Dentro de sus actividades académicas y profesionales, fue catedrático en la facultad de ingeniería, maestro de tiempo completo en la facultad de arquitectura de la UdeG, participó en el diseño y ejecución de importantes obras en concreto reforzado en varios estados de la República.

Su trayectoria académica es muy peculiar ya que fue uno de los maestros más connotados y reconocido por generaciones completas de arquitectos e ingenieros a nivel profesional y de posgrado en la Universidad de Guadalajara.

Sobre la importancia de la enseñanza en su trayectoria, en la citada entrevista dijo: “Lo más importante para un maestro es saber si tiene vocación para la enseñanza. Yo no sabía si la tenía y lo vine a descubrir el primer año de clases. Cuando terminé me di cuenta de que debía prepararme mucho, ya que para ser buen maestro se necesita estudiar de manera constante. Lo que más inculcaba a mis alumnos eran los principios morales, la ética y la eficiencia, que son la base para ejercer una profesión digna”.