miércoles, septiembre 16, 2026
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La historia de las empanaditas que ya son parte del CUCosta

Para algunos estudiantes, ver a Mario en la entrada del plantel es sinónimo de un nuevo día y para otros, es la primera sonrisa que reciben cuando empiezan su historia en la universidad 

Si alguna vez has llegado al Centro Universitario de la Costa (CUCosta) con el tiempo justo para entrar a clases, probablemente lo has visto en la entrada de la escuela, con sus empanaditas, en espera de quienes pasan por ahí y casi siempre acompañado de un saludo.

Se llama Mario Ochoa González y desde hace alrededor de un año y medio llega al CUCosta para vender el pan que elaboran en casa su hijo y su nuera: “Anteriormente, venía en ocasiones, ahora sí intento venir más seguido”, cuenta Mario. Su jornada comienza temprano, llega alrededor de las 6:30 horas, regresa después de las 9:30 y vuelve al mediodía; por la tarde regresa nuevamente hasta que se termina el producto.

“Hay muchos clientes aquí que ya me conocen”, señala Mario. Y es que, con el paso de los meses, algunos estudiantes dejaron de ser desconocidos para convertirse en parte de su rutina diaria.

Entre ellos está Ana Cristina Luis Cruz, estudiante de séptimo semestre de Psicología, quien lo conoce desde que comenzó su carrera. De hecho, Mario fue una de las primeras personas que recuerda haberla saludado cuando llegó a la universidad. “Literalmente, desde el primer día de clases siempre ha estado ahí. Lo conocí porque fue la primera persona que me dio los buenos días cuando entré a la universidad, incluso eso disminuyó mis nervios ese día”, recuerda.

“Siempre te dice ‘buenos días’. Para mí es una persona muy amable que todo el tiempo tiene una sonrisa”, agrega.

Y sí, también están las empanaditas. Ana Cristina asegura que son una opción práctica para quienes no han desayunado o simplemente tienen ganas de comer algo antes de comenzar el día. Pero, más allá del producto, lo que ella destaca es la manera en que Mario trata a quienes pasan por la entrada. “Es una persona muy agradable, muy respetuosa, muy amable y te saluda cuando vas entrando a la universidad o te sonríe”, dice.

Para Mario, esa convivencia también es parte de lo que disfruta de su trabajo. Le gusta reconocer a quienes ya conoce y encontrarse con nuevos estudiantes, aunque estos últimos sean precisamente quienes más trabajo le dan al principio. “Los nuevos son los que prácticamente no conocen el producto y no lo compran hasta que lo llegan a probar y ya se empiezan a comentar con los demás alumnos”, explica.

Así, entre recomendaciones de un compañero a otro, las empanaditas terminan convirtiéndose en parte de la rutina de muchos. Para Mario, sin embargo, vender en el CUCosta es solo una parte de una jornada que también incluye varios trayectos más.

Después, cuando se le pregunta qué es lo que más disfruta de estar en la puerta del centro universitario, su respuesta cambia el tono de la conversación. “Me gusta andar viendo gente, tratando a la gente. Es mi modo de vida”.

Quizá por eso su presencia termina siendo más fácil de reconocer de lo que uno pensaría. Para quienes llegan todos los días, Mario puede ser el señor de las empanaditas; para otros, la persona que los saluda al entrar. Y tal vez ahí está la razón por la que algunas personas terminan regresando: no sólo por una empanadita antes de clases, sino por encontrar, entre la prisa de cada mañana, una cara conocida que les desea los buenos días.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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