Motivado por su hermano mayor, el dramaturgo Manuel Díaz, la niñez de Erick estuvo rodeada de teatro, desde obras sencillas hasta la participación en cortometrajes más profesionales. Sin embargo, fue hasta el final del bachillerato que decidió tomarse más en serio la actuación. 

“Yo tenía dos opciones, estudiar odontología o estudiar teatro. Elegí el teatro y desde ahí mi vida ha estado llena de cambios y giros emocionantes”, declaró.

Al haber actuado en múltiples obras, como Temporada de patos, e incluso en películas, entre ellas El año del gato, de la directora Juliana Orea, Díaz desde el principio ha tenido muy claro que el camino de la actuación es el indicado para él, sin embargo, fue en el año 2024 cuando la dramaturgia tocó su puerta con la obra Las basuritas, que describe el ambiente violento y hostil que priva en su ciudad de origen, Mazatlán.

El contexto social de Sinaloa influyó de manera profunda en su escritura, en particular de esta obra, que fue su trabajo de titulación y fue presentada en el Teatro Experimental de Jalisco. 

“El surgimiento de una fuerte ola de violencia y crimen organizado en Sinaloa despertó en mí una profunda inquietud y la necesidad de escribir. La escritura se convirtió en la única vía para asegurar que mis palabras fueran escuchadas y para canalizar mi sentir sobre la terrible situación que atravesaba el estado. Yo experimentaba una contradicción interna: por un lado, sentía un gran cariño por Mazatlán y su playa, pero por el otro, me afectaba la violencia del lugar. Decidí llevar este contraste —lo que me gustaba y lo que no— hacia la ficción”, declaró. 

Años después, bajo este mismo contexto y motivado por la cercanía y el amor de su madre, Erick decidió aventurarse en su segunda obra, titulada Mamá canguro, finalista del Premio Nacional de Dramaturgia “Gerardo Mancebo del Castillo” 2026, la cual narra la historia de un estudiante de cine que constantemente fracasa, a pesar de ser brillante. No obstante, el protagonista demuestra ser resiliente, haciendo que la historia caiga en la comedia y no en la tragedia como motor para encontrar la salida a todas las dificultades.

“Escribí esta obra pensando en mi mamá y la relación que tenemos mis hermanos y yo con ella. Yo soy el menor de tres hermanos y quería escribir algo motivador y esperanzador para ella. Es una obra casi infantil, que se desarrolla de manera onírica y casi plástica, llena de situaciones absurdas e inspirado en una comedia muy parecida a la de El Chavo del 8, del cual yo sigo siendo muy fan”, comentó Díaz. 

A pesar de no conseguir el premio, Erick dijo sentirse orgulloso de su participación en el Premio Nacional de Dramaturgia, ya que sólo dos personas han conseguido esta mención honorífica: “Es un chiste interno en mi familia, porque mi hermano Manuel y yo hemos sido los únicos finalistas sinaloenses en el Premio de Dramaturgia, lo cual me da mucho orgullo porque me permite confiar un poco más en mi trabajo y seguir escribiendo, algo que antes no me pasaba casi por la mente”, declaró. 

Aunque considera el teatro como un “lugar inestable”, Erick motiva a las nuevas generaciones de actrices y actores a preservar y a no doblegarse ante el fracaso o el ego, manteniendo siempre una conexión con los demás y con el entorno que les rodea.

“Hay que perderle el miedo a hacer el ridículo. El teatro es una batalla de resistencia, entonces hay que saber cómo manejarse en esas arenas movedizas. Sobreponerse siempre a las adversidades y no buscar el aplauso y el reconocimiento, sino la unidad y la cooperación mediante el arte, la satisfacción personal de saber que estás haciendo lo que amas”, concluyó. 

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