martes, septiembre 1, 2026
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Cocodrilos en Bahía de Banderas: una crisis de convivencia con la naturaleza

El avance de los desarrollos urbanos y turísticos fragmenta y reduce cada vez más el hábitat de estos reptiles, cuya población, por su parte, va en continuo aumento. Esto hace inevitable un contacto cada vez más estrecho entre la especie y los humanos, lo que provoca accidentes y represalias, en un conflicto para el que aún no se han planteado soluciones integrales

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Los pescadores encontraron una hembra de cocodrilo aún con vida flotando en el mar. Era la número ocho. Medía 2.72 metros. Tenía una herida arriba de un ojo: la atacaron, al parecer, con arpón o varilla. En la playa la examinaron, expulsaba agua de la nariz. Se ahogó. Ya no pudo con el daño que le hicieron.

Este es el relato del biólogo Paulino Ponce Campos, tras el hallazgo del cadáver de un reptil en Playa Bocanegra, Puerto Vallarta, el pasado 10 de agosto. El maestro en ciencias por el CUCBA, investiga, desde 1990, los ataques de cocodrilos a personas en México y Bahía de Banderas. Además del comportamiento de los reptiles.

La Semarnat actualmente está investigando las muertes de cocodrilos –que, según los medios locales, ascienden a 13, aunque Paulino Ponce está verificando cada caso– localizados en canales, playas y mar. La aparición de cadáveres de reptiles ocurrió tras otra tragedia. El pasado 26 de junio se registró la primera muerte de una persona en la bahía por el ataque de un cocodrilo. Ocurrió en la playa de un hotel, cerca de la Marina Vallarta, mientras la víctima tomaba fotografías.

El fallecimiento desencadenó las represalias contra los cocodrilos y, de acuerdo con el doctor en Ciencias en biosistemática, manejo de recursos naturales y agropecuarios del CUCosta, Ricardo Adrián Ojeda Adame, ambas situaciones se enmarcan en una crisis de convivencia de las personas con la naturaleza.

“La crisis es un reflejo de cómo nos relacionamos con la naturaleza con una visión más urbana; todo lo queremos más aséptico, sin naturaleza, sin mosquitos, con aire acondicionado, sin maleza. Creo que esta crisis es de convivencia con la naturaleza”.

Foto: Ricardo Ojeda

Un hábitat forrado de concreto

En Bahía de Banderas hay una población de entre 250 y 300 cocodrilos, de acuerdo con el investigador del CUCosta, Helios Hernández Hurtado. A estos animales se les ve con más frecuencia en las playas cerca de la zona norte de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas.

Hace más de 50 años éste era un extenso sistema estuarino, donde convergían agua salada y dulce, y cuya vegetación predominante era el mangle. Ejemplos de los sistemas estuarinos son el estero El Salado, Boca Negra, Boca de Tomates, Laguna El Quelele, El Chino. Hoy, esos sistemas se comparten con la marina de Vallarta, el aeropuerto, campos de golf, zonas hoteleras y habitacionales. 

“Las lagunas, esteros y ríos cada vez son menos, se fragmentan cediendo el hábitat a casas y desarrollos turísticos. Entonces, el cocodrilo se va quedando sin espacio y es más común la interacción”, explicó Ricardo Adrián Ojeda Adame.

Un diagnóstico de Bartolo Cruz Romero y otros autores, evidencia el avance del crecimiento urbano y de servicios turísticos en la zona. Esto, desde la década de los años 70 cuando se construyó la rada portuaria de Puerto Vallarta, que afectó al estero El Salado.

Además, señalan que en la misma década, cuando arrancó el desarrollo con fines turísticos de Nuevo Vallarta, se amplió el pueblo de Jarretaderas sobre los terrenos aledaños a la Laguna El Quelele, lo que redujo la conexión natural y fragmentó los esteros Boca Negra y Boca de Tomates.

El sector ha acelerado el crecimiento de la población en la región y ha intensificado la presión sobre los ecosistemas de manglar a medida que crece la demanda de uso de suelo, para el desarrollo de infraestructura urbana y turística”, precisa el diagnóstico.

Estrangular en territorio incrementa ataques

En un artículo sobre ataques de cocodrilo de río, el investigador del CUCosta, Fabio Germán Cupul Magaña, indica que el avance del cerco urbano ha provocado que algunos hábitats naturales para los cocodrilos se vean reducidos o impactados.

“Lo que incrementa las posibilidades de que las personas y los reptiles entren en contacto y se generen situaciones de conflicto o ataques”, plantea el estudio.

El especialista Ojeda Adame, quien también encabeza el proyecto de divulgación en redes sociales “Camarada cocodrilo”, explicó que cuando los cocodrilos rompen sus redes de pescadores, matan ganado o provocan heridas o muertes de personas se desatan represalias contra ellos

“Casi siempre van a matar a los cocodrilos como una forma de intentar controlar el problema; es lo que sabemos”.

De acuerdo con los datos compilados por el biólogo Paulino Ponce Campos desde 1990 hasta la actualidad, en México se han verificado 469 incidentes de ataque o daño directo a humanos.

Un ataque o daño directo es cuando el cocodrilo mordió a una persona, es decir, cuando le entró un colmillo y le salió sangre, o le hizo un rozón y hay sangre; para mí, eso ya es un caso. Siempre y cuando no sea provocado”, explicó Ponce Campos, también director de la asociación civil Bosque tropical.

En ese universo de estudio, en México hay un promedio aproximado de 12.7 mordeduras por año. Quintana Roo reporta 82 casos, Jalisco 66 y Oaxaca 65. En la región de la Bahía de Banderas se reportan 41 incidentes en más de tres décadas.

Del total de registros, se contabilizan 61 fallecimientos en este periodo que representan una persona fallecida cada dos años, a nivel nacional. 

Se han registrado 15 ataques en el mar en los últimos diez años en México, porque las poblaciones se están recuperando, eso es una realidad”, puntualizó Ponce Campos.

Y con cada fallecimiento de una persona se transforma la convivencia con la especie. 

“Cuando muere una persona, la situación se pone tensa y matan animales en México, también en Latinoamérica y en Asia. Es algo triste”, expresó el experto en cocodrilos.

Foto: Paulino Ponce

¿Pugna entre especies o conflicto de intereses?

Para Ojeda Adame uno de los aspectos más relevantes del conflicto humano-cocodrilo es que no es una pugna entre ambas especies, sino un conflicto de intereses.

“Está centrado entre los que queremos conservar a los cocodrilos en México y los que no. ¿Cómo mitigar este conflicto? Primero, conociendo los puntos de vista. ¿Por qué la gente no quiere cocodrilos en Puerto Vallarta? Son preguntas básicas y no sabemos las respuestas”.

Como biólogo especializado en cocodrilos, planteó que algunas situaciones de violencia hacia la especie podrían evitarse con más información. Sin embargo, los expertos desconocen cuál es la percepción del problema entre la población.

Ojeda Adame ha recogido versiones sobre la presencia de los cocodrilos entre pobladores de la costa jalisciense. Entre los comentarios que recibió, algunos fueron “No son de la región”, “Aquí no había, los trajeron los biólogos o empresarios”, “Se escaparon y se reprodujeron”.

“Esto es muy común, porque la gente así se explica el fenómeno: cuentan que de niños no veían cocodrilos, y ahora sí”, dice el experto.

Desde la ciencia, afirmó Ojeda Adame, hay una respuesta a la versión popular: en los años 40 los cocodrilos estuvieron al borde de la extinción con la exportación de pieles. A partir de acciones de conservación se fueron recuperando, pero hasta los años 80 y 90 no era común verlos. Actualmente, las poblaciones siguen creciendo.

“Para mitigar el conflicto y negociar con los opositores, necesitamos conocer su visión y ceder un poco, así como ellos también tendrían que ceder para entender el problema”.

Una de estas acciones son los estudios de percepción para entender las interacciones.

“En términos de cocodrilos, es una dimensión que no se estudia mucho, al menos no formalmente”. 

Foto: Paulino Ponce

¿La naturaleza está en el desarrollo turístico?

De acuerdo con Ojeda Adame, los cocodrilos son animales que necesitan moverse entre los esteros; pero cada vez encuentran más problemas en El Salado, en Bocanegra, en Marina Vallarta, espacios reducidos o que están aislados por grandes hoteles.

“Antes podían caminar libremente. Pero ahora el problema es que hay una casa en el medio, un hotel o yates que le impiden el camino. El cocodrilo ya no puede moverse sin tener un encuentro con las personas”. 

Así lo confirma el trabajo de campo del biólogo Paulino Ponce. “En el último año ha habido más movimiento de cocodrilos cerca del campo de golf en Puerto Vallarta. Hasta ahorita no ha pasado nada, por fortuna”.

Para evitar los encuentros con los animales, Ponce se acerca con los restauranteros para que adviertan a sus clientes y tengan cuidado. Incluso, cuando observa cocodrilos y ve que hay personas en el delta o la boca del río Ameca, donde salen los animales, le pide a la gente que se mueva. 

“Es una estrategia, es muy cansado, pero parece que está funcionando”.

Para Ojeda Adame, el crecimiento urbano y turístico deja una pregunta abierta: “En este desarrollo, ¿estamos contemplando a la naturaleza y a los cocodrilos?”.

Fotos: Ricardo Ojeda

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