viernes, septiembre 11, 2026
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Uso inadecuado de antibióticos: amenaza por la medicina moderna

El consumo responsable de estos medicamentos no depende únicamente de los médicos, sino que requiere también de pacientes informados, personal farmacéutico comprometido y medidas que permitan preservar la eficacia de los tratamientos para las generaciones futuras

Especial

La automedicación, el abandono o prolongación de los tratamientos y la prescripción inadecuada de antibióticos son algunos de los principales factores que aceleran la resistencia antimicrobiana, un fenómeno que no sólo dificulta el tratamiento de infecciones comunes, sino que también puede poner en riesgo procedimientos médicos como cirugías, trasplantes, quimioterapias y colocación de prótesis.

Sara Aguirre Díaz, infectóloga adscrita al servicio de Infectología adultos del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde, declaró que el uso inadecuado de estos medicamentos es frecuente, tanto dentro como fuera de los hospitales.

“No sólo es automedicarse, también ocurre cuando un médico prescribe un antibiótico o seleccionamos un antibiótico de un espectro más amplio de lo necesario. A qué nos referimos con espectro, a los grupos, por así decirlo, de bacterias que puede cubrir un antibiótico. Hay algunos que cubren varios grupos y otros que cubren a un grupo específico. También un mal uso es cuando prescribimos una dosis incorrecta o prolongamos el tratamiento más de lo requerido”, dijo.

Uno de los ejemplos más cotidianos son las infecciones respiratorias. La mayoría de las estacionales son provocadas por virus, por lo que no requieren antibióticos; sin embargo, estos medicamentos pueden llegar a prescribirse aun cuando no representen un beneficio para el paciente, lo que favorece la aparición de resistencia antimicrobiana.

La duración del tratamiento también es un factor que debe considerarse. Aguirre Díaz explicó que un tratamiento más prolongado no necesariamente es más efectivo y que, por el contrario, la tendencia actual es utilizar esquemas cada vez más cortos cuando las características de la infección lo permiten.

“Si el médico recomendó un esquema corto, confiar que con eso será suficiente para evitar la exposición prolongada de los microorganismos al efecto del antibiótico. Entre más dirigido sea el antibiótico y de espectro más reducido, es preferible”.

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Bacterias capaces de adaptarse

La especialista explicó que las bacterias tienen una gran capacidad de adaptación. Algunas pueden desarrollar mutaciones espontáneas en su genoma, mientras que otras adquieren genes de resistencia de diferentes bacterias, lo que permite que estos mecanismos se transmitan entre ellas.

“Al administrar un antibiótico vamos a eliminar a las bacterias que sí son susceptibles, pero las que tienen algún mecanismo de resistencia pueden sobrevivir y al tener el campo libre, se van a multiplicar. Por ello, el uso incorrecto de los antimicrobianos acelera este proceso”.

Una de las consecuencias más inmediatas de la resistencia antimicrobiana es la reducción de las opciones terapéuticas. Una infección que por lo común podría tratarse con un antibiótico sencillo, seguro, económico y administrado por vía oral, puede convertirse en un padecimiento que requiera hospitalización y medicamentos intravenosos más complejos, tóxicos y costosos.

“Puede aumentar el riesgo de que el paciente necesite procedimientos adicionales; de que se incremente el costo para el paciente, el sistema de salud y, en algunos casos extremos, una infección que se pudo haber curado puede significar un desenlace fatal para el paciente”, subrayó Aguirre Díaz.

Respecto a las proyecciones para 2050, que advierten que la resistencia antimicrobiana podría estar relacionada con millones de muertes, la especialista señaló que estas cifras deben interpretarse con cuidado. Explicó que provienen de un estudio realizado en 200 países, según el cual, aproximadamente 1.9 millones de muertes podrían atribuirse directamente a la resistencia antimicrobiana y 8.2 millones estarían asociadas con ella.

“Esta predicción se puede modificar, obviamente mejorando, desde vacunación, saneamiento, diagnóstico, el control en los hospitales y la prescripción de los antibióticos”.

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Un riesgo para la medicina moderna

La pérdida de efectividad de los antibióticos también podría comprometer procedimientos que en la actualidad forman parte de la práctica médica cotidiana.

“Los antibióticos nos han permitido que procedimientos quirúrgicos como una cirugía mayor, una colocación de una prótesis de cadera o rodilla, sean exitosos; o pacientes que reciben tratamientos complejos con inmunomoduladores o inmunosupresores como quimioterapia o pacientes de trasplante puedan tener resultados positivos en sus tratamientos, porque tenemos un antibiótico que nos ayuda a prevenir que el paciente se infecte y se complique”.

La infectóloga subrayó que estos medicamentos deben considerarse un recurso limitado, debido a que el desarrollo de nuevos antibióticos no ha avanzado al mismo ritmo que en décadas anteriores.

“Tenemos muchos años sin antibióticos nuevos, solamente estamos usando generaciones de las que ya existían y los nuevos son contados, a diferencia de décadas pasadas, y es un recurso que debemos proteger, que debemos cuidar”.

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El abandono del tratamiento también genera resistencia

Priscila Navarro Medina, jefa del departamento de Farmacia del HCG Fray Antonio Alcalde, dijo que, incluso cuando existe un diagnóstico y una prescripción adecuados, el comportamiento del paciente puede contribuir al problema cuando decide suspender el tratamiento antes de tiempo.

“A lo mejor la persona necesitaba siete días de tratamiento y a los dos, tres días empieza a tener mejoría y abandona, y eso provoca infecciones más graves. En un principio podía haberse tratado con un medicamento muy sencillo y, finalmente, termina requiriendo antibióticos más complejos”.

A esto se suma la práctica de asumir que determinados síntomas requieren automáticamente antibióticos. Un ejemplo frecuente es el dolor de garganta, que puede llevar a las personas a tomar estos medicamentos sin una valoración médica previa.

“Aunado a esto, nunca falta algún conocido que comparte que en algún momento le funcionó ese tratamiento y lo recomienda a otras personas”.

Navarro Medina destacó que el personal farmacéutico también tiene una responsabilidad en el uso adecuado de estos medicamentos, pues debe verificar la receta y las condiciones en las que se solicita el antibiótico, además de evitar su dispensación cuando no se cumpla con la legislación vigente.

“El vender estos medicamentos únicamente con receta sí ha disminuido la problemática de personas que se automedican. Sin embargo, tenemos la vertiente de las personas que guardan medicamentos en casa o los adquieren en otros lugares por saltar las normativas o en negocios que no cumplen con las condiciones necesarias”.

En este contexto, explicó que el uso responsable de los antibióticos no depende únicamente de los médicos, requiere también de pacientes informados, personal farmacéutico comprometido y medidas que permitan preservar la eficacia de estos medicamentos para las generaciones futuras.

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