
Más que una forma tradicional de cultivar maíz, es un práctica agrícola en la que distintas especies conviven y se complementan
En una parcela de milpa, el maíz no crece solo. Entre sus plantas pueden encontrarse frijol, calabaza, chile, jitomate y otras especies que, dependiendo de la región, forman parte de un sistema agrícola construido a partir de la interacción entre diferentes cultivos.
La milpa es un policultivo cuyo principal cultivo es el maíz y que puede incluir a distintas variedades de frijol, calabazas, chiles, tomates y otras plantas. De acuerdo con la Comisión nacional para el conocimiento y uso de la biodiversidad (Conabio), su composición cambia según la región y también puede incorporar especies que crecen de manera natural, como los quelites.
Para Laura Karina Mares Ortega, docente del departamento de Educación y comunicación ambiental, la característica fundamental de la milpa está precisamente en esa convivencia entre especies que fueron aprovechadas por las comunidades. “Es un policultivo que incluye diferentes especies que de forma natural ya se daban entre sí, y que fueron domesticadas por el ser humano”.
Aunque existen diferentes formas de establecer una milpa, entre los cultivos que comúnmente la conforman se encuentran maíz, frijol, tomate, chile y calabaza. Esta diversidad contrasta con el monocultivo, donde una sola especie ocupa la parcela.
La diferencia entre ambos sistemas no está únicamente en el número de especies sembradas. En la milpa, los cultivos interactúan y pueden cumplir funciones complementarias dentro del agroecosistema.
“En el monocultivo solo se presenta el cultivo del maíz”, explica Mares Ortega. En contraste, dentro de la milpa, las diferentes plantas contribuyen al funcionamiento del sistema y a las condiciones en las que se desarrolla el cultivo.
Un ejemplo es el frijol. De acuerdo con información de la Conabio, cuando se cultiva junto al maíz, su asociación con bacterias del género Rhizobium permite la fijación de nitrógeno atmosférico; además, el tallo del maíz puede servir como soporte para el frijol trepador. La calabaza, por su parte, extiende sus hojas sobre el suelo, ayudando a limitar el crecimiento de otras plantas y a disminuir la evaporación de agua de la superficie.
La diversidad de plantas dentro de la milpa tiene consecuencias que van más allá de los alimentos que produce. La presencia de diferentes cultivos genera un espacio donde pueden coexistir otros organismos y formas de vida.
Para Mares Ortega, esta es otra diferencia importante frente a sistemas donde se utilizan productos químicos para controlar organismos considerados perjudiciales. “La milpa aporta muchos beneficios a la biodiversidad y a los ecosistemas por el hecho de convivir entre todas las plantas de forma asociativa”, señala.
La FAO (Food and Agriculture Organization) reconoce precisamente a los sistemas agrícolas tradicionales de México como espacios fundamentales para la agrobiodiversidad. En la milpa, la convivencia entre maíz, frijol, calabaza y otras especies forma parte de un sistema que conserva una diversidad de cultivos y conocimientos asociados con su manejo.
Esta importancia también ha sido reconocida a escala internacional. En 2022, la propia FAO reconoció a la milpa maya de la península de Yucatán como Sistema importante del patrimonio agrícola mundial, destacando su biodiversidad agrícola, sus conocimientos tradicionales, su cultura y su contribución a la seguridad alimentaria y la resiliencia de las comunidades.
La milpa no representa únicamente una manera de producir alimentos; su valor también está relacionado con la diversidad de cultivos que llegan a la alimentación y con los conocimientos que se han transmitido alrededor de su manejo.
El avance de sistemas agrícolas basados en un solo cultivo plantea nuevos desafíos para la conservación de esta diversidad. La FAO y el Programa de la ONU para el medio ambiente han señalado que el análisis de los sistemas maíz-milpa en México permite observar beneficios que van más allá de la producción agrícola, entre ellos la conservación de la biodiversidad, así como dimensiones sociales y culturales.
Entender la milpa significa reconocer que las especies que la integran no están ahí de manera aislada: forman parte de un sistema en el que cada elemento puede contribuir al funcionamiento del conjunto.
Así, frente a un campo donde únicamente permanece el maíz, la milpa plantea otra forma de entender la agricultura: una en la que producir alimentos también significa conservar diversidad, aprovechar las relaciones entre especies y mantener conocimientos que han acompañado al campo mexicano durante generaciones.
La pregunta entonces no es únicamente cuánto maíz puede producir una parcela, sino qué otras formas de vida, alimentos, conocimientos y relaciones con el suelo pueden conservarse cuando el maíz no está solo.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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