El recinto que vio nacer a la Real Universidad de Guadalajara en 1792, este 19 de julio de 2021 cumple tres décadas de ser sede de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz (BIOP).

Ya sea por su imponente arquitectura, los murales de Amado de la Cueva y David Alfaro Siqueiros, o por el acervo literario que resguarda, dicho recinto del Centro Histórico tapatío es uno de los espacios culturales más importantes de Jalisco.

La directoria de la BIOP, la poeta Carmen Villoro Ruiz, dio a conocer que son más 90 mil libros los que se pueden encontrar en la biblioteca, cuyos temas son sobre humanidades y escritos por autores iberoamericanos

Es un templo a la poesía y el silencio; es un refugio de todas las adversidades; un espacio donde se puede detener el tiempo para tener una mayor conexión con uno mismo y con los otros, que han pensado, sentido y propuesto cosas importantes para la humanidad”, expresó.

El director del Sistema Universitario de Bibliotecas, Sergio López Ruelas, dijo que «es maravilloso que este espacio, donde en 1792 nació la Universidad de Guadalajara, ahora sea una biblioteca, porque qué mejor manera de celebrar a la Universidad que con el conocimiento».

Pero además de ser ese refugio de niños, niñas, jóvenes y adultos, donde se puede encontrar un entorno para el goce de las letras, este espacio guarda historias y tesoros culturales que son del patrimonio de Jalisco.

Sede del inicio del muralismo mexicano en Jalisco

Un accidente automovilístico en el cruce de avenida Juárez y la antigua calle 15 de Marzo del Centro de Guadalajara, fue lo que provocó la muerte del pintor Amado de la Cueva. Él viajaba en su motocicleta, cuando chocó con un automóvil y horas después perdió la vida.

Este accidente ocurrido la noche del 31 de marzo de 1926 conmocionó a los tapatíos de la época, quienes lamentaron la pérdida de uno de los pintores jóvenes más prometedores, que además acababa de terminar el mural Ideales agrarios y laboristas de la Revolución de 1910 al interior de la BIOP.

Esta pintura que cubre las cuatro paredes de la nave principal del recinto, realizada en coautoría con David Alfaro Siqueiros, es una de las primeras obras del movimiento muralista pictórico mexicano en Jalisco.

Arturo Camacho, docente del Departamento de Historia del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), explicó que por 1925, posterior a la refundación de la UdeG, se mandaron a hacer los murales, pues esta era la sede del antiguo Paraninfo universitario.

«En la obra se describe la unión de obreros y campesinos, por eso vemos diferentes actividades, en el campo, cortadores de caña, de trigo, los sembradores de maíz, y por otro lado las industrias populares como la cerámica, también está la minería representada ahí».

«Tiene que ver con los productos de la tierra y la transformación de los productos de la tierra, lo fabril”, detalló el académico.

«Yo creo que quien hizo la mayor parte fue Amado de la Cueva, Siqueiros lo apoyó y realizaría esos tres paneles y quien más bien se dedicó a organizar los sindicatos mineros de aquí de la región. Y seguramente ambos estuvieron de acuerdo en el diseño y la cuestión iconográfica», manifestó.

Recalcó que la muerte de Amado de la Cueva causó mucha impresión «porque incluso Diego Rivera dijo que él y Javier Guerrero eran de las jóvenes promesas que aún tenían mucho que dar a la pintura mural«.

«Y la prueba la tenemos aquí, porque este es un mural muy diferente a los que hacían otros muralistas mexicanos”.

El génesis educativo del Occidente de México

Ese patrimonio artístico se adereza con la arquitectura colonial heredada en 1958 del antiguo Templo de Santo Tomás de Aquino, que a lo largo de los siglos fue un punto neurálgico para la exploración de nuevas tierras en el norte del país.

“Este es el monumento arquitectónico más estrechamente vinculado con la cuna de la educación media superior en todo el Occidente de México», , explicó el cronista de la Arquidiócesis de Guadalajara, Tomás de Híjar Ornelas.

«Con esto, los religiosos de la Compañía de Jesús establecieron un colegio que se hiciera cargo de que los bachilleres de la época tuvieran una formación humanista”.

Recordó que por este edificio pasaron reconocidos jesuitas como Juan María de Salvatierra y José María Clavijero, y el geógrafo Eusebio Kino, quien tuvo que obtener una licencia del obispo de Guadalajara y los recursos para sostener el proyecto de misiones evangelizadoras en el noroeste de México, en Sinaloa, Sonora, Baja California y Alta California.

De aquí partieron las rutas de la civilización hasta Sacramento, California. Esto es grandísimo, es un foco de irradiación de civilización y cultura. A estos misioneros les interesaba evangelizar, pero también fundar pueblos, hacer sedentarios a los habitantes originarios y enseñarles artes y oficios”, recalcó De Híjar Ornelas.

Después de la expulsión de la Compañía de Jesús, fue hasta finales del siglo XVII, en 1792, cuando del rey Carlos IV autorizó la formación de la Real Universidad de Guadalajara, teniendo como sede a este edificio y su colegio anexo hasta 1826.

“Si decimos que esta es la cuna de la educación media superior en todo el Occidente; si decimos que esta fue la casa de la que salieron los grandes civilizadores del noroeste, del norte y de las Californias, ahora añadamos que también es la cuna de la Universidad de Guadalajara”, subrayó el cronista.

Durante el siglo XIX, la edificación pasó de ser sede del Poder Legislativo de Jalisco, de distintas escuelas, a convertirse de nuevo en templo católico hasta 1914.

En 1924,  el entonces gobernador José Guadalupe Zuno mandó a decorar al recinto cuando vuelve a ser sede de la recién refundada UdeG y se habilita como salón de discusiones.

Entre 1948 y 1985 ahí estuvo una oficina de Telégrafos de México. Y fue hasta 1992 cuando la UdeG inauguró la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, bajo la dirección del escritor Fernando del Paso.

La coordinadora de la maestría en Gestión y Desarrollo Cultural del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), Adriana Ruiz Razura, dijo que la BIOP se ha consolidado como espacio de recreación y esparcimiento.

«Siempre hay mucha gente en esa biblioteca, a la gente sí le gusta ir. Sobre todo los señores grandes van a leer el periódico. Los niños, hay muchos niños que acuden a la capilla de Loreto».

«Entonces la gente de alrededor sí se identifica con este espacio público”.

Invitan a regresar a la biblioteca

Carmen Villoro mencionó que desde finales de junio volvió a abrir sus puertas la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz al público en general, pero con las medidas de sanidad indicadas por la Mesa de Situación en Salud de la UdeG.

“La respuesta ha sido reservada por parte del público, no ha sido inmediata, pero poco a poco la gente se empieza a acercar; todos son cautos y (por el momento) son pocos los usuarios”, dio a conocer Villoro.

Recordó a la gente que solía acudir de forma asidua al espacio, que el lugar es seguro y pueden retomar dinámicas como consulta, lectura de periódicos y más. “Desde el sábado 3 de julio ya estamos con las actividades del cuentacuentos para niñas y niños”.

Añadió que se aprovechó el cierre al público, en el último año, para hacer trabajos de todo tipo, desde administrativo, mantenimiento y adecuación de una nueva sala de conferencias en la Capilla de Loreto (la nave adyacente a la principal donde está el área infantil).

“Aquí se podrán realizar charlas, conferencias, presentaciones de libros y otro tipo de actividades”, detalló la también poeta.


El camino a la lectura

Por: EFRAÍN QUINTERO
Estudiante de la licenciatura en Periodismo del CUCiénega

En medio del silencio, pequeños ruidos que surgen de las calles del centro histórico de Guadalajara irrumpen al interior de este edificio con más de doscientos años de existencia y que hoy alberga la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz.

Al entrar, siguiendo los ruidos, en sus entrañas, se abre un camino al universo de libros, donde enciclopedias y diccionarios de diferentes tamaños, temáticas, épocas, ideas y autores se apilan en grandes estantes.

Al interior del recinto universitario, los visitantes toman su tiempo para leer, mientras un hombre reordena decenas de libros y guía a los desperdigados  lectores en  alguno de los dos pisos del gran salón de las letras: en la parte baja los que buscan textos sobre las ciencias sociales, ciencias exactas, lingüística e historia, y en la parte superior, a los autores de diferentes nacionalidades de nuestro continente.

Todos los campos de lectura encajan en sus ramas: sociología, filosofía, periodismo, política, así como las historias de los movimientos obreros en México y las etapas que han formado a nuestro país. Mas el acervo bibliográfico no sólo está encaminado al aprendizaje, al campo de estudio y de reflexión, sino que también alberga las plumas de mujeres y hombres que han dado lustre a la literatura.

Ernesto el Che Guevara, investigaciones sobre las culturas prehispánicas, como Mayanización y vida cotidiana, con tres volúmenes del trabajo coordinado por Aura Cames y Santiago Bastos o La idea de México, del escritor Gastón García Cantú, esperan una mano que los extraiga de su lugar para ser colocados en una de la veintena mesas de lectura del pasillo principal de la biblioteca.

El camino a la lectura se convierte en viaje que va de la Argentina con Jorge Luis Borges y Ficciones, a Portugal con La Caverna José Saramago, a Chile, con Gabriela Mistral y sus poemas en Locas Mujeres, o a Perú, con Mario Vargas Llosa y su compilado El lenguaje de la pasión.

Y aún en medio de la pandemia, la Biblioteca recibe a los asiduos de la lectura para que pierdan su mirada entre las miles de opciones de colecciones y fondos reunidos desde hace 30 años, y aprender algo nuevo o recordar aquel libro que leyeron ya hace varias décadas.