Antiguo Hospital de Jesús: legado de Benito Juárez en su paso por Tepatitlán
Este inmueble con mucha historia y una relevancia social para la región de los Altos, se ha transformado en centro cultural y abrirá sus puertas a una diversidad de expresiones culturales para la sociedad alteña
Así como el coronel Aureliano Buendía recordaría, muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo, Benito Juárez haría lo propio en su lecho de muerte al rememorar su promesa de construir un hospital en Tepatitlán de Morelos cuando pasó por ahí en 1858.
Durante sus últimos días de vida, Juárez pidió al presidente entrante, Sebastián Lerdo de Tejada, hacer cumplir su palabra ante el grupo de liberales de Tepatitlán con quienes se había reunido en su paso hacia Guadalajara. Esta promesa se materializó en marzo de 1873, con la promulgación del paquete de Leyes de Reforma que incluían la llamada Ley de “Manos muertas”, la cual decretaba el traspaso de los bienes de la Iglesia católica al Estado.
Dicha ley sentaría las bases para la construcción del Antiguo Hospital de Jesús en el municipio alteño, aunque, según cronistas locales y archivos históricos, el mayor desarrollo en su etapa de construcción y ampliación fue posible gracias al apoyo económico de Agapina Romero y Bartolo Hernández, una pareja de comerciantes de gran influencia para el municipio, quienes también realizaron la donación del terreno para la ampliación del hospital, la cual sigue en un limbo legal.
Tras la subasta de tres terrenos derivada de la Ley de “Manos muertas”, el municipio obtuvo los recursos necesarios para iniciar las obras del hospital en 1890, así como el palacio municipal y una cárcel.
La vida, la gestión pública y el castigo se institucionalizaron en estas obras. Y con ello, se dio inicio a un espacio destinado a la salud pública que vio nacer durante décadas a casi la mayoría de la sociedad en Tepatitlán y de la región. Incluso, este lugar llegó a atender hasta 80 por ciento de la población de la región durante finales del siglo XX e inicios del XXl.
Es en esta particularidad en que yace la fuerza simbólica del inmueble, la cual condensa la cultura local con situaciones que subyacen en la cotidianidad y que se pueden resumir en dos frases simples, pero contundentes: “yo nací en ese hospital”, o “mi madre murió en este lugar”; dos consignas potentes que anclan el imaginario colectivo de su sociedad.
Luego de cerca de ocho años de abandono, el inmueble ha sido restaurado en conjunto por el municipio, el gobierno estatal y un patronato integrado por la iglesia local y empresarios, para transformarlo en el nuevo Centro cultural Antiguo Hospital de Jesús, un espacio público destinado a servir a la sociedad, que hereda el legado reformista de Juárez y de la pareja local de comerciantes.
Foto: Edgar Campechano
Un breve recorrido histórico
Documentos del archivo histórico de Tepatitlán y de la iglesia local refieren que alrededor del año 1600, cinco décadas después de la guerra del Mixtón (1542), los franciscanos sentaron las bases para establecer un hospital en un lugar que anteriormente se conocía como Tecpatitlán, que en náhuatl significa “Lugar entre piedras”. Un territorio poblado principalmente por cocas, tecuexes y caxcanes, según Marisol del Carmen Montejo, arqueóloga del INAH encargada de las excavaciones de Teocaltitán, en el actual municipio de Jalostotitlán.
La arqueóloga señala que estos pueblos originarios tuvieron fuertes vínculos con los pobladores de la antigua Tenochtitlan, ya que pueden observarse similitudes en aspectos como la arquitectura y dinámicas de rituales, como el sacrificio y el entretenimiento de las cabezas frente a las pirámides.
Si bien el primer edificio construido por los franciscanos recibió por nombre “Hospital de indios”, a finales del siglo XVlll dejó de funcionar, según señala Norberto Servín, cronista de Tepatitlán. Fue hasta 1880 que se dio inicio a la construcción del actual inmueble, que tuvo otrasdos etapas de remodelación.
La realización de la capilla central y los pabellones se dio en el año 1904 por parte del célebre y reconocido maestro alarife Martín Pozosy su familia, un albañil autodidacta que también desarrolló obras centrales en la identidad arquitectónica de la ciudad, como las torres de la parroquia de San Francisco de Asís y su particular cúpula, compuesta de cántaros de barro que dotan de una acústica particular al recinto.
Foto: Edgar Campechano
Poco antes del periodo revolucionario (1910-1920), el hospital fue entregado a las religiosas de la congregación de San Vicente de Paúl, pero fue abandonado a raíz del conflicto armado. En 1921 tomaron control del hospital un grupo de religiosas de la congregación de las Siervas de la Santísima Trinidad y los Pobres, originarias de Guadalajara, por invitación de Bartolo Hernández y Agapina Romero.
Según documentos del archivo de Tepatitlán y un número de la revista Patrimonio cultural del municipio, esta congregación, en conjunto con las donaciones de la sociedad, fue muy importante en los procesos de remodelación del antiguo hospital, así como para el abastecimiento de alimentos y medicamentos.
Durante la llamada Guerra Cristera (1926-1929) el hospital desempeñó un papel relevante en el conflicto entre el gobierno y la Iglesia católica, ya que éste no sólo daba atención a los heridos de ambos bandos, sino que fungía como un lugar de acuartelamiento. Inclusive, es probable que este inmueble haya servido como lugar estratégico para la movilización subterránea. Sobre todo en la llamada Batalla de Tepatitlán, el 29 de abril de 1929, una de las más sangrientas del conflicto y que tuvo lugar en este edificio y en sus inmediaciones.
A la fecha, existen en el imaginario colectivo y en la historia oral diversos relatos que hacen referencia a la red de túneles que utilizaban los cristeros para movilizar armas, personal y alimentos. Esta red de túneles, según los relatos orales, conectaban algunos puntos estratégicos como casonas, templos, colegios, así como el propio Hospital de Jesús. Estas teorías retomaron fuerza en 2014, cuando se encontró parte de un túnel durante las excavaciones de una casona demolida irregularmente, ubicada a unas cuadras del referido hospital y del palacio municipal.
Foto: Edgar Campechano
El edificio ha pasado por dos etapas de ampliación y/o remodelación, siendo la del año 1948 una de las más importantes, puesto que se anexaron los terrenos en los que se ubica la parte más moderna de la estructura. El hospital siguió sus funciones hasta 2017, y fue durante la administración de la alcaldesa María Elena De Anda (2018-2021) cuando el ayuntamiento realizó la solicitud al gobierno federal para retraer el inmueble al municipio.
Para 2021, durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, fue emitido elDictamen de trazo, usos y destinos específicos que señala quela finca es propiedad de la administración local, pero que el predio es propiedad de la federación, y que el gobierno local puede y debe administrarlo única y exclusivamente con la finalidad de que sea utilizado con fines culturales.
Ahora, tras cerca de ocho años en abandono, municipio, gobierno del estado y un patronato han llevado a cabo la elaboración de un proyecto de remodelación del hospital para convertirlo en el nuevo Centro cultural Antiguo Hospital de Jesús, un nombre que no es casualidad, al ser homónimo del primer hospital bajo la concepción colonial en el Continente Americano, ubicado en la calle 20 de Noviembre en la Ciudad de México yconstruido por órdenes del colonizador Hernán Cortés, lugar en el que descansan actualmente sus restos identificados en 1946.
Calcular y preservar el valor patrimonial
Los procesos de evaluación de este tipo de inmuebles pueden ser algo confusos y puede variar dependiendo de las metodologías que se utilicen. La investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y coordinadora del programa de la maestría en Gestión cultural del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), Adriana Ruiz Razura, ha trabajado en una metodología para evaluar este tipo de proyectos.
En conjunto con Armonía Borrego Gómez, adscrita al Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la UNAM, sede Morelia, están trabajando en un modelo para calcular el valor real de los inmuebles a partir de fórmulas operacionalizadas desde variables contextuales.
“Para poder aplicar esas fórmulas, primero tenemos que tener todo el contexto: el histórico, desde cuándo se fundó, cómo el hospital sirvió a la comunidad por tantos años. Durante la Guerra Cristera fue un punto importantísimo de apoyo. Entonces, todas esas variables las vamos estudiando y vamos viendo cuánto vale toda esa historia, ese valor social y político. Y ahora, qué va a pasar cuando lo cambiemos, cuando se cambie ahora a centro cultural. Porque también ahí tenemos que evaluar eso”.
Al tomar en cuenta estas variables es posible comprender mejor el valor patrimonial y evitar afectar el valor del edificio con su transformación a centro cultural.
Foto: Edgar Campechano
La similitud del diseño y distribución del Hospital de Jesús guarda relación con el antiguo Hospital de Belén, actualmente Hospital Civil Fray Antonio Alcalde. Al respecto, la investigadora de la UdeG señaló que es muy probable que Martín Pozos haya emulado el diseño del nosocomio de la capital jalisciense.
Por otra parte, la investigadora agrega que es posible ver en las bóvedas del hospital señales del estilo de construcción del afamado ingeniero civil jalisciense Antonio Arroniz Topete, quien construyera obras emblemáticas de Guadalajara como el exconvento de Santa Mónica (antigua Quinceava Zona Militar) que ahora alberga a la Secretaría de Cultura de Jalisco.
”Dicen que en la segunda etapa de remodelación del hospital, Arroniz fue el que hizo esa modificación. Él utilizaba unas cimbras que dejan como unos canalitos en las bóvedas. Entonces, se adjudica que eso es obra de él”.
Este inmueble está protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sede Jalisco. A decir del perito en conservación de este instituto, Ignacio Gómez Arreola, es posible hablar de una tipología de arquitectura hospitalaria en la época virreinal y postcolonial, la cual comprende una serie de rasgos muy particulares que fundamentan la relevancia del inmueble en términos de salud pública para la región de Los Altos, debido a que éste fue el único en la región durante varias décadas de los siglos XX y XXI.
“Esta tipología, como la del Antiguo Hospital Civil tiene una estructura arquitectónica en forma de panóptico. Esto significaque todos los salones confluyen en un punto central,que es el que tiene la cúpula, la cual es muy importante para este hospital. Este trazo, digamos, lo introduce Fray Antonio Alcalde. Es un diseño atípico, pero más funcional porque daba un mejor acceso a las áreas de enfermos, o a las personas que los atendían. Esto lo hace muy interesante, poco común. Eso le da un valor como patrimonio cultural arquitectónico”, apuntó el perito del INAH Jalisco.
Foto: Edgar Campechano
Atributos estéticos y arquitectónicos del inmueble
Un mural del artista tapatío Luis Eduardo González, titulado La Asunción de la Virgen María a los cielos, adorna la cúpula del oratorio de este hospital. En este mural, hecho en 1983, el artista buscó representar la ayuda que las religiosas daban a todas y todos los enfermos de la región, mientras que los rayos de luz representan la conexión divina entre el cielo y la tierra.
“También representé a las personas que son excluidas de estas atenciones o estos espacios. Hay una figura del Espíritu santo que representa la ayuda a los más desfavorecidos. Recuerdo que me dieron mucha libertad, pero la temática sí era referente a la función del hospital”, expresó el ganador del Premio Pincel en 2017, que actualmente cuenta con la exposición de su obra titulada Artífice de la luz, en el Museo de las Artes (Musa) de la UdeG.
En cuanto a la estructura del inmueble, el perito del INAH Jalisco, Gómez Arreola, comentó que el edificio está resuelto en lo que se llama la corriente estilística ecléctica. “Este tipo de arquitectura predominó a mediados del siglo XlX y principios del XX. Es la confluencia de varias tendencias arquitectónicas que hacen muy rica su composición arquitectónica, y esto lo hace muy interesante y valioso. El hecho de que sea planteado ahora un centro cultural, hace que el edificio siga viviendo y tenga una función social”.
Foto: Edgar Campechano
El cambio en el rol social
Al ser destinado el inmueble a un centro cultural por parte de la federación, su rol social y administrativo cambia en automático en términos legales.
Según Felipe Salazar Correa, exdirector de planeación del municipio, durante el periodo en el que se realizó el trámite de recuperación, el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indabin) realizó una serie de peritajes previos donde se revisaron algunos aspectos, como que ya no existiera práctica del culto, ya que al ser un inmueble público no puede haber este tipo de actividades. Otro aspecto relevante fue que estuviera registrado en el catastro federal.
Tras la revisión del peritaje y el proceso legal, fue delegado al municipio a través de una figura jurídica conocida como “Acuerdo de uso destino”, publicado en el Diario Oficial de la Federación bajo el acuerdoseriado DST-008/2022.
El exfuncionario dijo que esta figura legal determina que el espacio, al pertenecer a la federación y ser de carácter público, puede ser destinado al municipio única y exclusivamente si se respetan aspectos como el uso exclusivo destinado para un centro cultural. Otro aspecto es que la administración y gestión del espacio le corresponde exclusivamente a la administración municipal, que en el organigrama de la estructura administrativa, estaría destinada a la Dirección de Arte y Cultura del municipio.
Estas particularidades han sido tema de discusión en la agenda pública y social a nivel local, sobre todo tras la controversia que se ha generado luego de los rumores de una reactivación del culto en la capilla, así como la conformación del patronato para la recuperación del inmueble.
Al respecto, Pérez Salazar aseguró que “la figura legal de un uso destino que ostente el ayuntamiento no le permite al ayuntamiento tercerizar la administración del bien”. Además, aclaró que los aspectos relacionados a los fondos para la gestión del lugar deben ser manejados por el municipio, sobre todo si el elemento jurídico que da certeza legal es el de un “Acuerdo de uso destino”, lo cual es clave para la continuidad de su restauración.
En este sentido, la académica Ruiz Razura, también integrante de la Red latinoamericana de investigadores en arquitectura hospitalaria, especificó que “la cultura tiene que ver con lo religioso, con lo social, con lo histórico, con todas estas variables. No puedes sesgarla a algo totalmente religioso, aunque haya sido una población tan religiosa como fue Tepa, o como lo sigue siendo. Hay muchas aristas que hay que estudiar para poder tener una visión más clara y amplia del momento histórico en que se hacen las cosas”.
Por lo que, concluyó: “Necesitamos que quienes están en cultura, tengan las herramientas necesarias para poder resguardar el patrimonio de manera adecuada; que aprendamos entre todos qué es la administración, la planeación estratégica, procuración de fondos porque eso es lo que necesitamos, para poder abrir el panorama y hacer que la cultura no sea tratada por trienios. La cultura es todo. Es intemporal, literalmente”.