De Tijuana a Jalisco, un encuentro cultural y de tradiciones

Egresado del CUCEA y originario de la ciudad fronteriza, Ricardo Puebla aprovechó los recursos que la universidad y nuestro estado le ofrecieron para crear un espacio en que la nostalgia se mezcla con las culturas locales de diferentes partes de México

Un viaje de conciencias

Durante las vacaciones del verano pasado tuve la oportunidad de viajar a Tijuana, Baja California. Uno de los objetivos de regresar a la ciudad fronteriza fue volver a encontrar sabores, texturas y experiencias gastronómicas que  ofrece la segunda ciudad más poblada de México.

Entre el humo de tacos nocturnos, barras de cerveceras locales, restaurantes de mariscos con propuestas frescas y un clima digno de una vacación, encontré a Ricardo Puebla Bernal, originario de la ciudad fronteriza, quien se dedica a la degustación de café, repostería y destilados.  

Durante la conversación coincidimos sobre algunas formas de maridar comida con bebida y en sus anécdotas algo me sonaba familiar, quizá la forma en cómo apreciaba los destilados, o quizás en específico, su manera natural de fluir en la plática. Así caí en cuenta de que hablaba “jalisquillo”, no en tono, pero sí usando formas culturales, relativas de lo tradicional y lo local del estado de Jalisco.

Todo tomó sentido cuando me contó su historia, explicándome que mientras cursaba la Licenciatura en Negocios Internacionales, en la Universidad Autónoma de Baja California, se postuló en programas de intercambio y fue aceptado en la Licenciatura homónima del CUCEA, especializándose en el área de Finanzas Bursátiles. Su estancia en Guadalajara se extendió de 6 meses a 2 años hasta concluir sus estudios en la Universidad de Guadalajara.

Entre sonrisas, hubo un momento en que Ricardo se detuvo recordando con calidez su paso por la metrópoli tapatía, agradecido con su tía quien lo recibió en la ciudad, así como con sus compañeros y compañeras de CUCEA quienes le mostraron el amor universitario, las costumbres de la comunidad jalisciense y sensaciones familiares que lo acercaron a lo tradicional y local de la entidad.

Después de su estadía y recién egresado, regresó esperanzado a Tijuana de encontrar un espacio laboral seguro.

Ser un local y entender la tradición

“Cuando eres recién egresado tienes ideas diferentes, porque no te has dado de golpes con la vida profesional” comenta Ricardo sobre sus primeras experiencias laborales formales al volver a la ciudad fronteriza. Su entrada al corporativismo y las experiencias injustas lo llevaron a desertar de este ámbito laboral en el que no encontró paz.  

Después de emprender con pequeñas empresas en su localidad, buscó la conceptualización de un proyecto que lo apasionara y que le permitiera poner en práctica algunos enfoques de mercado, lo que le llevó a encontrar una formula funcional que conjuna la autenticidad de las comunidades locales, la historia, la cultura tradicional y lo único de las costumbres ancestrales mexicanas.

“Comencé a recordar cuando visité Mazamitla, llegué al centro, pregunté por comida local y las direcciones de la gente me fueron llevando a una fonda donde encontré un plato que no conocía: “El bote”, un caldo de res con base de pulque y no de agua. Observando el cocido de res humeante, desde la cocina de la señora, entendí lo importante que es promover la cultura para que ésta no muera”, comentó orgulloso.

Este producto de la zona serreña de Jalisco fue un ejemplo y parteaguas para entender la magia que rodea la tradición, la costumbre, lo emblemático y lo comunitario de cualquier cultura, en este caso la mexicana.

De la nostalgia y tradición a la profesionalización del producto

Tras saborear la nostalgia y fusionarla con uno de sus gustos personales: los destilados, como bacanora, tequila, mezcal, sotol o raicilla, inició a promover el cuidado de una planta ancestral, el maguey, utilizada para producir algunas de estas bebidas tradicionales.

Fue así como en el camino Ricardo fue fortaleciendo sus objetivos para posicionarse como promotor y embajador de la cultura mexicana, buscando oportunidades de capacitación que le permitieran profesionalizarse y así crear un espacio que fomentara las tradiciones ancestrales para la preservación cultural y la degustación responsable.

Hoy, en un solo edificio, una destilera, una cocina y un café, espacio que comparte con su esposa, convergen la nostalgia del México que cada uno lleva en el corazón y el apoyo al productor local en cada detalle de su servicio, promoviendo en todo momento el lema de: “Es posible aprender de la cultura por medio de alimentos y bebidas”.

“Hay muchas personas que viven aquí o en EUA, son de todas partes de la República Mexicana. Llegan a este lugar por la nostalgia de aquí se venden varios productos de su tierra, productos que difícilmente van a encontrar en otro lado o regresando a sus raíces”.

Tras conocer esta historia, los procesos fueron llamando mi atención por las formas de evaluar y trabajar con valores tradicionales locales y la correcta encapsulación de la nostalgia cultural en productos o servicios, permitiendo apreciarlas para promover su conservación. 

Ese camino necesita de una correcta certificación para una manipulación adecuada y mantener un control de calidad que favorezca al respeto ancestral, el cuidado de la comercialización y la preservación.  

Ricardo tiene un cariño notable por la Universidad de Guadalajara, agradece mucho la experiencia y de él emana un orgullo especial después de su paso por Jalisco. Sentimientos que se enfocaron en el valor genuino de promover la cultura mexicana desde Tijuana, “la puerta de Latinoamérica”   

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