El panel «True crime y narcoviolencia: desafíos y oportunidades narrativos para la industria» puso sobre la mesa la preocupante mutación del documental hacia el entretenimiento puro.
El cineasta Everardo González advirtió que actualmente existe una «imposición de un modelo bajo el mercado, dejando atrás lo que se hacía de memoria o búsqueda de justicia».
Esta tendencia, impulsada desde los escritorios corporativos, limita la profundidad de las historias. González señaló que la construcción narrativa actual invita al espectador a juzgar a ser juez, ignorando que «en lo que nos rodea hay un crimen sistémico que construye criminales», lo cual deja los casos sin una resolución social real.
La discusión también abordó la forma en que se retrata al victimario. Juliana Martínez, estratega de narrativa y acompañamiento de Nebula Fund, criticó que el género suele asumir al agresor como el personaje más fascinante, bajo una «visión muy neoliberal que se enfoca en la psicología individual y no en el problema sistemático».
Martínez enfatizó la necesidad de que en Latinoamérica no se simplifiquen estos elementos ni se caiga en la tendencia de volver «sexy» la narcoviolencia.
Por su parte, la productora Inna Payán destacó que en México y el resto del Continente, la prioridad del documentalista debe ser el mensaje antes que el financiamiento. «La ley del mercado prioriza historias que el público ya conoce y las quiere ver. ¿Y dónde quedan las otras historias?», cuestionó, haciendo un llamado a visibilizar lo que el sistema ignora.
La difusión de estas obras enfrenta barreras geopolíticas. Everardo González explicó que las plataformas de streaming difícilmente aceptan producciones externas que no sigan los temas impuestos por el «norte global».
Según el cineasta, existe una censura implícita donde las agendas corporativas interfieren en la narración de realidades locales crudas, como el hallazgo de fosas clandestinas.
Ante este panorama, González invitó a los realizadores a perder el miedo a la crítica y a la imperfección. «El cine no deja de ser una industria de la pequeña burguesía, hay que entrarle sin miedo a cagarla», afirmó, subrayando que el documental debe ser una herramienta valiente de expresión.
Un punto controversial fue la necesidad narrativa de cuestionar a todos los involucrados. González señaló que, aunque parezca «inmoral», en ciertas historias es necesario cuestionar a la víctima para que la estructura narrativa funcione.
Inna Payán añadió que el victimario también debe ser visto como una «víctima del sistema», y que es vital que el cine haga que el público se cuestione en lugar de entregar respuestas digeridas.
TEXTO: SEILER GARCIA









