
Estudiar en otra ciudad implica aprender a adaptarse, asumir nuevas responsabilidades y crecer lejos de quienes más quieren
Para muchos estudiantes universitarios las vacaciones de verano son un merecido descanso después de meses de clases, tareas y exámenes. Sin embargo, para quienes estudian lejos de casa, este periodo también significa reencuentros, despedidas y, en algunos casos, descubrir que el concepto de “hogar” cambia con el paso del tiempo.
Abiel Eliasib Hernández Salas, estudiante de sexto semestre de la licenciatura en Psicología y originario de Zacualpan, Nayarit, espera cada fin de semestre con la ilusión de volver a casa. “Ir a descansar y disfrutar las vacaciones con mi familia y amigos, y poder cuidar mi alimentación sin las prisas que genera la universidad”, comparte.
Tras muchos meses viviendo en Puerto Vallarta, regresar a su pueblo representa mucho más que tomarse un descanso. Según dice, reencontrarse con sus padres es lo que más espera, pues a algunos familiares no los ve durante todo el semestre y extraña esos momentos. Volver, cuenta, “se siente como regresar a un lugar seguro donde puedo ser yo mismo y dejar de lado las preocupaciones”.
Aunque también reconoce que Vallarta forma parte de su vida, considera que ambas ciudades constituyen distintas etapas de su crecimiento. “Mi pueblo es mi hogar de toda la vida. Sin embargo, considero que mi casa definitiva es Vallarta, porque estoy consciente que sólo vuelvo a mi pueblo por las vacaciones, y que terminando la universidad no voy a regresar, salvo hacer visitas ocasionales. Me quedaré en Vallarta o en otra ciudad, tal vez”, reflexiona.
Una situación distinta vive Cecilia Pardo Arce, estudiante de octavo semestre de Cultura física y deporte, y originaria de Tomatlán, Jalisco. Durante varios años, las vacaciones eran regresar a casa, pero este verano decidió quedarse en Puerto Vallarta con la intención de buscar trabajo y aprovechar las oportunidades que ofrece la ciudad.
La decisión no ha sido sencilla, debido a que extraña la convivencia con su familia; pero al mismo tiempo reconoce que vivir sola la ha vuelto más independiente. “Ya me acostumbré a estar aquí, y a estar sola. Siento que me hice más independiente, pero a la vez extraño mucho convivir con mi familia, platicar y bromear con ellos”, explica.
Con el paso del tiempo, ha aprendido a construir una vida propia lejos de su lugar de origen. Por ello, asegura que hoy siente que posee dos hogares, pues en Vallarta ya tiene amistades y un espacio que ella misma ha construido. Incluso, dice que mudarse le permitió descubrir nuevas experiencias y entender que “tenemos que vivir y disfrutar”, por lo que anima a otros jóvenes a no limitarse a permanecer en su lugar de origen.
Por otro lado, después de siete años de vivir en Puerto Vallarta, Iván Silviano Barajas Franco, estudiante de octavo semestre de Cultura física y deporte, y originario de Tepatitlán, asegura que las vacaciones ya no significan regresar, sino permanecer.
“Ya me acostumbré a vivir aquí”, comenta. Aunque continúa manteniendo el contacto con su familia mediante llamadas y mensajes, reconoce que actualmente percibe su lugar de origen “más como un lugar para vacacionar y convivir un rato, y ya no tanto para vivir”.
Además, permanecer en Vallarta durante el verano también le ha permitido aprovechar oportunidades laborales. De hecho, cuenta que una de las ventajas de esta temporada es que “puedes encontrar buenos trabajos de medio tiempo”.
Pese a las diferencias entre sus historias, los tres coinciden en que estudiar lejos de casa implica aprender a adaptarse, asumir nuevas responsabilidades y crecer lejos de quienes más quieren.
“Los sacrificios valen la pena cuando se cumple aquello por lo que trabajamos. Y también hay que disfrutar y aprender al máximo durante esa etapa de la vida”, expresa Abiel Hernández.
Para muchos estudiantes foráneos, las vacaciones son abrazos pendientes, videollamadas, oportunidades de trabajo y reencuentros con las personas que más extrañan; y al mismo tiempo un recordatorio de que, con el paso del tiempo, el hogar puede dejar de ser un solo lugar para convertirse en todos aquellos espacios donde uno aprende a crecer y sentirse parte.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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