El director Darren Aronofsky encontró la chispa creativa en un viaje que hizo durante la prepa: de países de Medio Oriente llegó al norte de África y en Marrakesh, Marruecos, en el mercado de la plaza Jemaa el-Fna, vio a un anciano rodeado de gente, entre encantadores de serpientes, videntes y puestos de comida.
“Éste narraba historias y yo vi a la gente a su alrededor: no le entendía a lo que decía, pero podía sentirlo y este fue un momento seminal, la semilla de lo que yo sería: un contador de historias”, contó.
El cineasta, creador de películas como El cisne negro, Requiem for a dream y Mother!, entre otras, reflexionó sobre su proceso creativo y la búsqueda del lenguaje cinematográfico que cada historia exige.
Contó que en sus años escolares empezó a estudiar y trabajar arduamente: hubo malas calificaciones, muchas fiestas, pero, lo más importante, comenzó a ayudarle a un amigo a hacer sus películas y, a la par, también empezó a dibujar.
Dijo que muchos directores siguen diferentes caminos, algunos al decir las cosas con palabras, otros con el montaje, otros más con la visión o lo audiovisual. Para él, es contar la historia a pesar de los límites.
“Yo he tenido límites por todos lados: cada vez que trato de hacer algo fuera de lo normal se atraviesa el límite económico, y hay que resolver con esas limitantes. Lo más importante de ir a la universidad fue conocer a mucha gente: a mi camarógrafo y productor, con quienes he hecho varias películas y, hay que decirlo, conocí a gente con dinero para producir”, relató.
Los inicios fueron duros: hacer un guión y filmarlo era caro, no sabía cómo financiar, y entonces volvió a dibujar.
“El primer guión, le digo a los estudiantes, es un proceso de aprendizaje, y hay algo importante: una lección respecto a fracasar y volver y hacerlo de una manera diferente”, aconsejó.
Compartió que la película Pi decidieron hacerla en blanco y negro porque no tenían dinero para controlar el color.
“Fuimos cuidadosos y costó más dinero revelarla a blanco y negro que a color y, aunque logramos estilizarla, lo más importante es contar historias en un mundo con guerras, como estamos ahora”, dijo.
Aunque busca historias con grandes personajes, Aronofsky confesó que, contrario a lo que la gente piensa, sus sets no son muy impresionantes.
“En verdad somos muy tranquilos y serios a la hora de hacer el trabajo, no estamos jugando, pero nos relajamos al hacer una película para perder la rigidez en los horarios apretados. Y más porque hay presión, trabajo arduo, es un desafío”, explicó.
Más que hacer películas con personajes límites, busca buenas historias.
“Creo que nunca me interesaron las historias tradicionales de Hollywood: aquellas donde los personajes buscan obtener lo material, el amor, y ser felices. Me interesa la psicología de los personajes, cuestión que no se ha considerado mucho en el cine norteamericano y sí en el internacional. Lo que veo es la búsqueda eterna de la grandeza en una forma, como en El luchador, que trata de recuperar la fama que perdió, o Black swan, que en el ballet busca la perfección”.
Y, hablando de los actores, dijo que el sentido del humor es importante en cada película.
“Me gusta seleccionar a los actores que se burlan de sí mismos, que juegan, son juguetones, ahora puedo seleccionarlos, antes trabajaba con los que podía contratar”, dijo.
Para el director lo más importante es la honestidad y pasión en lo que hace: “palpar” esa pasión. “Sobre todo para superar los ‘no’ que te van a decir cientos o miles personas en todas las formas posibles y tienes que confiar mucho en ti”.









