miércoles, mayo 20, 2026
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“Detrás de la corona: aulas, aprendizajes y tacones”

Estudiantes del CUValles participan en certámenes de belleza, donde más allá del glamour, aprenden a valorarse a sí mismas

A Jennifer Celeste Ramos Rivas, estudiante de la licenciatura en Psicología, todavía le dolía la rodilla cuando subió al escenario.

Semanas antes del certamen Reina del carnaval de Ameca 2024, sufrió un accidente en motocicleta junto a su mamá, mientras se dirigían a un ensayo. La caída le dejó una lesión grave, perdió parte de la piel y el hueso quedó expuesto. Durante un mes estuvo en reposo, en tanto los doctores dudaban si alcanzaría a recuperarse para la fecha del concurso. Sin embargo, la noche del certamen ahí estuvo, tratando de sonreír mientras el dolor seguía presente debajo del vestido

“Después del accidente dejé de pensar tanto en ganar”, recuerda. “Sólo quería demostrarme que sí podía hacerlo”.

Al igual que ella, otras estudiantes del Centro Universitario de los Valles (CUValles) han vivido los certámenes de belleza lejos del glamour que suele verse desde afuera. Detrás de las coronas hubo tareas universitarias, nervios antes de exponer en clase, críticas en redes sociales, ensayos interminables y actividades para recaudar dinero.

Jennifer antes de entrar a la universidad nunca había participado en algo relacionado con el modelaje o concursos. Apenas terminaba su primer semestre cuando decidió entrar al certamen. Aunque desde niña admiraba los vestidos típicos, inspirados en la cultura mexicana, jamás imaginó verse arriba de un escenario. “Yo soy muy vergonzosa. Incluso, exponer en clase me pone nerviosa”, cuenta.

Participar le implicó salir completamente de su zona de confort; además de la universidad, tuvo que organizar rifas y vender diversos productos para cubrir algunos gastos del concurso. Una de las escenas que más recuerda ocurrió dentro del propio CUValles, cuando su abuelita preparó decenas de gelatinas de mosaico para vender entre estudiantes y profesores. “Me daba muchísima pena acercarme a la gente, pero cuando vi que se acabaron todas, fue una satisfacción muy bonita”.

Regina Dinora Martínez Robles, estudiante de la licenciatura en Contabilidad, participante y actual Reina del carnaval de Amatitán, tuvo emociones parecidas. Para ella, la presión no solamente estaba en el escenario, sino en todo lo que lo rodeaba.

“Cuando piensas en una reina, imaginas a una mujer segura de sí misma, capaz de caminar en tacones de 15 centímetros frente a miles de personas. Y sí, sí es así. Pero detrás de todo eso hay mucho esfuerzo y muchas cosas difíciles que la gente no ve”, confiesa.

Habla de comentarios sobre el peso, el color de piel o la apariencia física; críticas que, muchas veces, asegura, no son constructivas. También recuerda jornadas agotadoras entre ensayos, actividades diversas y clases universitarias, que prácticamente no dejaban tiempo para descansar. “Había días en los que sentía que ya no podía más”, admite.

Sin embargo, asegura que la experiencia también transformó la forma de verse a sí misma. “Después de vivir algo así, ninguna vuelve a ser la misma. Caminas con más seguridad y aprendes, y en adelante las opiniones no te afectan igual”.

Regina también encontró una luz en las competencias: el compañerismo. Lejos de la rivalidad que muchos imaginan en estos certámenes, dice que entre las participantes surgen amistades y apoyo mutuo. Recuerda noches en las que bailó con sus compañeras, rieron y olvidaron por un momento las expectativas que existían sobre ellas.

“Creo que ahí entendí que lo más bonito no era la corona, ni el escenario, sino los recuerdos y las personas que conocimos”, dice.

Para Yolanda Jacziry Ravelero Solís, estudiante de la licenciatura en Nutrición; además de artista, futbolista de Copa Jalisco y medallista universitaria en atletismo como velocista, el reto fue distinto: aprender a sentirse parte de un espacio donde creía que no encajaba y enfrentar criterios de evaluación cuestionables. “Por mi físico atlético creía que no tenía cabida en ese lugar”, explica.

Nunca soñó con pasarelas, ni con portar una corona. Pero decidió participar y descubrió que detrás de los concursos también existen cuestionamientos sobre los estándares de belleza, los valores y lo que significa “verse” como una reina. “A veces sólo se basan en lo superficial, fuera de lo que realmente te define como persona”.

Jacziry explica que, al ser neurodivergente, los momentos de tensión podrían convertirse en una cadena interminable de pensamientos. Aun así, decidió mantenerse fiel a sí misma. Al escuchar su historia queda claro que, más allá de una corona o un resultado a favor o no, lo que realmente permanece es la manera en que una persona enfrenta la adversidad. En su caso, la empatía, la madurez y la firmeza con la que habla de su experiencia evidencian que tienen mucho más peso que cualquier reconocimiento en cualquier escenario.

Aunque las historias son distintas, las tres jóvenes coinciden: lo más difícil no fue caminar en tacones, ni posar frente a las cámaras, sino aprender a sostenerse en lo emocional mientras intentaban cumplir con la universidad, los ensayos, las expectativas sociales y sus propios miedos. Entre coronas, maquillaje, tareas y nervios descubrieron algo que no aparece en las fotografías del certamen, sino en una versión distinta de ellas mismas.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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