Autonomía del futuro

467

Un vehículo que sea capaz de funcionar sin ninguna orden humana y que además capte olores, sonidos, movimientos y aprenda a reaccionar por sí mismo, no es algo futurista, sino un proyecto desarrollado por investigadores del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías.

Jèrôme Leboeuf Pasquier, del Departamento de Ingeniería de Proyectos, junto a un grupo de estudiantes del CUCEI, trabaja desde hace unos años en la creación de un prototipo de última generación, diseñado para aprender y tomar sus propias decisiones.

“No requiere de un plano previo, sino que puede descubrir su entorno y ver cómo resolver problemas de desplazamiento, aprender a evitar gente. La idea es que se adapte al cien por ciento a su ambiente”, dice el investigador.

El robot funciona con un motor, un sistema auditivo y un sistema visual, está dotado de sensores, cámaras y otros componentes tecnológicos que le permiten aprender a base de prueba y error, como si fuera una mascota.

“Básicamente se trata de diseñar gráficamente su cerebro y, basado en un sistema de control, el robot va aprendiendo de su interacción con el entorno. No se programa absolutamente nada: el robot poco a poco va creando sus propios conocimientos. El aprendizaje se concentra en módulos sensores y módulos motores. Cada uno es una estructura dinámica diferente, parecida a las redes neuronales del cerebro, que se va desarrollando para recibir la información”, expresa Leboeuf Pasquier.

Más que órdenes, el prototipo requiere de una motivación, explica el académico. Por ejemplo, puede ser motivado por el olor de gas para buscar una eventual fuga.

Las órdenes las podría recibir en una fase avanzada de desarrollo, de manera que pueda sostener un diálogo con su dueño o “entrenador”. “Por lo pronto su motivación son cosas básicas, como respetar un rango de temperatura, evitar golpes, buscar la luz”.

Un robot de vanguardia con estas características puede ser utilizado, tanto en el hogar, en las empresas, en labores científicas y de exploración o en actividades de protección civil.

“El robot puede arreglárselas solo: puede ser un velador en caso de cuidar un edificio, en una empresa puede encargarse de llevar cosas de un lugar a otro, ser un robot de exploración en lugares totalmente desconocidos. Por ejemplo, después de un terremoto, y usar su capacidad de aprendizaje para descubrir también su entorno”, explica el académico.

Este prototipo integra varios trabajos de investigación que el equipo encabezado por Leboeuf Pasquier ha desarrollado desde hace varios. Hasta ahora registran 95 por ciento de avance en la parte mecánica y electrónica, mientras que la del “cerebro”, que está compuesta de subsistemas motor, auditivo y visual, han avanzado entre el 80 y 90 por ciento.

Una vez concluido el proceso de desarrollo, el prototipo podría ser comercializado. Sin embargo, el académico del CUCEI afirma que este tipo de robots autónomos y de alta tecnología no siempre son bien recibidos por las empresas.

“Siendo un robot autónomo, no es una máquina sobre la cual tenemos un control absoluto. Aprendiendo y teniendo sus formas de actuación no es fácil predecir qué pasaría con él. Empresarios alemanes mostraron cierto interés, pero nos dejaron muy claro que por ahora el mercado era tradicional. Querían robots a la orden, que hagan paso a paso las actividades para las que habían sido programados”. 

Agrega que la misma gente está buscando tener ayudantes en casa, pero la autonomía puede ser algo impredecible y eso les da miedo, por lo que prefieren a un robot que les obedezca.

Leboeuf Pasquier considera que un prototipo con las características como las que desarrolla es una propuesta que podría ser aceptada a largo plazo.