sábado, abril 25, 2026
sábado 25, abril, 2026

Todo está conectado en CUCBA

Lo que ocurre en el centro universitario no es sólo formación académica o investigación aislada; es una forma de entender el conocimiento como algo vivo, que se mueve, que se adapta y que encuentra sentido cuando deja de pensarse en partes

FOTO: Candy Juliet Arias Rivas

A simple vista, el CUCBA parece fragmentado: parcelas por un lado, corrales por el otro, laboratorios donde se analizan muestras, se registran datos y se formulan nuevas preguntas; cada espacio con su propio ritmo y su propio lenguaje. Pero basta seguir una sola idea para entender que nada está aislado.

Todo puede empezar con una planta. En algún punto del centro universitario alguien la observa. No como paisaje, sino como posibilidad. Desde la biología, la pregunta no es únicamente qué especie es, sino qué contiene, qué compuestos guarda, qué puede aportar más allá de lo evidente.

De ese interés surge una línea de trabajo: el estudio del propóleo asociado con una planta nativa. En el laboratorio, esa sustancia deja de ser algo abstracto. Se analiza, se descompone, se interpreta. Pero el proceso no se queda ahí. Porque en el CUCBA, las preguntas rara vez terminan donde empiezan.

Foto: Candy Juliet Arias Rivas

Esa misma idea aparece en otro escenario.

Ya no hay microscopios, sino aves de engorda. Movimiento, alimento, observación constante. Desde la medicina veterinaria, el enfoque cambia: lo que antes era composición química ahora es una posibilidad aplicada.

El propóleo comienza a formar parte de la alimentación.

Y entonces surgen nuevas preguntas: ¿puede mejorar la salud de las aves?, ¿influye en su desarrollo?, ¿podría representar una alternativa dentro de sistemas de producción más sostenibles?

Pero, incluso aquí, la historia no está completa. Porque lo que consumen esas aves tampoco aparece de la nada.

En parcelas cercanas, desde la agronomía, alguien trabaja en los cultivos que formarán parte de su dieta. Son estudiados el suelo, los nutrientes, las condiciones que permiten obtener un alimento de mejor calidad. Cada decisión –desde la semilla hasta el manejo del cultivo– influye en lo que finalmente llega al comedero.

Así, la alimentación de las aves no es sólo una mezcla de ingredientes, sino el resultado de procesos que comenzaron mucho antes, en la tierra. Y cuando parece que el ciclo se cierra en el animal, en realidad apenas se transforma.

En otro espacio, ese mismo sistema llega al laboratorio de Ciencias de los Alimentos, y lo que antes fue una propuesta experimental se convierte en objeto de análisis.

La carne de las aves –su calidad, su composición, su inocuidad– empieza a evaluarse. Se busca entender si los cambios en la alimentación, como la inclusión del propóleo, tienen un impacto real en el producto final.

Lo que se mide ahí no es nada más un resultado aislado, sino el reflejo de todo el proceso: la planta, el compuesto, el cultivo, la alimentación, el manejo animal.

Nada está separado.

Caminar por el CUCBA es cruzarse con estos fragmentos sin notar que pertenecen a la misma historia. Una historia que no está escrita en un único lugar, sino distribuida entre disciplinas que constantemente dialogan, aunque no siempre de forma evidente.

Aquí, la ciencia no se queda en lo que se descubre, sino en lo que se conecta. Porque una planta puede convertirse en cultivo. Un cultivo en alimento. Un alimento en salud.

Y un análisis en conocimiento que regresa, otra vez, al inicio.

Al final, lo que ocurre en el CUCBA no es sólo formación académica o investigación aislada; es una forma de entender el conocimiento como algo vivo, que se mueve, que se adapta y que encuentra sentido cuando deja de pensarse en partes.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

MÁS NOTAS

Post Views: 115