Internet es un mundo de información, OSINT ayuda a protegerla.

Prevenir el hackeo de datos personales y privados, y evitar el fraude cibernético y el robo de información, es transcendental para el internauta y, para lograrlo, existen muchas estrategias de seguridad que pueden empoderarlo, una de ellas es la mencionada técnica OSINT.

“La Inteligencia de Fuentes Abiertas, conocida como OSINT, consiste en la recopilación y el análisis de datos públicos en entornos digitales para transformarlos en conocimiento estratégico. No se trata de una intrusión, sino de búsquedas metodológicas de la información pública disponible en Internet”, explica Jaime Olmos de la Cruz, jefe de la Unidad de Ciberseguridad, de la Coordinación General de Tecnologías de la Administración (CGTA), de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Agrega que utilizarlas requiere un proceso sistemático: “Primero se ejecuta la fase de obtención, localizando registros mediante consultas avanzadas en motores de búsqueda como Google, redes sociales, registros oficiales y metadatos de archivos, por ejemplo, imágenes. Tras esta captura, los datos dispersos se estructuran y se depuran para descartar duplicados. Finalmente, la etapa de análisis conecta los elementos aislados; un ejemplo común es la vinculación de una imagen tomada por un celular con las coordenadas geográficas explícitas de donde se tomó”.

La técnica OSINT funciona para saber cuánta y en dónde hay información privada que pudiera estar vulnerable a los ataques y al robo.

Asimismo, añade que esta metodología cumple una doble función según el contexto de uso: “En la ciberseguridad defensiva, actúa como un examen de la huella digital propia, permitiendo identificar qué datos sensibles permanecen expuestos para corregir la vulnerabilidad antes de que sea aprovechada de forma externa. Por el contrario, en el ámbito de la ciberdelincuencia, los atacantes emplean este rastreo previo para perfilar objetivos y diseñar maniobras de ingeniería social dirigidas con precisión”.

Con respecto a la dificultad de utilizar las técnicas OSINT, Olmos de la Cruz puntualiza que el acceso inicial es directo y no requiere infraestructura especial: “Cualquier usuario con conexión a la red puede aplicar comandos avanzados de filtrado en motores de búsqueda tradicionales como Google Dorks o examinar registros públicos en plataformas digitales. En contraste, el análisis avanzado requiere la implementación de herramientas de recolección automatizada. Debido a que los métodos iniciales son accesibles, los actores maliciosos suelen desarrollar procesos automatizados para procesar estos datos abiertos y, por ejemplo, estructurar perfiles de usuarios universitarios a gran escala”.

Explica que después de utilizar las técnicas OSINT, si se identifica qué información personal y privada puede estar expuesta públicamente, se debe aplicar una postura de defensa en profundidad basada en cuatro reglas:

  1. El primer paso consiste en reducir la superficie de exposición (Sanitización) mediante la remoción de datos sensibles en plataformas públicas, tales como números telefónicos, ubicaciones frecuentes, direcciones de correo particulares o imágenes de documentos oficiales.
  2. Posteriormente, es necesario ajustar las opciones de privacidad en redes sociales para restringir el acceso a círculos de contactos verificados.
  3. Para asegurar las identidades digitales, la activación del segundo factor de autenticación (MFA) en cuentas institucionales y financieras añade una barrera de seguridad indispensable; este mecanismo impide el acceso no autorizado incluso si las credenciales han sido conocidas mediante técnicas de rastreo.
  4. Por último, la gestión de accesos debe excluir la reutilización de claves o contraseñas, siendo recomendable el empleo de herramientas de almacenamiento cifrado para administrar contraseñas diferenciadas y de alta complejidad.
OSINT suma a la protección de los centros de datos.

Ante estos escenarios, reitera que desde la CGTA, a través de su Unidad de Ciberseguridad, se protege a la comunidad universitaria mediante acciones organizadas en tres líneas de operación: la prevención, la supervisión técnica y la respuesta institucional a incidentes.

Añade: “Para reducir riesgos en el entorno digital, se trabaja en campañas enfocadas en hábitos de higiene digital y en la detección de fraudes como el phishing. De forma paralela, el equipo técnico examina la infraestructura de la UdeG; el objetivo es identificar fallos de seguridad expuestos en la red pública y contener las amenazas cibernéticas antes de que interrumpan el desarrollo de las actividades universitarias».

Cuando se presenta un incidente que compromete cuentas institucionales, explica, la Unidad de Ciberseguridad junto con otras unidades de la CGTA proporcionan soporte técnico directo a las dependencias afectadas para restablecer los accesos legítimos y mitigar la filtración de datos de manera oportuna.

Jaime Olmos agrega que cuando se detecta o se sospecha de un problema de ciberseguridad, actuar con rapidez es necesario para mitigar el impacto en los usuarios y sistemas. En estas situaciones, se debe evitar cualquier tipo de interacción o negociación con el atacante.

En todos los ámbitos debe encontrarse el área de ciberseguridad para cuidar la información.

“La comunidad de la UdeG dispone de vías institucionales para canalizar estos reportes según la naturaleza del evento. La atención de incidencias generales como la suplantación de identidad (phishing) o software malicioso se gestiona mediante la Mesa de Servicio de la CGTA, ya sea escribiendo a servicedesk.cgta@udg.mx o llamando al teléfono 33 3134-2221, extensión 12221. Si el caso constituye una emergencia directa para el área de ciberseguridad, el canal habilitado es el correo soc@udg.mx. Por último, ante afectaciones físicas en los equipos de cómputo del campus, se recomienda acudir de inmediato con el personal de la Coordinación de Tecnologías local del Centro o Dependencia universitaria, para realizar el aislamiento del dispositivo de la red universitaria y resolver el incidente”, finaliza.

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