De la Calzada para allá

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Esta es la ruta: Javier Mina-Juárez-Vallarta, 11 kilómetros de distancia desde Tetlán hasta la Minerva. Es un día de concesión para la igualdad: es domingo. La Calzada Independencia sigue siendo una frontera, pero hoy se cruza con naturalidad de oriente a poniente. El resto de la semana Guadalajara está segregada. De un lado está la opulencia y del otro las colonias que viven al margen.
Comienza la “vía recreactiva” en Tetlán, lugar histórico porque en el siglo XVI ahí censaron a las 63 familias que finalmente fundarían Guadalajara, como describe Silvia Linet, del Consejo de cronistas de la ciudad de Guadalajara.
En Tetlán resalta el rostro cansado de la señora Anita Limón, quien viene desde San Juan de Dios, donde hizo su mandado. Apenas hace un año aprendió a usar la bicicleta para poder llevar a sus hijas a la escuela. Vive cerca del Parque de la Solidaridad (inaugurado con gran pompa por Salinas de Gortari) y describe su colonia entre risas honestas: “hay muchas piedras y tierra”. Al cruzar por la “vía recreactiva” prueba las delicias de pedalear sobre pavimento. Sólo una vez llegó hasta Los Cubos, en el poniente de la ciudad.
Anita sigue su camino y se despide del pavimento. Mientras otros se suman a la mancha de ciclistas. En el rumbo de Tetlán todavía las personas viven sobre las avenidas como ocurre en Javier Mina. Casa tras casa y de repente un local se suma a la imagen de esta postal.
De repente emerge el jardín Javier Mina en la colonia La Aurora, donde se estacionan los ciclistas hambrientos. Un tamal para calmar el hambre. Hasta cien tamales vende cada domingo la señora María de los íngeles de 79 años. ¿Por qué se fue a vivir allá esta mujer? Responde rápidamente que en aquellos años estaba barato el terreno.
Valente ívila arregla bicicletas sobre la avenida. Él es vecino de la colonia Lagos de Oriente. Vive ahí desde hace más de 40 años. Vive ahí porque el lote se lo vendieron a cinco mil pesos de aquel tiempo y en abonos. Poco a poco fincó y se quedó en aquel lugar donde ya nacieron sus nietos. ¿Le gusta su colonia? Valente está sentado en un banco pequeño y habla: “A mí me toco fundarla; ni se me hace fea ni se me hace bonita, yo vivo ahí en paz”.
Hay un joven que dice cruzar la “vía recreactiva” de Tetlán hasta la Minerva, es José Jaime Orozco, vive en la colonia Harón Joaquín, estudia derecho y los domingos le gusta circular en su bicicleta cromada. En su baika resalta el letrero de “se vende” por un precio de 7,000 pesos porque tiene alarma, sonido y luces.
Él cruza sin complejos la Calzada. Lo hace con un halo de arrogancia cuando pasa entre las demás bicicletas. Se sabe diferente y lo pavonea. Al cruzar observa cómo la ciudad cambia hacia el poniente con los árboles y eso es lo que pide para su colonia. Él pertenece a la “banda Swim” jóvenes que decoran y arreglan bicicletas lowraide. Todos ellos viven en Tonalá, pero los domingos cruzan Vallarta sin dificultad, sin policías que los “basculien”. Son 40 jóvenes, de ésos sólo 5 llevan sonido en su bicicleta, como la de José. Sus bicicletas están bajitas pero desde esa altura se creen más que los otros.
Es el oriente, los chiquillos corren en los juegos recién estrenados del Parque San Jacinto que está en “recuperación”, de la placa ya se cayeron algunas letras. En las canchas de básquetbol y futbol juegan jóvenes, de sus camisas interiores sobresalen los músculos tatuados.
El parque San Jacinto queda atrás. Frente a la plaza 18 de Marzo se ve “Cash, casa de empeño”, lugar para llevar unas joyas o un estéreo a cambio de dinero. En este espacio estuvo el penal de Oblatos. La penal la derrumbaron después de la fuga de los integrantes de la Liga 23 de Septiembre. Ahora sobre una plaza descarapelada está la estatua de Lázaro Cárdenas.
La cronista Silvia Linet ve cómo el oriente de la ciudad se ve distinto “ve este monumento de esta plaza, ¿qué le ves de bonito? En cambio, ve a ver de la Calzada para allá donde está la escultura de “La Estampida”, de Jorge de la Peña, que la quitaron del barrio de San Juan de Dios porque ahí no lucía y la dejaron en un lugar donde no admiras el monumento porque pasas en carro y lo único que ves son las colas de los caballos (ubicada en Niños Héroes y López Mateos). Mientras que en la Calzada para acá sean distintos los servicios y monumentos, siempre va a seguir esa cicatriz que es la Calzada”.
Detrás de Lázaro Cárdenas está un mural que quedó inconcluso. Trazado con blanco y negro, se ven las imágenes de hombres vestidos con pantalones bombachos tipo pachuco, que tienen en el rostro una lágrima y llevan maquillaje de payasos.
En esa plaza están los pubertos ligando. Las niñas de esa colonia saben lo que les gusta de vivir ahí: “los morros”, esos chamacos que ven hacer piruetas con las bicicletas y las patinetas. Ellas observan y los adolescentes se lucen. “El caballo”, como lo apodan sus amigos, ve tras unos lentes oscuros de estilo ochentero. Detiene con una cadena un pitbull. Ni estudia ni trabaja. Es el líder de la palomilla de Tetlán, que encuentra espacio en la Plaza 18 de Marzo.
Sigue el recorrido por la “vía recreactiva”. Los ciclistas pasan la zona comercial de Obregón. Es apenas la mitad del recorrido y la Calzada Independencia se distingue por su aroma a caño.
La avenida que ahora se llama Javier Mina antes se llamaba Olas Altas.
Suenan las campanadas del templo de San Juan de Dios. Son llamadas a misa que los ciclistas ignoran. Todos bajan de la bicicleta y cruzan el puente de la Calzada Independencia a pie. Silvia Linet aprovecha este punto para narrar el origen de la segregación social de Guadalajara: “desde que se fundó la ciudad había gente que se enfermaba, la gente rica se iba a México, ¿pero a dónde se iban los pobres? Viendo esa necesidad, el cabildo dijo que los indios tenían irse de la Calzada para allá, del otro lado de la ciudad. Entonces fue cuando al señor Zaldívar le dieron la primera concesión de un molino de trigo y ellos fundaron el hospitalito, porque no querían a los enfermos en el centro de la ciudad”.
Poco a poco la gente se enteró de ese hospitalito, llegaron más personas y así nació el barrio de San Juan de Dios con gente pobre. “Si la esposa del enfermo se quedaba sin dinero ¿qué hacía? se prostituía. Y los hombres que venían con la esposa enferma, ¿qué buscaban? una prostituta. ¿Qué buscaba el hombre para desahogar su tristeza? una cantina”, de esta forma poco a poco la zona enraizó lo que décadas más tarde la distinguiría. La delincuencia se originó, cuenta Silvia Linet, “porque los hombres que venían al comercio se ponían bravos y tenían fama de malandrines, la calle de Industria se le conocía como la calle del Alacrán porque traían puñales”. Siempre va a ver “de la Calzada para allá (oriente) de la Calzada para acá (poniente)”.
El cardenal Garibi Rivera en los cincuenta acuñó la frase “El orden conduce a Dios y el desorden a San Juan de Dios”. La Calzada Independencia es el punto sin retorno. Silvia Linet describe: “desde que se fundó Guadalajara, la gente rica siempre vivió en el poniente ¿Para dónde están los grandes hoteles o las buenas colonias? De la Calzada para acá, porque para allá están las colonias populosas”.
En el oriente de la ciudad se vende jugo de naranja a 10 pesos el litro. Los puestos con tacos al vapor, de canasta y de barbacoa son una tentación para que los ciclistas abandonen el pedaleo y disfruten de los placeres callejeros. En el poniente, en cambio, los desayunos se ofrecen en restaurantes con terraza o en los Sanborn´s. En uno de ellos está Daniel Monraz, piloto aviador, es un ciclista que vive en Parque de las Castañeda, cerca de la Plaza Galerías. Recorre con su familia ocho kilómetros ¿Alguna vez ha llegado hasta Tetlán? Sólo tres veces de sus constantes recorridos. “Obviamente esta zona es mucho más bonita; aquella zona es muy comercialona, esta parte de acá luce más”.
Las casas lujosas ubicadas por la avenida Vallarta históricamente fueron para los ricos. Durante el porfiriato esas viviendas eran los chalets de los acaudalados. Al poniente se edificaba con opulencia.
Está por terminarse la ruta de la “vía recreativa” Mina-Juárez-Vallarta. Ahí pedalea la maestra Leonora Ascon, quien vive en Solares. Viste un pants nike azul y responde “¿Ha bajado hasta Tetlán? No, sólo a San Juan de Dios. ¿Por qué no ha bajado hasta allá? no aguantamos tanto”.
Día de descanso. En oriente o poniente las mamás son iguales. En un punto algunas irán con ropa deportiva de marca y del otro con licras del tianguis, pero las dos lanzan regaños sin temor: “Que te pongas quieto”, “Cuidado. No se pasen los altos. Los van a atropellaaar”. En oriente unos pedalean en bicicletas que usan pasa su chamba, en poniente otros usan la bicicleta que compraron para pedalear sólo los domingos. Por unas horas este día la ciudad se cohesiona. El viento pega en la cara por igual a todos los tapatíos.
No hay trabajo ni segregación social. A las dos en punto cada quien regresa a su lugar de origen. Nada de mezclas utópicas. La Guadalajara dividida de oriente y poniente vuelve a ser la misma que era desde su fundación.

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