
Murciélagos, tlacuaches, roedores, insectos, anfibios y arañas conforman la fauna que está activa cuando estudiantes y trabajadores abandonan el plantel
Cuando las aulas quedan vacías, los pasillos se silencian y la mayoría de los estudiantes emprende su camino a casa, el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) no deja de tener actividad; simplemente, cambian los protagonistas.
Mientras nosotros dormimos, en los árboles, jardines y espacios abiertos del CUCBA comienza una jornada distinta. Murciélagos salen en busca de alimento, insectos recorren la vegetación, tlacuaches se desplazan entre los espacios verdes y otros pequeños habitantes aprovechan la oscuridad para realizar actividades que durante el día pasan inadvertidas.
“Cuando nos vamos, empieza la actividad de muchísimas especies”, explica Aimé Alejandra Rayas Bravo, bióloga y participante en proyectos de monitoreo y divulgación de murciélagos en el Área Metropolitana de Guadalajara.
La presencia de fauna nocturna en el CUCBA no es casualidad. A diferencia de un espacio completamente urbanizado, el campus conserva áreas de vegetación, árboles, jardines y espacios abiertos que proporcionan alimento, refugio y sitios de desplazamiento para distintas especies.
De acuerdo con Rayas Bravo, dentro del CUCBA se han registrado más de 200 especies de árboles y arbustos, con una importante proporción de especies nativas. Esta diversidad vegetal genera recursos para diferentes organismos y contribuye a mantener las redes ecológicas que ocurren dentro del campus.
Un ejemplo se encuentra cerca de las bancas del edificio E, donde durante una práctica de monitoreo se registró actividad de un grupo de murciélagos frugívoros (del género Artibeu) que puede contribuir a la dispersión de semillas.
Hablar de murciélagos también significa hablar de plantas, insectos y de toda una red de relaciones ecológicas. No todos los murciélagos cumplen la misma función. Los insectívoros contribuyen al control de poblaciones de insectos; los frugívoros pueden dispersar semillas y algunos nectarívoros participan en la polinización. “Hay plantas que, literalmente, dependen de que alguien salga a trabajar mientras nosotros estamos dormidos”, señala Aimé.
La noche, entonces, no es simplemente oscuridad. Es un momento en el que ocurren procesos fundamentales para que los ecosistemas continúen funcionando.
Aunque los murciélagos son uno de los grupos más representativos de la fauna nocturna, no son los únicos habitantes activos después del atardecer. Insectos, arañas, anfibios, roedores y tlacuaches también forman parte de esta comunidad. Los insectos pueden participar en la polinización, la descomposición de materia orgánica y servir como alimento para otros animales. Los anfibios contribuyen al control de insectos y son particularmente sensibles a cambios ambientales, mientras que pequeños mamíferos forman parte de las redes alimentarias y pueden participar en la dispersión de semillas.
Cada uno cumple una función, incluso aquellos organismos que pueden parecernos desagradables o poco importantes. Por ello, conocer la diversidad nocturna también puede ayudar a comprender las condiciones ambientales del centro universitario. Sin embargo, la presencia de una especie por sí sola no permite determinar si un ecosistema se encuentra en buen estado. Para ello son necesarios monitoreos sistemáticos que permitan conocer la composición de las comunidades y los cambios que experimentan a través del tiempo.
La iluminación artificial, el ruido, el tránsito, la modificación de áreas verdes y la eliminación de árboles pueden modificar las condiciones que utilizan las especies. En el caso de los murciélagos, no todas responden de la misma manera a los espacios iluminados. Algunas pueden tolerarlos, otras evitan determinadas zonas.
La solución, explica Aimé, no necesariamente consiste en apagar por completo el campus, sino pensar en formas de hacerlo más amigable con la fauna: utilizar la iluminación nada más donde sea necesaria, conservar la vegetación y considerar a los organismos que habitan el espacio al momento de realizar modificaciones.
Encontrarse con un murciélago durante una caminata nocturna puede generar curiosidad, o incluso miedo; sin embargo, la recomendación es sencilla, observar a distancia y no intentar tocarlo. Si el animal está volando normalmente, lo mejor es dejarlo. Si se encuentra en el suelo, atrapado, dentro de un edificio o quizás herido, se debe solicitar apoyo al personal y evitar manipularlo directamente.
“Como con cualquier animal silvestre, hay que mantener una distancia adecuada y evitar la manipulación”, señala la bióloga.
La idea es cambiar nuestra primera reacción. En lugar de preguntarnos cómo atraparlo, podemos preguntarnos cómo evitar que se lastime y cómo conseguir ayuda sin poner en riesgo al animal ni a las personas.
Quizá uno de los mayores atractivos de observar la fauna nocturna sea descubrir que el campus que conocemos durante el día representa solamente una parte de la historia. El CUCBA continúa vivo cuando los estudiantes se marchan. Los árboles, jardines, edificios y espacios abiertos siguen siendo utilizados por animales que cazan, buscan alimento, se desplazan o simplemente descansan.
Para Aimé, conocer esta biodiversidad es el primer paso para conservarla. Los monitoreos, la recuperación de áreas verdes, el uso responsable de la iluminación y la conservación de vegetación nativa pueden contribuir a mantener estos espacios.
Pero también existe otra forma de conservación: aprender a mirar. Que un estudiante vea un murciélago y, en lugar de sentir miedo, se pregunte qué especie es y qué está haciendo allí puede representar un cambio importante en la manera en que nos relacionamos con la fauna.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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