jueves, octubre 29, 2026
jueves 29, octubre, 2026

Ocupar un lugar en la ingeniería siendo mujeres

Dos alumnas del CUCEI, dos caminos distintos y varias preguntas en torno a la pertenencia, la perseverancia y la confianza en contextos que implican adaptarse

Elegir una carrera universitaria conlleva tomar decisiones sobre el futuro, pero también enfrentar una versión de sí misma que todavía no termina de conocer. Para algunas personas, la ingeniería es una vocación descubierta desde la infancia; para otras, un camino que aparece después de cambiar de planes; sin embargo, ingresar a una carrera no significa tener resueltas todas las dudas sobre lo que se es capaz de hacer.

Celida Ximena Dávila Aldaco, estudiante de sexto semestre de la ingeniería en Computación, considera que las matemáticas fueron el punto de partida. Le apasionaban por ser una ciencia exacta y quería estudiar algo relacionado con ellas. Aunque su decisión parecía clara, no estuvo exenta de cuestionamientos; algunos familiares le recomendaron elegir una carrera más “amigable” para las mujeres.

Daniela Villalobos Solís, estudiante de octavo semestre de la ingeniería Industrial, llegó por una ruta diferente. Su primera opción había sido Medicina, pero al no salir en listas decidió buscar otra alternativa. La ingeniería también estaba presente en su entorno familiar, sus tíos trabajaban en distintas empresas y sus horarios le parecían cómodos y flexibles, una posibilidad que le gustaría en su vida profesional.

Las dudas también forman parte del camino

La adaptación a la universidad no fue sencilla para ninguna. En el caso de Celida, la presencia de pocas mujeres en su carrera significó acostumbrarse a convivir con hombres la mayor parte del tiempo. Daniela, por su parte, recuerda haber llegado con miedo, sentirse sola y tener dificultades para comenzar de nuevo, conocer personas y familiarizarse con las materias. Las matemáticas, que nunca habían sido su fortaleza, representaron un desafío adicional.

Para Daniela, una de las experiencias más difíciles ocurrió en segundo semestre, en una clase de álgebra; aunque intentaba comprender los contenidos y pedía ayuda a sus compañeros, no logró acreditar la materia y tuvo que repetirla. Celida enfrentó una incertidumbre parecida al cursar una materia que le pareció muy difícil, comenzó a cuestionar si era suficientemente inteligente para estudiar una ingeniería. Incluso, llegó a pensar en abandonar la carrera. Sin embargo, decidió quedarse y averiguar hasta dónde podía llegar si se esforzaba más. Hoy agradece haber tomado esa decisión.

A estas experiencias se suman otras circunstancias personales. Antes de ingresar a la universidad, Daniela perdió a su madre, quien había luchado durante cinco años contra una enfermedad. Esta pérdida representó uno de los retos más importantes de su vida y un acontecimiento que influyó en su decisión de entrar a una ingeniería.

Encontrar oportunidades, aprender a confiar

Conforme avanzaron en sus carreras, ambas comenzaron a reconocer posibilidades que al principio no necesariamente imaginaban para sí mismas. Uno de los proyectos que marcó a Daniela fue una propuesta de reorganización dentro de una empresa, enfocada en mejorar la ergonomía de los trabajadores y el flujo de trabajo. La experiencia le permitió descubrir distintas áreas en las que podría desarrollarse profesionalmente. También amplió su perspectiva sobre la ingeniería Industrial, una disciplina que, según ha aprendido, integra conocimientos de diferentes áreas y presta atención a las condiciones de las personas dentro de los espacios de trabajo.

Su familia, sus amigas y las personas que ha conocido durante estas experiencias han sido parte importante de su proceso. Celida, por su lado, ha encontrado oportunidades de becas, cursos y trabajo. Sin embargo, identifica un obstáculo que no siempre resulta evidente: sentirse suficientemente preparada cuando una oportunidad aparece. A menudo piensa que todavía le falta conocimiento teórico o práctico para aceptarla, aunque ha decidido arriesgarse incluso cuando siente miedo.

Esa disposición la llevó a conseguir su primera oportunidad laboral en la industria, en una empresa que unos semestres atrás consideraba una meta lejana. Trabajar allí cambió su percepción sobre sí misma y le permitió comenzar a reconocer que también podía formar parte de ese entorno.

Ser mujer y construir una identidad profesional

Las experiencias de ambas también revelan distintas maneras de vivir el hecho de ser mujeres en una ingeniería. Celida reconoce que ha sentido la necesidad de demostrar sus capacidades y que, en ocasiones, ha pensado que no debería arreglarse demasiado para que la tomen más en serio. Daniela, en cambio, señala que las personas con quienes ha trabajado han confiado en ella y en sus capacidades para desarrollar distintos proyectos. Aun así, considera que ser mujer en su área implica demostrar el valor de sus esfuerzos y reconocer que puede llegar lejos en aquello que se proponga.

Pertenecer no significa tener todas las respuestas

A veces, la imagen de una ingeniera parece construirse alrededor de la seguridad, el conocimiento y la capacidad de resolver problemas. Las historias de Celida y Daniela muestran otra parte del proceso: aquella en la que aprender también significa equivocarse, cambiar de perspectiva, aceptar oportunidades sin sentirse completamente preparadas y descubrir que todavía queda mucho por conocer.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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