lunes, julio 6, 2026
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Estrés, ¿amigo o enemigo de la vida cotidiana?

Especialista del CUAltos dice que el manejo del estrés implica aprender a reconocer las señales de alerta; organizarse, recuperarse adecuadamente y pedir apoyo cuando sea necesario

Cuando se habla de estrés, por lo general se le considera un aspecto negativo que debe evitarse a toda costa; sin embargo, el estrés forma parte de la vida cotidiana y, en determinadas circunstancias, puede cumplir una función importante.

De acuerdo con el doctor Juan Francisco Caldera Montes, investigador del Centro Universitario de los Altos (CUAltos), el estrés es una respuesta habitual que ayuda a las personas a movilizar recursos ante situaciones que representan una demanda o un reto, como presentar un examen, entregar un trabajo final o hablar en público. 

“El problema aparece cuando las exigencias son muy intensas, se mantienen durante periodos prolongados o la persona percibe que no cuenta con los recursos suficientes para afrontarlas”, explica.

Cuando esto ocurre, el estrés puede comenzar a afectar a distintas áreas de la vida, entre ellas el sueño, la concentración, el estado de ánimo, las relaciones interpersonales y el rendimiento académico. Ante esta situación, el especialista dice que una de las estrategias más importantes consiste en organizar de forma adecuada las actividades y establecer prioridades. Dividir tareas complejas en acciones más pequeñas y distribuirlas de manera realista a lo largo de la semana puede disminuir la sensación de descontrol que suele acompañar al estrés.

De igual manera, el doctor Caldera Montes destaca la importancia de incorporar pausas y periodos de recuperación. Contrario a la creencia de que estudiar o trabajar durante largas jornadas garantiza mejores resultados, alternar momentos de concentración con descansos breves suele resultar más beneficioso para el desempeño y el bienestar.

Otro aspecto fundamental es el cuidado del sueño. El doctor Caldera Montes enfatiza que dormir no debe considerarse tiempo perdido, ni una actividad prescindible. Diversas investigaciones han encontrado una estrecha relación entre el estrés y los problemas de sueño, por lo que recomienda mantener horarios relativamente regulares, reducir el uso de pantallas antes de dormir y evitar las jornadas de estudio nocturnas como práctica habitual.

La actividad física también es una herramienta valiosa para el manejo del estrés. No es necesario practicar deporte de alto rendimiento para obtener beneficios; actividades como caminar, correr, bailar o utilizar la bicicleta pueden contribuir a mejorar la salud y disminuir indicadores asociados con el estrés, según investigaciones recientes. 

A estas acciones se suman técnicas de regulación fisiológica, como la respiración lenta o la relajación muscular, que pueden ayudar a las personas a reconocer sus emociones y a responder de manera más adaptativa ante situaciones demandantes. No obstante, el investigador apunta que estas estrategias requieren práctica y constancia, por lo que no deben entenderse como soluciones inmediatas.

Las redes de apoyo también desempeñan un papel importante. Hablar con amistades, familiares, compañeros o docentes puede ayudar a poner los problemas en perspectiva y encontrar alternativas para afrontarlos. De esta forma se considera que pedir ayuda no debe interpretarse como una señal de debilidad, sino como una estrategia adecuada de afrontamiento.

El especialista también pide identificar cuáles situaciones pueden modificarse, y cuáles no. Mientras algunas fuentes de estrés pueden resolverse mediante una mejor organización o la búsqueda de apoyo, otras requieren de tiempo o dependen de factores externos. Reconocer esta diferencia permite concentrar los esfuerzos en acciones concretas, y evitar un desgaste innecesario.

Sin embargo, el doctor Caldera Montes advierte también que el manejo del estrés no debe entenderse únicamente como una responsabilidad individual. Las instituciones educativas tienen un papel importante en la construcción de entornos más saludables mediante cargas académicas razonables, una adecuada coordinación de evaluaciones, programas de tutoría y servicios accesibles de orientación psicológica.

Finalmente, existen situaciones en las que es recomendable buscar apoyo profesional, dice. Entre las señales de alerta se encuentran: las dificultades persistentes para dormir, la irritabilidad intensa, los ataques de ansiedad, el aislamiento social, el uso de sustancias para afrontar las obligaciones o cualquier afectación significativa en el funcionamiento cotidiano. Y pone el acento en que los pensamientos de provocarse daño o de no querer vivir requieren atención inmediata.

Más que eliminar por completo las exigencias de la vida diaria, el manejo del estrés implica aprender a reconocerlas, organizarse, recuperarse adecuadamente y pedir apoyo cuando sea necesario. Como concluye el especialista, “las estrategias pequeñas y sostenidas suelen resultar más efectivas que intentar realizar cambios drásticos únicamente cuando la persona ya se siente rebasada”.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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