
Para Ricardo Chávez, estudiante de la licenciatura en Turismo del CUValles, prepararse para un viaje es también prepararse para lo inesperado
Mientras la mayoría duerme, Ricardo revisa que todo esté listo. La maleta, los pendientes, los horarios. Hay cosas que debe llevar consigo y otras que, aunque no ocupan espacio, pesan más: la responsabilidad de que un grupo de viajeros llegue a su destino y pueda disfrutarlo.
Para Ricardo Chávez, estudiante de la licenciatura en Turismo del CUValles, prepararse para un viaje es también prepararse para lo inesperado. Su elección de carrera no fue una decisión repentina, sino la continuación de una historia que comenzó en su infancia, cuando acompañaba a su madre al trabajo en su agencia de viajes en Ameca.
Él todavía no sabía qué había detrás de cada itinerario o cada reservación. Sólo sabía que, cuando sus padres le contaban cómo era algún destino, quería conocerlo con sus propios ojos. Y con el tiempo comenzó a observar cómo su madre hacía posible cada viaje. Había personas, decisiones, horarios, transporte y una larga lista de detalles que debían funcionar para que alguien pudiera simplemente disfrutar. Poco a poco entendió que detrás de unas vacaciones había mucho más que elegir un lugar y hacer las maletas.
A sus casi 16 años le tocó dejar de mirar los viajes desde el asiento del viajero, porque, por primera vez, coordinó uno. Estaba nervioso. Tenía miedo de equivocarse y la responsabilidad era distinta. Ya no se trataba de disfrutar él mismo, sino de procurar que los demás estuvieran bien. A partir de entonces, viajar adquirió otro significado.
Ricardo comenzó a entender que, por más que un recorrido se prepare con anticipación, siempre puede surgir algún imprevisto. Un cambio de horario, una reservación que no sale como estaba previsto o cualquier situación inesperada puede alterar los planes. “Uno tiene que responder y ser lo más rápido posible”, explica.
Resolver un problema mientras un grupo espera, tomar decisiones bajo presión o encontrar una alternativa cuando el plan original deja de funcionar, son aprendizajes que Ricardo no encontró únicamente en un salón de clases, los aprendió viajando.
Pero el turismo no solamente le enseñó logística, también lo obligó a enfrentarse a una parte de sí mismo. De niño era tímido y reservado; hablar con otras personas no siempre le resultaba sencillo. Su trabajo le exigió hacer algo que antes le causaba miedo: acercarse a la gente, conversar, resolver sus dudas y, en ocasiones, dirigirse a grupos completos.
Lo que comenzó como una exigencia de su trabajo terminó convirtiéndose en una forma de crecer. Hoy reconoce que enfrentarse poco a poco a ese miedo también lo ayudó a convertirse en una persona más abierta.
Para él, una de las mayores recompensas no está solamente en conocer un nuevo destino, sino en observar la emoción de quien lo visita por primera vez. Entiende que detrás de muchas vacaciones existe un esfuerzo importante: personas que trabajan y ahorran durante meses para poder permitirse unos días de descanso, conocer un lugar o cumplir un sueño. “Mi mayor placer es poder ser parte de sus sueños cumplidos”, expresa.
Esa mirada también ha acompañado su formación universitaria. Su paso por la licenciatura en Turismo ha potenciado los conocimientos que adquirió durante años de experiencia, pero la relación también funciona en sentido contrario: llegar al aula después de haber vivido el turismo desde dentro le permite mirar algunas materias con otros ojos.
Cuando viaja por trabajo, Ricardo ya no observa un hotel únicamente como un huésped. Piensa en la logística, en el personal que lo atiende, en los servicios que ofrece y en los detalles que pueden transformar la experiencia de un visitante. Detrás de cada viaje reconoce una red de personas cuyo trabajo hace posible que otros puedan disfrutar.
Ha aprendido de los lugares que ha visitado
En distintos rincones de México hasta países de Sudamérica como Colombia y Perú, Ricardo ha encontrado a personas con formas distintas de vivir, de enfrentar las dificultades y de encontrar felicidad. Esas experiencias le han permitido comprender que no existe una sola manera de mirar la vida y que, muchas veces, aquello que parece indispensable desde un lugar puede no serlo en otro.
Salir de su entorno le ha enseñado a abrir la mirada, valorar lo que tiene y acercarse a otras culturas más allá de lo que muestran los destinos. Quizá ahí también radica una parte de su vocación: no viajar únicamente para conocer lugares, sino para entender las historias, las personas y las formas de vida que existen detrás de ellos.
Sabe, sin embargo, que todavía le queda mucho por aprender. “El mundo es demasiado grande para conocerlo por completo en una sola vida”, dice. Hay culturas, personas, paisajes, tradiciones y formas de entender la existencia que esperan ser descubiertas.
Por ahora, su camino continúa entre los viajes y las aulas del CUValles. Quiere terminar su formación académica, seguir adquiriendo conocimientos y, algún día, crear su propia agencia de viajes.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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