domingo, mayo 17, 2026
domingo 17, mayo, 2026

Historias desde las islas de la Polinesia

Vestuario, música y la claridad para comunicar historias estuvieron en las distintas piezas que integraron el programa del taller de danzas polinesias organizado en CULagos

Integrantes del taller de danzas polinesias, Yaretzi de la Torre, Victoria Hernández, María González, Carolina del Carmen, Michell Silva, Yazmin Rivera y Naomy Reyes, junto con personal de la unidad del CAG de San Juan de los Lagos, que apoyó con la decoración del fondo del evento. Foto: Leslie Vázquez

El auditorio de CULagos, sede San Juan, fue el escenario de la presentación del taller de danzas polinesias, una actividad que buscó acercar al público al baile y al sentido cultural que hay detrás de estas expresiones. El programa mostró un recorrido por distintas islas de la Polinesia, desde Hawái hasta Rapa Nui y la Polinesia Francesa, con canciones ligadas al mar, la playa, la historia, el orgullo por la tierra, el trabajo, la fiesta y la resistencia cultural.

La muestra se dividió en dos partes. La primera estuvo dedicada al hula, una danza hawaiana en la que el movimiento expresa una historia. La segunda reunió piezas de ori, nombre con el que hoy suelen identificarse bailes de otras islas polinesias y que, en esta presentación, aparecieron con una energía más intensa y con un sentido más ligado a la identidad, la fuerza y el orgullo cultural.

Yaretzi Guadalupe de la Torre Núñez, estudiante de séptimo semestre de la carrera de Lenguas y Culturas Extranjeras, dirige el taller y explicó que esa diferencia fue intencional. En el bloque de hula, dijo, se buscó conservar temas muy cercanos a Hawái, como “las playas bonitas, el mar” y la vida junto a la costa. En cambio, en el apartado de ori se trabajó más “la fuerza y la resistencia que se muestra de un pueblo”. 

La primera parte del recorrido abrió con «Kananaka», una canción situada en la playa, entre arena, olas, mar y atardecer. Después siguió «Na Vaqueros», que cambió el tono porque ya no se concentró solo en el paisaje, sino en una historia situada en el siglo XIX, cuando llegaron a Hawái barcos españoles con caballos y guitarras. El bloque cerró con «Ka Uluwehi O Ke Kai», una pieza donde el mar volvió a ocupar el centro, ahora ligado al orgullo por la tierra y a la idea de conservar la esencia propia y llevar el hogar con uno mismo.

La segunda parte del programa cambió de ritmo y de intención. Ahí apareció «Uru te hami», desde Rapa Nui, una canción relacionada con el trabajo arduo sin dejar de lado la fiesta. Después vino «Tutuki», presentada como una canción sobre el orgullo y la importancia de transmitirlo a las siguientes generaciones. El cierre llegó con «Toa Ura», que concentró la energía final de la muestra y llevó al escenario una idea de fuerza, identidad y conexión con la cultura polinesia.

Yaretzi explicó que el bloque de ori compartía un significado más cercano a la resistencia,  es la manera de mostrar cómo estos pueblos siguen afirmando su identidad a través de la danza, incluso después de procesos de opresión y pérdida cultural.

Para que el público pudiera entender todo esto, el movimiento tuvo un papel central. Yaretzi explicó que en estas danzas las manos tienen mucho protagonismo porque “haces los gestos de las cosas que quieres decir”, señaló. Dio ejemplos muy concretos. Bajar las manos puede representar lluvia. Cerrar la mano puede sugerir una flor. Extender el brazo hacia el frente y abrirlo hacia un lado puede funcionar como una forma de mostrar un lugar. 

También explicó que los pies complementan lo que hacen las manos, pero que no siempre son indispensables para entender la historia. En el hula existen bailes noho, es decir, bailes sentados, donde aun sin desplazamiento el sentido sigue siendo comprensible gracias a las manos y a la expresión del rostro. “La expresión facial también es importante”, dijo, porque una canción de amor no comunica lo mismo si se baila con un rostro rígido que con una expresión que de verdad muestre alegría o ternura.

El trabajo detrás de la presentación también se notó en el vestuario. Las integrantes del taller elaboraron faldas de rafia, fajillas, collares trenzados y accesorios. Yaretzi explicó que las faldas se hicieron con rafia artificial, un material más resistente y más fácil de manejar que la natural, y que ella misma les enseñó a hacerlas. Las fajillas quedaron principalmente en manos de las participantes, que tuvieron que aprender a tejerlas. Esa parte del proceso fue tardada, pero también permitió que cada alumna sintiera el vestuario como algo propio.

Desde el público, esa entrega sí se notó. Miriam Chávez Limón, una de las asistentes, perteneciente a la Licenciatura en Lenguas y Culturas Extranjera, comentó que una de las cosas que más le gustó fue ver que las bailarinas realmente estaban disfrutando lo que hacían. “Se ve que sí le echaron muchas ganas y se nota que lo estaban disfrutando”, dijo. Para ella, ese disfrute cambió la manera de mirar la presentación, porque cuando alguien hace algo con gusto, eso también alcanza a quien está observando, explicó que la música y el baile le ”transmitieron mucha paz”.

Ingrid Dexire Valdez Alcalá, alumna de la misma licenciatura, destacó que la presentación le cambió la idea que tenía de estas danzas. Antes pensaba en bailes más lentos, pero encontró algo más expresivo y más alegre. Aunque no conocía el idioma ni cada significado puntual, alcanzó a notar que “Sí se logró transmitir que estaban contando una historia”, comentó.

El público recibió muy bien la presentación y sus reacciones mostraron que las coreografías llamaron la atención de los asistentes por el vestuario, la música y la claridad para comunicar una historia en cada pieza. Ese buen recibimiento también dejó ver que la presentación consiguió despertar interés por una tradición que muchas personas del auditorio apenas estaban conociendo.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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