jueves, octubre 8, 2026
jueves 8, octubre, 2026

Basura espacial, un problema más cercano de lo que parece

Los restos obsoletos de satélites artificiales, cohetes y otras herramientas se han convertido en una problemática ambiental, de seguridad y tecnológica, tanto para el espacio como para la tierra, y puede complicar además la exploración y la observación astronómicas

Especial

A inicios de agosto de este año un objeto extraño se acercó demasiado a la luna. Aunque ocurrió a miles de kilómetros de la Tierra, millones de ojos voltearon a ver lo que parecían diminutas piezas no identificadas, pero que en realidad eran los pesados restos de un cohete, que incluso logró hacer un cráter en la superficie lunar. 

Al igual de lo que ocurre con la tierra y el agua, el ser humano encontró la manera de contaminar el espacio exterior. Afuera del planeta se han acumulado desechos o basura espacial producto de los restos de cohetes, satélites y demás dispositivos obsoletos que encontraron en la atmósfera un lugar para ser olvidados.

Alejandro Márquez Lugo, astrofísico del Instituto de astronomía y meteorología (IAM) de la UdeG, detalló que se puede considerar basura espacial a cualquier objeto artificial que se encuentra en el espacio o está ingresando a la atmósfera y que no cumple con ninguna función en específico.

“En realidad, la basura espacial es un abanico muy grande; desde un tornillo o herramienta que se le escapa a un astronauta, hasta las etapas de un cohete que es disparado al espacio; o incluso un satélite que ha hecho su función durante años, deja de funcionar y se queda allá arriba”, explicó.

Sin embargo, la basura espacial no sólo es un problema ambiental, representa también un problema económico, científico, tecnológico, e incluso político. Una crisis que además no tiene responsabilidades claras: ni las industrias ni los países se hacen cargo de esto.

Y no se trata, como indica el astrofísico, de algo estético, como imaginar a la Tierra rodeada de desechos metálicos. Las consecuencias son reales y están más cerca de lo que aparentan. Éstas pueden ir desde afectaciones a la navegación, la vigilancia meteorológica o la observación astronómica, hasta limitar las oportunidades de explorar otros mundos o de enfrentarse a asteroides que representen un riesgo para el planeta.

“La basura espacial es un fenómeno totalmente sin control. Cada misión que se lanza deja restos y, entonces, como siempre hemos hecho, tiramos la basura y no nos preocupamos de ella hasta que comienza a ser un problema”, subrayó Márquez Lugo.

Fotografía: Adriana González

Ficciones que se parecen a la realidad

A finales del siglo pasado, en 1999, cuando los ojos del mundo apuntaban hacia un nuevo milenio lleno de modernidad y progreso, el dibujante de manga, o mangaka, Makoto Yukimura, imaginaba un universo muy parecido al escenario actual.

En las páginas de su manga Planetes (プラネテス), Yukimura describe un universo situado en el año 2075 en el que los viajes estelares son algo cotidiano y las industrias detrás de estos vuelos operan con un complejo sistema; sin embargo, estos viajes también son propensos a sufrir daños causados por basura espacial que colisiona con las naves que trasladan a miles de turistas espaciales.

La historia de este manga, que luego tuvo su versión animada en 2003, sigue las aventuras de Hachirota Hoshino, un trabajador espacial que sueña con tener su propia nave; y de Ai Tanabe, una joven entusiasta del espacio exterior, quienes, con una peculiar tripulación, trabajan en la sección de desechos espaciales retirando los restos de satélites, cohetes y todo tipo de basura que interfiera con naves y otros dispositivos funcionales.

Aunque Planetes es una historia de ficción de hace más de 20 años, en realidad es muy cercana a las circunstancias que ocurren en 2026 con la basura espacial. 

Uno de los principales problemas de esta basura, explicó Márquez Lugo, no es tanto su tamaño, sino la velocidad a la que se desplaza y los riesgos que ocurrirían donde llegue a impactar.

El especialista afirmó que en la órbita terrestre baja los desechos espaciales pueden desplazarse a velocidades cercanas a los 28 mil kilómetros por hora; y un objeto, aunque sea muy pequeño, puede liberar una cantidad considerable de energía si colisiona con otro.

“Actualmente, muchos satélites tienen que esquivar la basura espacial, y para hacerlo necesitan gastar combustible y los controladores deben estar al pendiente de dónde está cada desecho. Eso requiere mucho dinero para tener monitoreada la basura y requiere que se gaste mucha energía para mover los satélites”, alertó el especialista del IAM.

En Planetes, la colisión de una nave con basura en 2068 atrae la atención de la gente de la Tierra hacia la presencia de estos desechos y obliga a las agencias espaciales a considerar el manejo, recolección y disposición de la basura espacial como una profesión más para evitar más accidentes.

Esta visión futurista, sin embargo, “es un peligro para las misiones espaciales. Ya ha habido casos en los que los astronautas de la Estación espacial internacional tienen que resguardarse en cápsulas mientras pasa el peligro de algún desecho que se mueve cerca de la estación”, dijo Márquez Lugo.

Fotografía: Adriana González

Una reacción en cadena

Cuando un objeto espacial que se desplaza a varios kilómetros por hora colisiona con otro puede fragmentarse y dividirse en muchas partes que, a su vez, tienen el potencial de impactar más áreas en el espacio y no siempre son detectadas a tiempo, llegando a inutilizar satélites u otros dispositivos espaciales.

Pero el problema no se queda en el espacio exterior, sino que algunos de esos fragmentos y desechos pueden ingresar a la atmósfera terrestre, precipitándose a velocidades extremas hasta impactar en tierra firme o en el océano.

El astrofísico recordó el caso de la empresa SpaceX, cuyos restos de misiones espaciales han caído en regiones como el Golfo de México, y aunque aún no se registran impactos directos en personas, sí se ha restringido el espacio aéreo para evitar colisiones y accidentes cuando se sabe que los desechos caerán en determinadas áreas.

“Hay algunos pocos casos de impactos contra propiedad privada, pero sí es un problema para las rutas marítimas y aéreas. Por ahora no es tan grave, pero conforme se multipliquen los desechos y pasen a ser miles de veces al año, va a ser un problema grande”, advirtió.

Además, añadió, existe una situación poco estudiada pero con potencial para convertirse en un problema si no se encuentra solución: muchos de los dispositivos espaciales, al desintegrarse, dejan restos que se vaporizan y liberan a la atmósfera elementos como aluminio, litio, titanio, cobre y otros que pueden formar partículas que se van acumulando y podrían generar reacciones que alteren el funcionamiento de la atmósfera.

Fotografía: Cortesía

¿De quién es la basura?

En agosto pasado un fragmento de un cohete de la empresa SpaceX colisionó accidentalmente contra la luna. Aunque el impacto no representó un riesgo para la Tierra, sí fue una oportunidad para estudiar las condiciones del suelo lunar en el que impactaron los desechos.

A pesar de que los científicos aprovecharon las circunstancias, en la Tierra los desechos de SpaceX han creado afectaciones en zonas como el Golfo de México, donde activistas denuncian que esa basura espacial ha contaminado playas en Tamaulipas y afectado a la biodiversidad y a las comunidades costeras.

Ante esta situación, organizaciones civiles han alertado de la caída de los desechos espaciales en territorio mexicano y cómo esto pone en riesgo fauna como tortugas o delfines, que pueden ingerir los materiales o sufrir daños por la toxicidad de los restos.

“Quien tendría que asumir la responsabilidad es quien contamina y quien obtiene los beneficios. Con la basura espacial los beneficios están privatizados, principalmente por grandes compañías, pero el costo es para la sociedad. La compañía saca las ganancias y a final de cuentas la sociedad, por medio de impuestos y el gobierno, son quienes terminan pagando el desastre que crean estas compañías al ganar dinero”, dijo el astrofísico.

Aunque “recoger” la basura en el espacio sería una solución menos compleja ante la caída de los desechos, existen complicaciones jurídicas para el retiro de los artefactos debido a que éstos pertenecen al país que los tiene registrados, y recolectarlos sin autorización, aunque estén obsoletos, podría representar una acción hostil o una amenaza a la soberanía y seguridad de las naciones involucradas.

Fotografía: Cortesía

Sin una solución clara

En agosto pasado un fragmento de un cohete de la empresa SpaceX colisionó accidentalmente contra la luna. Aunque el impacto no representó un riesgo para la Tierra, sí fue una oportunidad para estudiar las condiciones del suelo lunar en el que impactaron los desechos.

A pesar de que los científicos aprovecharon las circunstancias, en la Tierra los desechos de SpaceX han creado afectaciones en zonas como el Golfo de México, donde activistas denuncian que esa basura espacial ha contaminado playas en Tamaulipas y afectado a la biodiversidad y a las comunidades costeras.

Ante esta situación, organizaciones civiles han alertado de la caída de los desechos espaciales en territorio mexicano y cómo esto pone en riesgo fauna como tortugas o delfines, que pueden ingerir los materiales o sufrir daños por la toxicidad de los restos.

“Quien tendría que asumir la responsabilidad es quien contamina y quien obtiene los beneficios. Con la basura espacial los beneficios están privatizados, principalmente por grandes compañías, pero el costo es para la sociedad. La compañía saca las ganancias y a final de cuentas la sociedad, por medio de impuestos y el gobierno, son quienes terminan pagando el desastre que crean estas compañías al ganar dinero”, dijo el astrofísico.

Aunque “recoger” la basura en el espacio sería una solución menos compleja ante la caída de los desechos, existen complicaciones jurídicas para el retiro de los artefactos debido a que éstos pertenecen al país que los tiene registrados, y recolectarlos sin autorización, aunque estén obsoletos, podría representar una acción hostil o una amenaza a la soberanía y seguridad de las naciones involucradas.

MÁS NOTAS

Post Views: 67