Anabella Giracca

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Nunca iguales. Anabella Giracca lo repitió reiteradamente durante la conferencia que ofreció en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades sobre “El imaginario americano: las raíces del racismo en relación con los derechos humanos”.
Directora del programa Edumaya y de la cátedra UNESCO de Comunicación para el fortalecimiento de la diversidad cultural, en la Universidad Rafael Landívar, la periodista y escritora guatemalteca presentó un recorrido a través de imágenes históricas sobre la representación del indio durante la Conquista y la Colonia, para llegar a los periódicos de la actualidad en Guatemala, en los que según su análisis, se reproducen muchas de estas prácticas discriminatorias y racistas hacia los pueblos indígenas de ese país: “nunca iguales”.
Sin embargo, en su denuncia del burdo asistencialismo y paternalismo gubernamental hacia esos pueblos, de la falta de voluntad para acercarse y comprender al “otro”, y de la violación sistemática de sus derechos humanos, se puede reconocer la situación que viven muchas comunidades indígenas de todo México.

¿Qué hacer para romper esta situación discriminatoria hacia los pueblos indígenas, en particular en las políticas públicas?
Voluntad política. No es suficiente un cambio de estructura: el asunto se debe dar en varios frentes y no únicamente con una ley. Guatemala es uno de los países más avanzados en materia legislativa para la diversidad, pero ello no sirve para nada. El tema educativo es fundamental. Me refiero a una educación intercultural bajo principios humanos, de diversidad y solidaridad. Se necesita implementar el respeto absoluto de la diferencia, bajo principios de igualdad. Se requiere dar un paso de lo estético a lo ético, en el que el otro quede como un valor y un actor con el cual sentarse a dialogar.

¿Cuál es la situación de los derechos humanos en Guatemala en general, y de las comunidades indígenas?
La mitad de la población padece desnutrición crónica infantil, que se acentúa en las poblaciones indígenas, donde llega hasta el 90 por ciento. Esto dice que Guatemala es un país que padece de hambre. Estamos hablando del derecho a la vida, no digamos lo demás. En los servicios públicos, tenemos que a más ruralidad, menor atención, y sobre todo con los indígenas. Está el tema de la tierra, el de la minería y la defensa del territorio.

El proceso a Ríos Montt —por quien la Fiscalía pidió la semana pasada una condena de 75 años—revivió en la opinión pública el tema del genocidio. ¿Cómo está viviendo el país dicho juicio?*
Es un tipo de proceso que se está dando por primera vez en América Latina y quizás en el mundo, en el que se juzga a un militar en su propio territorio. Es un juicio que está despertando no sólo más racismo, sino también muchas diferencias y un retorno a un conflicto armado e ideológico bastante complejo. Por primera vez en la historia, tienes a 200 mujeres sentadas en un tribunal buscando justicia bajo los principios de un Estado de derecho. Sin embargo, la defensa de Ríos Montt ha sido grosera. Está buscando mañas legales para interrumpir el juicio de forma, pero el tema de fondo no se está tratando: las atrocidades vividas durante el conflicto armado y el genocidio perpetrado en contra de los pueblos indígenas.

Tú eres autora de dos novelas de ficción: ¿cómo ligas la literatura con la defensa de los derechos humanos?
Necesitamos más humanistas. ¿Qué es un buen humanista? Es aquel capaz de mezclar política con literatura, arte con realidad. La literatura es una forma de denunciar, de contar la realidad. Es uno de los caminos más claros para acercarte a ella y para que ésta llegue al lector de manera diferente. Por eso necesitamos más humanistas y menos profesionales técnicos, para cambiar las cosas.

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