Educación sin barreras

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La Preparatoria 3, entre otros centros de la Universidad de Guadalajara, promueve la inclusión de los jóvenes con alguna discapacidad, con la intención de ofrecerles una oportunidad de realizar sus estudios de educación media superior. Este plantel celebró el pasado miércoles la graduación de la generación 2012-T conformada por 226 alumnos del Bachillerato General por Áreas Interdisciplinarias (BGAI), que incluye a once personas sordas.

“Mira, todo lo que hemos hecho vale la pena con el simple hecho de ver la sonrisa de esa señora”, dice el cura Ricardo Lomelí al momento en que entre los padres y alumnos reunidos en un auditorio del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, aparece María de Jesús Molina Holgado. La sonrisa recorre las mejillas de la señora y los ojos se le achican cuando ve al padre, quien le dice: “¡Mujer, felicidades pues!”. María de Jesús da un par de pasos un tanto apresurados hasta encontrarse en los brazos del sacerdote y casi le grita, efusiva: “Ay padre, acá estoy y estoy muy emocionada”.

Su hija, María de Jesús Hinojosa Holgado, es una de los once estudiantes con discapacidad auditiva que el pasado miércoles 4 de febrero se graduaron del BGAI de la Preparatoria 3. La madre relata sentir un gran alivio: “Estuvo bien difícil para que mi hija estudiara la prepa, desde la gestión previa y durante todo el proceso, pero con el apoyo de su hermana, el mío, el de la intérprete, lo logramos, bendito sea Dios”.

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El director Carlos Eusebio Márquez Villarreal, en la ceremonia se congratuló del grupo especial que egresa de la preparatoria, que “representa el ánimo, la virtud, el talento de quienes han enfrentado la vida distinto. Que hoy quieren ser mejores”. Resaltó que en el calendario escolar vigente 2015-A, dos alumnos ciegos estudian en el plantel el Bachillerato General por Competencias, mientras que un grupo de diez jóvenes sordos ingresaron recientemente al BGAI.

“Buscamos cumplir el compromiso social de la Universidad de Guadalajara, que estos jóvenes puedan tener las mismas oportunidades para seguir creciendo. Nuestro reto es brindarles educación de calidad a nuestros alumnos con discapacidad, por ello nos estamos formando para poder entender sus necesidades, tomando en cuenta que debemos tratarlos igual que al resto de los alumnos”.

En este sentido, el Rector General de la Universidad de Guadalajara, Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla, ha mencionado en diversas entrevistas que se ofrecerán becas para los estudiantes sordos de la Preparatoria 7 y se valorará una opción de licenciatura. Una de las intenciones es brindarles apoyos económicos para evitar la deserción escolar.

“La Universidad de Guadalajara está viendo la discapacidad no sólo en quienes la tienen, sino para que se informe, se concientice y se sepa cómo responder ante ella, porque la discapacidad no es un problema individual, involucra a todos como sociedad”, considera Rodolfo Torres Gutiérrez, quien se ocupa de defender los derechos humanos y la inclusión de las personas sordas.

Rodolfo Torres trabaja en Educación Incluyente, A.C., organismo que en los últimos años se ha esforzado por incluir en el bachillerato a personas con discapacidad auditiva y ha logrado que en preparatorias de la UdeG, como la número 7, actualmente estudien 25 jóvenes sordos. La asociación ha gestionado la inclusión y distintos apoyos en beneficio de estas personas con la Rectoría General de la UdeG.

“Hemos estado en comunicación muy cercana con el Rector General y su equipo en la búsqueda de que la Universidad reconozca la figura del intérprete profesional en lengua de señas mexicana, lo cual es muy importante para nosotros porque al reconocerla se estará dando garantía a la educación bilingüe bicultural, un modelo educativo que busca el encuentro y la unión del español y la lengua de señas mexicana en el mismo espacio de aprendizaje”.

Una práctica no muy alejada de esta realidad ya se vive en las aulas de la Preparatoria 7, donde alumnos oyentes y sordos son acompañados por un profesor oyente y un intérprete (La gaceta 717), aunque, comenta Rodolfo Torres, “en México aún no existen escuelas consolidadas, todavía estamos con la idea de escuelas especiales con grupos aparte”.

Una de las estrategias que ya se lleva a cabo es la implementación de diversos talleres que sirvan para sensibilizar e informar a la comunidad universitaria sobre la discapacidad, la inclusión y la convivencia con las personas con discapacidad. Esto ayuda a eliminar estereotipos y consolidar un modelo social.

Rodolfo Torres comenta: “Estamos muy conscientes de que no podemos trabajar sólo por la causa sorda. Cuando hablas de inclusión requerimos hablar de personas ciegas, de personas en silla de ruedas, de personas de talla baja. La discapacidad como tal no puede ser vista como un solo grupo”. El objetivo es no ver con miedo, rechazo o burlas a estas personas que fisiológicamente viven de manera distinta.

Por ello también se realizan de manera colegiada talleres para profesores, tutores y trabajadores administrativos para que tengan las herramientas necesarias para identificar “ajustes razonables, es decir, que la persona con discapacidad pueda desenvolverse sin problema”. Por ejemplo, si su discapacidad es visual, que el docente utilice recursos como audios o materiales en braille.

“A veces nos da miedo convivir con alguien con discapacidad porque no sabemos qué decirle o cómo acercarnos. Por eso los talleres son teórico prácticos; sí hay una parte académica, pero también se incluye la cuestión vivencial. Para hablar de discapacidad necesitamos que la gente se ponga en los zapatos del otro”.

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Cuando Bryan Lezama Silva se pone de pie para recibir su reconocimiento por el segundo mejor promedio de la generación 2015-T de la Preparatoria 3, un puñado de personas comienzan a aplaudir, otras levantan las manos con los dedos extendidos y las mueven en el aire a manera de reguiletes.

Bryan camina a la mesa donde están las autoridades universitarias, quienes le hacen una seña con la mano como símbolo de agradecimiento y felicitación. Pues él también es sordo.

A Bryan no le cabe la sonrisa en su joven rostro de 19 años, levanta el pulgar y el meñique de la mano derecha y lo agita en el viento celebrando. Los reguiletes de manos y dedos se hacen más y centellean arriba de los asistentes.

Bryan escucha poco, sobre su oreja izquierda lleva un aparato de sordera, me dicen que alcanza a percibir sonidos y que eso le ha ayudado a hablar poco. Mira fijamente, pegados al pecho lleva sus reconocimientos, los muestra y comienza a hablar pausadamente. La voz se le quiebra por la emoción: “Estoy muy feliz porque ya terminé la prepa, porque también están aquí mis compañeros. Todos estamos muy contentos, tengo a mis amigos, a mis compañeros para seguir. Mi familia ahora está feliz”.

Además de estos once chicos, de este plantel hace dos años egresó otro grupo de 16 estudiantes sordos y recientemente inició sus estudios de preparatoria en modalidad mixta otro grupo de diez. Por ello, el BGAI representa una oportunidad para aquellas personas que por diversos motivos no pudieron continuar con el bachillerato, explica Yesenia Guadalupe Ochoa Virgen, coordinadora del BGAI en la Preparatoria 3.

“Estos jóvenes tienen de 16 a 20 años. Por medio de la traductora, la señora Rosy, tomaron las clases en un aula en el Templo San Juan de los Lagos, con el padre Ricardo Lomelí. Una de las cosas que nos dicen los papás es que no hay muchas oportunidades para ellos. Somos una sociedad que marginamos a minorías, y las pocas oportunidades que tienen son muy costosas o no las más adecuadas”, comentó la docente.

La meta para este año, a decir de Rodolfo Torres, es fortalecer el modelo de atención en la Universidad hacia personas sordas y ciegas. “Nos da mucho orgullo y alegría que en esta administración se tome en cuenta este tema como algo prioritario”.

Luis Emanuel Ocampo Luna, otro de los alumnos con discapacidad auditiva recién egresados, a través de su madre relata que haber estudiado la preparatoria significó una oportunidad de superación: “Nos dieron la oportunidad de admitirnos, apoyarnos y sentirnos incluidos. Aunque aún no sé qué estudiar, creo que podría ser Fotografía”.

En el mismo sentido Brenda Montoya Covarrubias dice que también quiere estudiar, que por ahora está muy contenta por haber logrado la preparatoria y que espera poder continuar en Terapia física. Rebeca Rentería Díaz, por su parte, quiere estudiar Química. El Padre Ricardo Lomelí, que los ha acompañado durante todo el camino, considera que ellos necesitan apoyo: “Ahora veremos si podemos encontrar intérpretes porque tenemos pocos. Haremos todo lo posible porque haya oportunidades, porque yo veo que sí se puede y si ellos quieren estudiar una licenciatura, lo harán”.

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